El blanco y el negro, la luna, el río, el verde, la tierra, el puñal, la sangre. Son elementos muy significativos y propios del maestro de la tragedia Federico García Lorca. Seguimos: la fecundidad de una tierra (una mujer) fértil, la destrucción, la muerte irrevocable, los impulsos imparables que nacen del ansia de venganza, el deseo sexual irrefrenable, la lucha de una consigo misma, la corona de azahar que pincha cual corona de espinas de penitencia, el río de la vida –que en este caso no es símbolo de pureza sino de infamia– y, por supuesto, la sangre, roja, signo de calor, vida y muerte, instintos desconocidos y, en definitiva, pasión. Sí, es Bodas de sangre. Llega Lorca y saca de las entrañas de sus personajes los sentimientos más puros y los instintos más salvajes, la esencia del ser humano simplificada a lo más inherente de la existencia, como el amor o la sexualidad, en una de sus mejores obras dramáticas.
Un montaje muy sutil y estético, en el que trasciende la idea del arte por el arte para darle significado a cada uno de los elementos que se incluyen en la representación dirigida por José Carlos Plaza y coproducida por el Centro Dramático Nacional y el Centro Andaluz de Teatro. Una puesta en escena sencilla, compuesta por unos paneles (enormes, eso sí) que representan unas tierras vastas y áridas, y algunas sillas; un vestuario correctamente confeccionado y que se adapta adecuadamente al ambiente del texto, con sus dos significativos colores, el blanco y el negro –y algún que otro marrón– ; el juego de luces consigue crear esa atmósfera lorquiana en la que no se sabe si el personaje está soñando o viviendo su vida real; la música en su justa medida (no se abusa del carácter folclórico de la obra), únicamente para acompañar los momentos más álgidos, las danzas o para las letras que incluyó el autor en el texto original. Si se pone atención se puede reconocer a Ana Belén, en la voz y en la canción de La Luna.
Más allá de estos elementos está, por supuesto, la interpretación de los actores, entre las que se puede destacar la de Consuelo Trujillo, como La madre, Luis Rallo, como El novio, Noemí Martínez, como La novia y la de Israel Frías, como Leonardo. La fuerza y la vehemencia de la tragedia se condensan en la puesta en escena de estos cuatro personajes que, a través de la fidelidad casi absoluta al texto original, hacen que el público se estremezca y sienta la pasión de la obra. Ha llegado otra vez la hora de la sangre.
Nombre del montaje: Bodas de sangre
Disciplina: Teatro
Director: José Carlos Plaza
Autor: Federico García Lorca
Dónde: Teatro María Guerrero
Dirección: Tamayo y Baus, 4
Hasta: 03.01.10
Horario: De martes a sábados a las 20.30 horas; domingos a las 19.30 horas
Precio: De 11 a 18€. Con descuentos.
