Quitt

Teatro Valle-Inclán. Madrid

Que el dinero no da la felicidad es algo con lo que seguramente nos conformamos los que no somos ricos. Y, aunque en realidad la tranquilidad económica puede ayudar (y mucho) a la paz interior y espiritual, también es cierto que el dinero no sirve de nada cuando uno está perdido en la búsqueda de si mismo. Y esta es, en definitiva, la cuestión de fondo que recorre Quitt. Els irresponsables son en via d’extinció, la fábula de Peter Handke sobre la implacable lógica capitalista que es en realidad un retrato sobre la perdida de los valores, de los referentes y, en definitiva, del sentido de la existencia humana. Una obra tan compleja como atractiva que Lluís Pasqual ha escogido en su retorno como director en el Teatre Lliure y que, apenas días después de marcharse de Barcelona, aterriza en Madrid.

No parece casual la elección de esta historia del dramaturgo austriaco, escrita en 1973, pero de sorprendente vigencia. El retrato de un grupo de empresarios excéntricos, implacables, no está exento de tópicos, pero incluso así todo suena cercano e incluso inofensivo, visto lo visto. El protagonista de esta fábula és Hermann Quitt, un empresario de éxito que, en la búsqueda de una vuelta de tuerca que destroce a sus competidores, que manipule de nuevo a los consumidores, acaba despreciando su propia existencia. La caricatura de este hombre despiadado la encarna un fantástico Eduard Fernández, que en su vuelta a los escenarios se rodea de un reparto de lujo (Jordi Bosch, Jordi Boixaderas, Lluís Marco, Boris Ruiz, Andreu Benito, Miriam Iscla y Marta Marco) que acaba sometido a los caprichos y la locura del protagonista, e incluso a los caprichos del propio autor.

Y es que Quitt no es un texto fácil de trasladar al escenario: poético, muy críptico, apenas pasa nada y se convierte en una sucesión de monólogos de nivel no aptos para un público acostumbrado a textos fáciles. Cuando se desvanece la sorpresa inicial por lo divertido que resulta el retrato de estos seres despreciables (los malvados capitalista), hay que concentrarse mucho para seguir las reflexiones de los protagonistas. Esto sólo es un aviso para navegantes: para que nadie se enfrente a esta función sin la máxima atención y sin el aviso de que, fundamentalmente, se trata de un texto poético y filosófico.

Quitt se convierte así en una experiencia teatral tan magnética como de difícil abordaje, que se disfruta, sobre todo, por el trabajo actoral, por el retrato caricaturesco de los malos de la película, pero que deja un sabor agridulce al pensar que, a pesar de todo, parece que los malos acaban ganando y la profecía parece quedarse corta ante el futuro incierto que nos espera.

Bookmark and Share

¿lo has visto?
escribe aquí tu opinión


código de seguridad
(introduce el código que aparece a la izquierda):
nombre (obligatorio):
e-mail (obligatorio, no aparecerá publicado):
comentario:

nuestros proyectos


notodo.com es un proyecto de