Enrique IV

Teatro Bellas Artes. Madrid

Hace unos días se estrenó en el Teatro Bellas Artes de Madrid la obra escrita por Pirandello en 1922 Enrique IV. Si Pirandello no fuera el genio caótico y caosano – por esas carambolas del destino, nació en Caos- que es, la primera pregunta sería Enrique IV de dónde, duda resuelta en los dos primeros minutos de la obra: de Alemania, aquel emperador olvidado enfrentado al papado. Pero la obra va mucho más allá de la construcción histórica que su nombre anuncia. No estamos en el S.XI, sino que ese personaje histórico caracterizado con apenas unos rasgos filtrados por los siglos, es una identidad en la que se encierra un perturbado. Pero, ¿acaso eso no es el mismo proceso que realizan los otros, los cuerdos, los que detentan la autoridad moral? ¿Acaso no haremos todos lo mismo disfrazándonos constantemente de lo que creemos que los otros piensan sobre nosotros? ¿No nos aprisionamos en una intuición de la identidad que nos atribuyen, que no será más que, en el mejor de los casos, dos prendas de un atrezo ridículo que nos ubica en la posición estable y segura de no ser nada? Y por si esta diatriba sobre la locura fuera poco, hay otra imagen presente, esa imagen que uno fue y ya no es más, pero que se va cargando para aquél que le dio origen de todos los momentos que él existió con ese aspecto; de sus sensaciones, de su pasado vivido o no, en cualquier caso incompartible, incomunicable, esa imagen que ya no existe sino en la memoria de nuestra retina, y que nos une con lo que fue y, sin ser, seguirá siempre siendo. 

De la mano de José Sancho, como protagonista y director, y con un montaje quizá poco elaborado –no nos dejemos emborrachar por el insano ritmo del autor- se ofrece al público madrileño hasta el día 4 de enero la posibilidad de dejarnos convencer, marear y, sobre todo, pensar, sumidos en la voz profunda y moderada de ese actor mayor, dicho sea esto como el mayor elogio que a un teatrero puede hacerse, de Pepe Sancho, que seguro nos hará olvidar los inquietantes vibratti juveniles de Fran Perea que aun retumban en la sala.

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