9 Enero, 2017. Por

Israel Elejalde

Una charla con el ‘capitán kamikaze’
Israel Elejalde

En septiembre del año que acaba de terminar, un teatro con mucha solera y acostumbrado a acoger obras de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el Teatro Pavón, se ponía en manos de unos kamikazes.

El número 9 de la calle Embajadores volvía a abrir el telón no solo para convertirse en un teatro vivo y de repertorio, sino para ser un espacio en movimiento, mutante, cambiando, abierto, que invite a la reflexión y al entretenimiento: El Pavón Teatro Kamikaze.

Desde entonces, han estrenado más de diez obras, han celebrado charlas y actividades relacionadas con la escena y han programado ciclos temáticos.

De estos meses, de los que están por venir y de las artes escénicas hablamos con Israel Elejalde, actor, director y socio junto a Miguel del Arco, Aitor Tejada y Jordi Buxó.

Notodo: Llamar “Kamikaze” a una productora y ahora a un teatro es toda una declaración de intenciones. Pero para ti, ¿qué es exactamente ser un kamikaze?
Israel Elejalde: Más allá de la propia sonoridad que tiene el nombre, que se busca para que quede en la memoria de las personas, también juega con dos cosas: cualquier actividad artística tiene que tener algo de kamikaze para desarrollarse; y después, en el país en el que vivimos, donde desgraciadamente dedicarse a la cultura en general no es que sea desde luego el mejor sitio donde conseguir ayudas y un caldo de cultivo propenso. Es una palabra que viene al pelo: hay que ser kamikaze para dedicarse a la cultura en general… y más en este país.

Hay que ser kamikaze para dedicarse a la cultura en general, y más en este país

NTD: El Pavón es un teatro con solera, con casi un siglo de historia, sede de la  Compañía Nacional de Teatro Clásico. ¿Es un privilegio, una responsabilidad o nada de eso?
Israel: Trabajar en un teatro es una responsabilidad muy grande, algo con lo que cuando empecé mi carrera de actor ni siquiera había soñado. También es una oportunidad: quedarse con un teatro de estas características no es fácil, en Madrid no hay tantos teatros así. Y sí, evidentemente también es una responsabilidad porque dedicarse al teatro e intentar hacer cosas que interesen al público siempre tiene que ver con el factor de la responsabilidad. La propia y la ajena. También hay algo sentimental para mí, no empecé pero inauguré ese teatro con la Compañía Nacional e hice muchísimas obras cuando trabajaba con la compañía. Ha sido una ‘vuelta a casa’.

NTD: Fuiste el encargado de abrir el telón del teatro con la dirección de Idiota, ahora estrenas La voz humana con Ana Wagener… Se te conoce más como actor que como director. ¿En qué papel te sientes más cómodo? ¿Es un proceso natural?
Israel: Hay algo de proceso natural. Principalmente soy actor y actuar es lo que realmente me llena. Estudié dirección a los 26, pero nunca ejercí porque mi carrera de actor me absorbió y no encontré la oportunidad hasta que hace unos años dirigí Sótano en La pensión de las pulgas. Me gusta el teatro en todas sus formas: la iluminación, la producción… Poco a poco, de alguna forma, voy ocupando pequeños espacios sin abandonar el principal, el escenario. Dirigir también es una forma de nutrirme como actor, dirigiendo a compañeros se aprende mucho. Se aprende de dramaturgia, de cómo contar una historia y a salir de esa cosa centrífuga que tiene el ser actor y preocuparse solo por uno mismo y ver el proceso teatral desde fuera, que es una comunión entre mucha gente. Cuando diriges es cuando más consciente eres de que el teatro es una maquinaria de muchos eslabones.

NTD: El tema de equipo es algo que se dice mucho del cine, pero del teatro suele olvidarse más, no se escucha tanto.
Israel: También es porque en los últimos años ha surgido un teatro diferente, muy ‘básico’ en lo técnico, centrado en la historia y los actores, donde hay otros factores muy importantes como iluminación, vestuario… que por la falta de dinero han quedado en un segundo plano. Pero hay una cuestión en las historias que tiene que ver con la estética, no con la propia emoción, que es igual de importante que en el cine. Eso en Kamikaze siempre lo hemos cuidado mucho y seguiremos haciéndolo. El teatro no solo son actores y directores, hay mucha más gente detrás fundamental para el resultado final.

El furor del teatro de cercanía ha hecho que se pierda la parte fundamental del teatro: la imaginación

NTD: Has hablado de los espacios, el Pavón tiene varios. ¿Qué opinas del binomio espacio–escenario? ¿Se puede adaptar cualquier obra a cualquier espacio?
Israel: Sí, siempre y cuando uno conciba un espectáculo para un espacio concreto. Esto se ha dado mucho en Madrid en los últimos diez años con espacios no-teatrales que han tenido mucho éxito. Ha habido una especie de furor por un teatro de cercanía, muy pegado a la realidad. Está muy bien, pero se ha perdido un poco la parte fundamental del teatro que tiene que ver con la imaginación, con la cuestión evocadora. No solo debe existir el teatro realista, sino otros tipos de teatro. Ahora mismo, por ejemplo, La Cocina, una obra con 26 actores en un espacio distinto, está siendo muy demandada por ese formato innovador. Volviendo a tu pregunta, sí, se puede hacer teatro en cualquier sitio sabiendo que se concibe especialmente para eso, sin que sufra el texto. Desde la calle hasta una obra para 4 personas en un baño.

