Luces de bohemia

Teatro María Guerrero. Madrid

La acción en un Madrid absurdo, brillante y hambriento. Así nos ubica Valle-Inclán en su Luces de Bohemia. La apuesta dirigida por Lluís Homar en el Teatro María Guerrero de Madrid nos retrotrae a este Madrid esperpéntico en la que se ha dado en llamar "la más importante obra dramática española del siglo XX" (con perdón de Lorca y su Casa de Bernarda Alba). Una obra tachada en multitud de ocasiones de “irrepresentable” por diferentes motivos o intereses que Homar consigue poner en pie. Con honestidad en la puesta en escena y respeto total hacia el texto.
 
Dos altísimas paredes de libros flanquean un abismo, en el fondo del cual se encuentran los trágicos (o absurdos) personajes. Libros también cubren por completo el suelo. Libros se derrumban para dejar ver la puerta de Bastardillos 23, el edificio donde vive Max Estrella. Y libros acaban cubriendo una tumba como si fuese tierra. Una pasarela situada al fondo, un par de escaleras que descienden al subsuelo y algunos muebles que llevan y traen según la escena son los sencillos elementos que acompañan a los personajes en su viaje. Un juego de luces directas que iluminan plenamente a los personajes pero que crean una atmósfera de claroscuros (debido al humo que flota en el ambiente) y una acertada ambientación sonora son los otros instrumentos con los que juega Homar en esta interesante puesta en escena, en la que además se proyectan las acotaciones del escritor gallego sobre el fondo del escenario, para situarnos en cada escena, dando así más importancia todavía a la palabra de Valle-Inclán. Porque lo realmente importante es el texto. Y los diecinueve actores que lo defienden. Gonzalo de Castro es Max Estrella (o Mala Estrella, triste sobrenombre que le adjudican), ¡el primer poeta de España!, como no para de proclamar su compañero de andanzas, Don Latino de Hispalis. El artista, infravalorado y muerto de hambre, y su amigo pasan toda una noche vagando por las calles de Madrid, cuales Don Quijote y Sancho Panza modernistas y despojados de la nobleza de la caballería.

De Castro llena el escenario con su creación y logra un gran Max Estrella (con larguísima barba real incorporada) en una magnífica caracterización. Su acompañante en tan extraño viaje es interpretado por Enric Benavent, de forma también admirable. Prácticamente todos los demás actores se desdoblan o llegan incluso a interpretar tres personajes en un importante esfuerzo interpretativo. Por destacar algunos, Nerea Moreno como La Pisa Bien, mujerona de armas tomar, José Ángel Egido en su papel de Ministro de la Gobernación o Miguel Rellán en ese alter ego del autor que es el Marqués de Bradomín logran momentos memorables. Cierto es que la apuesta no llega a ser completamente redonda y resulta por momentos irregular (riesgo que conlleva la propia estructura del texto en escenas independientes). Pero hay que reconocer la dificultad de llevar a las tablas una obra tan compleja. Y además el hacerla por completo accesible como sucede aquí es ya todo un éxito, y eso sin cambiar una sola palabra del texto, del cual únicamente se han tocado siete palabras (que han sido eliminadas). Sin duda es un revisitación necesaria, porque es una obra que, aunque parezca lo contrario, no hay tantas oportunidades de ver representada con montajes de esta magnitud. Y es que es increíble la intemporalidad de la propuesta de Valle-Inclán, esa rabiosa actualidad que desprende el texto noventa años después de su publicación. Las revueltas (gran acierto el incluir sonidos de noticiarios actuales en esos momentos) podrían ser perfectamente reflejo de los convulsos momentos que se están viviendo en el mundo hoy en día. La crítica del gallego podía haber sido escrita para nuestro aquí y ahora, para ese esperpento que seguimos viviendo tanto en el ámbito político como en el social, cultural... Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada (…) España es una deformación grotesca de la civilización europea. Golpe certero y doloroso el de Valle-Inclán. Y que sigue doliendo casi un siglo después.

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Soledad Rodríguez 5/03/2012, 16:20
excelente el trabajo de todos los actores .... !!!!
Pablo Sánchez 2/02/2012, 02:02
Valle Inclán era un genio, sus obras son maravillosas y nunca perderán actualidad, otra cosa son los actores en este montaje, ni largas barbas ni ambientaciones ni nada puede sustituir una buena interpretación que es lo que da vida al texto, las palabras estaban vacías, voces forzadas y falsas, movimientos torpes de los actores en consonancia con lo falso de su actuación, siento ser tan duro pero fui con mucha ilusión y salí con mucha pena y me aburrí desde los primeros minutos. Me quedo con el libro leyendolo e imaginando otro Max Estrella.

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