17 abril, 2018. Por

Encarnación

Contra el mrwonderfulismo, la afirmación positiva y un paraíso que huele a azufre
Encarnación

El veneno que parece repartir e inyectar el Mr. Wonderful mood en prácticamente todos los flancos de nuestra vida diaria no solo no es baladí, sino que tiene un punto de partida, y no es al que cantaba Rocío Jurado. Entre el cinismo enfermizo de la afirmación positiva y el universo de la autoayuda, las referencias a una secta llamada mundo y esa manera blackmirroriana, entre peligrosamente futurista y deshumanizadamente post-humanista, Fernanda Orazi (actriz a quien vimos estos últimos meses en obras como Barbados, Etcétera o Ensayo) ha escrito y dirigido un texto que consigue hacer comedia crítica sin querer queriendo, pero también imaginando un paraíso que huele a azufre.

El espacio lavapiesero El Umbral de Primavera acoge (hasta el lunes 30 de abril: solo queda una función, pero ojalá la prorroguen) la obra de Orazi, que proyecta a “cuatro seres en busca de aquella luz, de aquel foco que todo lo ilumina”. Y los encuentra a través de perfiles que dialogan sin hacerlo, en conversaciones circulares, como si respondieran a algún tipo de llamada o estímulo superior, que no es ni Dios ni el Diablo: es el “todo va a ir bien, nunca digas no” con el que nos ametrallan en nuestro día a día como una imposición de la manera de vivir que hemos elegido: la de la corrección política, la falta de debate, el falso espíritu crítico.

“Entre el cinismo enfermizo de la afirmación positiva y el universo de la autoayuda, las referencias a una secta llamada mundo y esa manera blackmirroriana, entre peligrosamente futurista y deshumanizadamente post-humanista, la obra consigue hacer comedia crítica sin querer queriendo, pero también imaginando un paraíso que huele a azufre”

Con el escenario vacío pero la escenografía en la cabeza (todos y todas llevan pelucas rubias), Orazi consigue crear diálogos autómatas, pero cargados de bilis crítica al sistema judeocristiano del bien y el mal: utiliza referencias que van desde el mindfulness a aquellos que hablan con conceptos en inglés o los que tiran del machaque deportivo (del aeróbic al correr) como la mejor manera de encontrarse con uno mismo.

Y acaba dibujando en esta Encarnación una suma de sketches en las que los cuatro intérpretes (aquí sí) brillan con luz propia, y en unos caracteres bien definidos: la musicalidad espiritual de la versátil Guadalupe Álvarez Luchía (ya hablamos de ella cuando os hablamos del Dúo La Loba o cuando flipamos con su papel en la bestial Bodas de sangre de Pablo Messiez); la transversalidad interpretativa de Javier Ballesteros; o la visceralidad pasivoagresiva de dos todoterrenos como Leticia Etala y Lucio A. Baglivo. Una obra tan cerca del cinismo como del surrealismo, pero tan necesaria como cargada de la mejor arma para combatir el borreguismo: la ironía y el sarcasmo.

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