NTD: La antítesis de esos formatos innovadores, por su esencia minimalista en lo escénico, sería vuestra famosa La función por hacer. Desde que habéis abierto las puertas del teatro, no para de venderse según presentáis fechas, es la primera de la compañía y cuenta con más de seis temporadas a sus espaldas.  ¿Qué tiene esta obra, convertida en pieza de culto, que en principio no es una pieza sencilla?
Israel: Cuando se convirtió en un éxito, en ese momento no se hacía ese tipo de teatro. Apenas existía el concepto de teatro off, fue el primer gran éxito de una pieza hecha en un espacio no convencional. Lo estrenamos en un garaje. Lo hacemos a 4 bandas, jugando con el público, había una cercanía no habitual… Después se abrieron espacios como La casa de la portera, La pensión de las pulgas, que surgen posteriormente, no digo que como una consecuencia directa pero sí seguramente por influencia. La gente no estaba acostumbrada a tener al actor a medio palmo llorando delante de él. También es una obra que reflexiona mucho sobre el propio acto teatral, tiene incluso un punto impúdico, disecciona lo que hace un actor a la vez que analiza el concepto de identidad. Un personaje no deja de ser una identidad que podemos tener cualquiera de nosotros en un momento dado y por eso nos sentimos reflejados.

Eso provocó una sorpresa que derivó en ese éxito. Hemos tenido la fortuna, o el trabajo, de poder mantener esa función fresca a pesar de haber pasado siete años. Se ha convertido en un clásico que se revisita o al que se recurre para ver en qué consiste esa obra de la que todo el mundo habla.

NTD: Para mí es un caso de estudio. Es curioso cómo llegáis a tantos tipos de público, no tan cercanos al teatro, que al final están viendo una obra que trata precisamente de teatro.
Israel: También es novedoso que una compañía pueda mantener un espectáculo durante siete años porque, desgraciadamente, es muy difícil mantener un elenco más o menos estable durante tanto tiempo. Nosotros hemos tenido la suerte de que nos ha ido bien con este trabajo y otros y eso nos ha permitido continuar con ello.

NTD: Volviendo un poco a cómo sois los kamikazes. Siempre hay alguien del equipo que presenta la obra, a pie de butacas, y al acabar la obra también se puede charlar con vosotros. ¿Crees que el público necesita que los que os dedicáis a las artes escénicas os bajéis un poco del pedestal?
Israel: Sí, lo creo. No es algo que hayamos inventado nosotros, sino que es algo que hemos sentido que el público lo demanda y lo agradece. En 20 años de profesión he notado que en los últimos se ha generado un público muy fiel, un nuevo público que quiere tener una relación más cercana y especial. El teatro no deja de ser un arte minoritario: solo caben unas 300 personas y hay una relación por su esencia muy de piel. Eso tiene que estar en el escenario, pero también fuera de él. El público quiere que seamos accesibles para un comentario, una crítica o un halago.

También lo hacemos porque estamos agradecidos y porque esa pedagogía de explicar cómo se hacen las cosas y quiénes estamos detrás es importante. Creo que es un acto diferenciador y necesario.

La función por hacer fue el primer gran éxito de una pieza hecha en un espacio no convencional

NTD: Hablamos de nuevos públicos y nuevas formas de interactuar. Los kamikazes también sois muy activos en las redes. Tú mismo estás en varias. Lógicamente no lo veis como una herramienta de promoción obligada…
Israel: No, obligada no, claro, es simplemente una nueva forma de comunicación. La publicidad es muy cara y las redes son muchísimo más accesibles. También tiene que ver con que te permite lo que comentábamos, una relación directa con ese espectador que puede manifestar su opinión o que de alguna manera le haces tener una relación individual contigo, no como a una masa. Sí, las redes son necesarias. De hecho, he conocido gente a través de las redes que luego se ha presentado en el teatro y hemos tenido una conversación. Hay a quien no le gusta, a mí me parece un acto natural, el mundo avanza y mientras que sea un acto de encuentro me parece perfecto.

NTD: Volviendo a la programación kamikaze. Después de La función por hacer, Misántropo, Veraneantes y Hamlet y lo que queda por venir… ¿Miguel del Arco y tú qué sois: amigos, compañeros de trabajo, familia…?
Israel: Pues un poco todo lo que has dicho. Miguel del Arco primero es amigo porque es como empezamos todo, es como mi hermano mayor. También es mi director, con el que he crecido en estos últimos años, tengo una confianza absoluta en él. Y ahora también somos socios en un negocio, somos un poco todo. Es una de esas personas fundamentales en mi vida, a todos los niveles.

