23 diciembre, 2016. Por

El amor sigue en el aire

Matrimoniadas versión deluxe
El amor sigue en el aire

“Hablemos del amor una vez más…”. Cual canción de Raphael, unos Bibiana Fernández y Manuel Bandera comandados por Félix Sabroso vuelven a Madrid, concretamente a esos Cines Capitol convertidos en Teatro Capitol para la ocasión, a revisitar su espectáculo amoroso-musical El amor está en el aire. Pero ahora tienen visita, como reza el cartel: un par de invitados iconos pop e ídolos de la pequeña pantalla desde su reality para modernas, que son Alaska y Mario Vaquerizo en su estreno como intérpretes sobre las tablas. Y que confirma lo que uno ya podía barruntarse: que lo suyo no es el arte dramático. Nope.

El amor sigue en el aire se llama el cuerpo del delito: un espectáculo musical que sigue también teniendo más o menos el mismo arco argumental que su predecesor (cuadros de una pareja, de su enamoramiento y desvanecimiento mariposil, pero integrando ahora al hermano yogui del uno y a la extravagante amiga peluquera de la otra), más o menos las mismas canciones y más o menos gracia (porque hay que reconocer que de vez en cuando alguna sonrisilla uno acaba esbozando). El problema que flota en el aire en cuestión es que, si bien el espectáculo que se pudo ver en el Infanta Isabel no se iba a convertir en patrimonio inmaterial de la humanidad, sí que tenía al menos su elegancia y cierto rollo. Pero la elegancia se ha quedado de gira.

Porque (y mira que es harto complicado, teniendo en cuenta que es prácticamente el mismo espectáculo) parece que Félix Sabroso se haya transfigurado en José Luis Moreno convirtiendo el espectáculo por arte de birlibirloque en una de sus legendarias Matrimoniadas. Pero en versión deluxe, of course, para captar con sus cantos de sirena pseudo-hipster a un público desnortado.

amiro

En cuanto a estética, el decorado rollo Art Decó que tan bien les funcionó antes ha sido sustituido por un fondo de ventanas de colorinchis que chirría. Respecto al texto, la aparición de la nueva pareja ha dado rienda suelta a la bestia de los chistes fáciles. Y mira que no les tengo manía a los nuevos invitados (todo lo contrario con respecto a Olvido Gara, que es tirando a diosa) pero en qué momento se les ha ocurrido hacer aparición.

Gracias chuscas, sin ritmo y sin chispa, que se apagan antes de ser lanzadas. Uno tiene la sensación de que Alaska estaba preparándose para hacer una función de final de curso y de que Mario Vaquerizo (que no se puede gustar más a él mismo) está gastando una broma a los amiguetes. Y los momentos musicales para mear y no echar gota (¿dónde quedaron los tiempos de excesos urinarios de la Bom de la película de Almodóvar)?.

Que sí, que había gente que se reía y los acólitos de los protagonistas y fans vario del programa de Alaska y Mario venidos desde Torremocha de Jarama y alrededores estaban entusiasmados. Pero de verdad que no hay por dónde pillar este nuevo montaje, más allá de evidenciar su ejemplo de estratagema comercial para llenar salas o de gracieta entre colegas cool que una noche de fiesta dijeron: “Acércame tus manos y unidos en la sombra hablemos del amor una vez más”. Pero se lo tomaron al pie de la letra montando este El amor sigue en el aire.

El amor sigue en el aire