4 diciembre, 2018. Por

Entre dos aguas

Una ‘Boyhood’ cañaílla busca la verdad a tientas entre la ficción y el documental
Entre dos aguas

En la obsesión por cazar las bondades de las cosas que son “de verdad”, especialmente explotado en los debates mediáticos sobre los límites del flamenco o de los artistas que nacen de la intuición y la inocencia y no del marketing y el alto presupuesto, lo nuevo de Isaki Lacuesta se está dando un buen baño de palmaditas en la espalda, galardones y aplausos en el circuito de festivales de cine (de San Sebastián a Mar del Plata, donde se alzó victorioso; a otros certámenes de cine de autor y mirada docta como Márgenes).

No se le puede negar esa ‘mirada verdadera’, aun sin tener claro si lo que narra Entre dos aguas es 100% cierto. Si no lo es, podría serlo. Lo que sí lo es son sus precedentes: hace doce años, Lacuesta había viajado a San Fernando para documentar en La leyenda del tiempo la vida de(l) Isra y (el) Chaíto, dos hermanos gitanos adolescentes que acababan de vivir una trágica pérdida (la de su padre, asesinado frente a ellos) y que se tenían que enfrentar al paso a la madurez desde el dolor, la frontalidad y la pérdida de la niñez.

«Lo mejor de los momentos de ficción que impone Lacuesta son aquellos en los que nos recuerda al cine quinqui: cuando la distancia entre el personaje y el actor está tan difuminada que, al salir del cine, te obliga a preguntarte: ¿qué es verdad y qué es ficción? Quizá la ficción acabe siendo la verdad más sincera y la que arroje mayor profundidad reflexiva al relato que acaba sirviendo como análisis de las no-salidas que tiene la juventud perdida en la España de 2018″

Ahora, el cineasta vasco vuelve a San Fernando (un ratito a pie y otro caminando) para reencontrarse con ambos, en una mirada que juega a Boyhood en aquello de la perspectiva del tiempo, pero que añade un grado de ficción documental tan cerca del cine social (con ecos al cine quinqui: el trapicheo, el menudeo y la vida en el alambre de las barriadas de la Andalucía más deprimida y que, ahora, vota a Vox: más del 13% de los votantes de la isla han votado al partido ultraderechista) como de la búsqueda de esa verdad que hay en las historias de la gente de a pie.

No se puede negar que Lacuesta da con momentos mágicos cuando los protagonistas consiguen salirse del guion (esa “verdad” que tanto se reivindica), pero, asimismo, el cineasta vasco acaba imponiendo un corsé en el desarrollo de la historia, repitiendo escenas, perdiendo ritmo narrativo con el correr de los minutos (la película dura dos horas y cuarto, y bien podría durar menos de hora y media), desperdiciando la oportunidad de conocer algunas de las grandes problemáticas que vive Isra (sobre todo, su relación con su madre; pero también con su ¿ex?mujer) y tirando de estereotipos y clichés a la hora de presentar la reflexión sobre las únicas dos salidas que tiene un joven de San Fernando en los tiempos que corren: o el menudeo de drogas o el trabajo esclavo.

«El cineasta vasco vuelve a San Fernando (un ratito a pie y otro caminando) para reencontrarse con ambos, en una mirada que juega a ‘Boyhooden aquello de la perspectiva del tiempo, pero que añade un grado de ficción documental tan cerca del cine social (con ecos al cine quinqui: el trapicheo, el menudeo y la vida en el alambre de las barriadas de la Andalucía más deprimida y que, ahora, vota a Vox: más del 13% de los votantes de la isla han votado al partido ultraderechista) como de la búsqueda de esa verdad que hay en las historias de la gente de a pie»

Quizá lo mejor de los momentos de ficción que impone Lacuesta son aquellos en los que nos recuerda al cine quinqui de Carlos Saura o Eloy de la Iglesia: cuando la distancia entre el personaje y el actor está tan difuminada que, al salir del cine, te obliga a preguntarte: ¿qué es verdad y qué es ficción? Quizá la ficción (y en esa «ficción» se incluye la espectacular banda sonora de Refree y Kiko Veneno) acabe siendo la verdad más sincera y la que arroje mayor profundidad reflexiva al relato que acaba sirviendo como análisis de las no-salidas que tiene la juventud perdida en la España de 2018.

Entre dos aguas