La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro, es una novela que permanece en el imaginario de muchos lectores, como la Rusca, ese cáncer con nombre de hurona, vive en el interior de Salvatore, el protagonista. Es la historia de un arisco y rudo hombre de un pueblo del sur de Italia, que en el ocaso de sus días va a Milán en contra de su voluntad para que le atiendan los médicos de la metrópoli mientras permanece en casa de su hijo, donde conocerá a su nieto. Un hecho que le removerá por dentro y redireccionará su sentido vital. Es una historia sencilla y directa, profundamente humana y emotiva, sobre una evolución en un momento en el que parece que ya todo está hecho. El espectáculo dirigido por José Carlos Plaza que recala estos días en el Teatro de la Latina de Madrid, y que vuelve a esta ciudad después de haber girado por varias otras de la geografía española, sigue manteniendo esa emotividad aun superando ciertos obstáculos. Uno de los principales, la traslación del papel a la escena de ese personaje fundamental que es Brunettino, el nieto de trece meses, una presencia que la adaptación de Juan Pablo Heras González se ve forzada a reducir, al ser imposible establecer de forma realista sobre las tablas. Aún así se mantiene la esencia de ese vínculo que se crea entre abuelo y nieto, y se comprende a la perfección la narración. De esta manera toma protagonismo la historia del amor ya maduro y más bien platónico entre el protagonista y Hortensia, interpretada por la gran Julieta Serrano, una mujer comprensiva y entregada que conoce a Salvatore en el momento justo de su vida. Aunque la modificación de su primer encuentro (en la novela se conocen porque ella acude a preocuparse por el niño solo e indefenso en su carrito mientras que aquí se conocen en un museo donde Salvatore despliega sus dotes de galán) varía tal vez la esencia del personaje con respecto al original. El resto de personajes eran allí y son aquí secundarios también, aunque ayuden al personaje principal en su humana evolución, y sufren pequeñas modificaciones y alteraciones en pro de la claridad de la adaptación teatral.
La puesta en escena de José Carlos Plaza, si profesional como siempre, también podría ser discutible. El abuso de ciertos elementos, como las proyecciones sobre las paredes de la habitación desnuda que nos ubican en uno u otro espacio (lo que hace innecesario un continuo movimiento de un sofá de un lado al otro del escenario), o la voz en off de Salvatore (líneas que en muchas ocasiones tendrían más fuerza en boca del propio Alterio), puede no convencer. Al igual que puede no convencer una irregular labor de los secundarios. Pero La sonrisa etrusca, en su esencia, Salvatore (o Bruno, el sobrenombre que escogió él mismo en sus tiempos de guerra como partisano). Y Héctor Alterio es él, sin duda alguna. Perfecto. El personaje para el actor y el actor para el personaje. Grande. Sólo por ver su maestría en el escenario merece la pena ver la función. Su naturalidad, la progresión del personaje desde la tosquedad al florecimiento de su sensibilidad, sus gestos, sus miradas, todo, hace a Bruno-Salvatore de carne y hueso y traspasa el escenario hasta llegar al patio de butacas. Es él el gran acierto de la función y lo que mantiene intacta la esencia de la novela de Sampedro. Lo que provoca esa fundamental y tierna sonrisa en el espectador, que acompaña a la de Salvatore, la cual a su vez emula a la de esos amantes sobre el féretro etrusco en la plenitud del cierre de su ciclo vital.
Nombre del montaje: La sonrisa etrusca
Disciplina: teatro contemporáneo
Director: José Carlos Plaza
Autor: José Luis Sampedro
Adaptación: Juan Pablo Heras González
Reparto: Héctor Alterio, Julieta Serrano, Nacho Castro, Israel Frías, Sonia Gómez Silva, Carlos Martínez Abarca, Cristina Arranz, Olga Rodríguez
Escenografía e iluminación: Francisco Leal
Vestuario: Ana Rodrigo
Visuales: Rocío Westendorp
Música original: Mariano Díaz
Productor: Jesús Cimarro
Dónde: Teatro La Latina
Dirección: Pza. de la Cebada, 2. Madrid
Hasta: 04. 03
Horario: De martes a sábado a las 20.30h. Domingos a las 19h.
Precio: De martes a viernes de 18 a 25€. Sábados y domingos de 22 a 28€
Venta de entradas: www.telentrada.com