NTD: Si tuviera que decirle a algo que no, ¿a qué sería?
Israel: ¿A Miguel? Ah, no, ya nos hemos dicho muchas veces que no. Ha habido momentos en que yo he querido hacer algo y él no me veía o al revés y ya está, sin problema. Una relación profesional tan intensa como tenemos no podría prolongarse en el tiempo si no hubiese esa confianza. Cuando Miguel y yo trabajamos juntos es porque nos apetece y consideramos que así debe ser. Esa es la única manera de seguir, aunque nunca es fácil decirle que no.

NTD: Acabáis de presentar un bloque temático Femenino plural, ¿va a ser una tendencia el aglutinar obras por temática o según lo vaya pidiendo el teatro?
Israel: No lo sé, ha sido una cuestión natural que surgió, es algo que teníamos en la cabeza porque lo que sí intentamos siempre es responder a lo que creemos que son las necesidades de la ciudadanía en cada momento y hablando de obras de mujeres vimos algo que tenía que ver con el feminismo, la posición de la mujer en la sociedad actual, que nos interesaba y así surgió el ciclo, en el que participo con La Voz Humana.

Dentro de unos meses presentaremos un bloque de danza, que de todas las disciplinas es desgraciadamente la peor tratada y nos apetecía mucho. Probablemente surjan más ciclos, pero ya veremos. Vamos un poco por impulso, vemos lo que está pasando y vamos generando los proyectos dejándonos llevar. No tenemos demasiadas cosas pensadas de antemano.

El trabajo de actor no es solo el que desarrolla detrás de una cámara: también hay que vender el producto

NTD: Un teatro vivo, entonces…
Israel: Es nuestra idea, no queremos cosas tan cerradas, va a haber sorpresas cada cierto tiempo y será una programación flexible. Ahora mismo está Idiota con La Noche de las Tríbadas. Puedes ver una a las 8, otra a las 10 y también habrá una conferencia a las 6 y un infantil a las 12 en fin de semana… Siempre respetando los espacios, nos gusta que sea: “a ver qué hay hoy en el Kamikaze”; entras en la página y consultas como un espectador activo pero a la vez no tienes tan claro todo lo que hay en programación, ya que puede que en dos semanas haya otra cosa diferente.

NTD: Lo comentabas antes, estrenáis en breve la primera obra infantil que combina teatro y animación para niños de a partir de 4 años, supongo que con motivo de las fechas navideñas. ¿Crees que el teatro es un hábito que se cultiva desde pequeño?
Israel: Creo que sí, si tus padres son teatreros y te llevan desde pequeño o adolescente y la cultura forma parte de las conversaciones normales de tu familia, es muy probable que tengas cierto interés por esas cosas que has visto hacer a tus padres.

Creo que es fundamental la educación familiar y también estatal, donde nos queda mucho por recorrer y si nos comparamos con Francia, Alemania o Inglaterra más aún. Aquí la educación y la cultura están muy separadas, cuando deberían estar muy relacionados. Fui hace poco a Francia a trabajar y me recibió una profesora que funcionaba como enlace entre educación y cultura. Su asignatura consistía en llevarles a actos culturales y después hacer análisis. No como algo aislado dentro de otra asignatura, como sucede aquí. De esa manera les das las armas y la costumbre de que consumir cultura es fundamental para la creación de su identidad.

NTD: Cambiando de tercio, hemos hablado de teatro, donde has sido Premio Ojo Crítico de teatro en 204. En cine has estado nominado al Goya como actor revelación  en 2015 por Magical Girl. ¿Qué opinas de los premios y de las alfombras rojas?
Israel: Soy poco de alfombras rojas y photocalls, tampoco lo critico. Cada uno es muy libre de hacer lo que quiera y también entiendo que es una forma de promoción. El trabajo de actor no es solo el que desarrolla detrás de una cámara, también tienes que vender el producto. Esta es una industria y el actor también tiene que sacar a la luz el producto.

De los premios… sí que puede parecer que esta profesión es la que tiene más actos de premios del universo, pero es un poco por lo mismo. Hay películas que nadie ve hasta que no le dan 2 o 3 Goyas, eso les permite una segunda vida porque al ganarlos los periódicos hablan de ellas…

Cuando diriges es cuando más consciente eres de que el teatro es una maquinaria de muchos eslabones

NTD: Una rueda de exposición al final.
Israel: Exactamente, son necesarios. Te los dan, pues mira qué bien. Dan prestigio pero también hay que saber tomárselo como un juego.

NTD: Nada de hacer como Dylan entonces.
Israel: Para hacer como Dylan hay que ser muy grande. Me encantaría poder hacerlo alguna vez, pero porque me parece divertido para hablarlo con los colegas. Te estás tomando una cerveza, te están llamando de los Nobel, pero que no te apetece, oye.

kami4

Israel Elejalde