30 junio, 2017. Por

En este rincón del mundo

Guerra, feminidad y poesía en la Hiroshima del 45
En este rincón del mundo

Este viernes llega a las pantallas españolas En Este Rincón del Mundo: film japonés de animación sobre los horrores que la rama oriental de la II Guerra Mundial infringió sobre la población civil de Hiroshima y sus alrededores.

Tan dolorosa como bella, la cinta de Sunao Katabuchi arrebató a la exitosa Your Name (Makoko Sinkai, 2016) el galardón de Mejor Película de Animación de 2016 de la Academia de Cine Japonesa. Ahora llega a nuestras salas de cine.

La Guerra del Pacífico

Cuando a muchos europeos nos hablan de la Guerra del Pacífico no sabemos ubicar más que un par de hechos clave: el bombardeo japonés sobre Pearl Harbor en diciembre de 1941 y el lanzamiento de dos bombas atómicas por parte de los Estados Unidos sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki en agosto del 45. Lo cierto es que fue un conflicto que se prolongó durante 12 años y que tuvo su origen en las aspiraciones expansionistas del Imperio japonés sobre China y varios territorios del Pacífico controlados por los Estados Unidos, Reino Unido, Holanda y Tailandia.

El conflicto abocó al ejército nipón a chocar en tierra, al Oeste, con China y, por mar, al Este, con los Estados Unidos. Pero la aséptica enumeración de batallas y conquistas que componen su historia no da cuenta de la situación de la población civil japonesa, especialmente a partir de 1944 cuando, tras la Batalla del Golfo de Leyte, la superioridad estadounidense se volvió incontestable.

El último año de guerra consistió en un tira y afloja en el que Japón se negaba a ceder cualquier parte de su territorio como parte de un tratado de paz, puesto que ello pondría en cuestión la divinidad del emperador; y Estados Unidos perseguía el rendimiento incondicional de los nipones. La población civil japonesa quedó atrapada en medio con una consigna clara: resistir a cualquier precio.

Bombardeos, imaginación e inocencia

En este rincón del mundo no es la primera ni será la última película que se afana por dar una vuelta de tuerca poética y colorida a los horrores de una guerra pero el resultado, en su caso, destaca por lo descarnado de sus emociones y lo delicado de su lirismo. El hilo conductor de la historia es Suzu, la hija de unos comerciantes de alga seca (el nori que envuelve el sushi que tanto nos gusta) de Hiroshima. Suzu es algo despistada, imaginativa y posee un talento natural para el dibujo. Aunque todas estas cualidades se muestran intrascendentes cuando un joven de Kure, un pueblo cercano, pide su mano en matrimonio. A los 18 años Suzu abandona el hogar familiar para pasar a formar parte del de su marido, haciéndose cargo de manera humilde y serena de todas las labores hogareñas mientras la guerra va acerándose, poco a poco, desde el mar hacia la tierra.

A través de los juveniles ojos de Suzu se nos presenta un Japón rural, bucólico, familiar y tradicional que hace tiempo que es un recuerdo; así como una Hiroshima de la que ya solamente quedan restos y monumentos. La reflexión sobre el papel y las aspiraciones de las mujeres de dicho Japón hace tan sólo 75 años tampoco pasa desapercibida: los talentos o aspiraciones de Suzu siempre quedan en un plano secundario, como una anécdota o parte de su mundo interior, siendo la obligación de entrega, primero a su familia y luego a la de su marido, el motor que la impulsa.

«A través de los juveniles ojos de Suzu se nos presenta un Japón rural, bucólico, familiar y tradicional que hace tiempo que es un recuerdo; así como una Hiroshima de la que ya solamente quedan restos y monumentos»

 

Pero incluso en dicha entrega En este rincón del mundo se las apaña para hallar belleza: el trasiego de barcos de guerra por el puerto, el aprendizaje de la llamada “cocina de guerra”, la necesidad de adquirir algunos productos en el mercado negro o el matrimonio, no del todo forzado pero tampoco absolutamente libre, con un desconocido al que se debe aprender a amar desembocan en escenas y diálogos empapados de inocencia y humanidad.

Pero en las dos horas que dura la cinta las emociones, poco a poco, se van poniendo más a flor de piel. Los bombardeos cada vez son más cercanos y las penurias que padecen los civiles, más difíciles de disimular. Para cuando la bomba atómica cae sobre Hiroshima la realidad que se nos ha presentado es tan descarnada que el espectador no puede evitar respirar aliviado, sabiendo que tras ella el Imperio va, por fin, a rendirse incondicionalmente (no sin que antes caiga una segunda bomba sobre Nagasaki).

La relación de los protagonistas con la maquinaria de guerra y el beligerante Imperio nipón suena, eso sí, inconexa, y recuerda a la muy discutida El viento se levanta (de Hayao Miyazaki, 2013). En este rincón del mundo trata de presentar a la población civil de Japón como víctima muda de la prepotencia de su ejército, a la que el rígido sentido del deber empuja a contribuir desesperadamente a la maquinaria bélica.

«En la película la población civil de Japón como víctima muda de la prepotencia de su ejército, a la que el rígido sentido del deber empuja a contribuir desesperadamente a la maquinaria bélica»

El colorido y simpático dibujo, sencillo pero tremendamente expresivo (especialmente en lo que se refiere al lenguaje corporal de Suzu, siempre encogida, venida a menos, pero con una leve sonrisa) se combina con el espíritu humanista e inocente de sus personajes para producir un mensaje triste, pero esperanzador. No estamos ante una cinta fácil de digerir, y la congoja se prolonga hasta el pequeño y silencioso corto (sobre uno de los personajes secundarios de la película) que acompaña a los créditos finales. Pero el resultado es tan hermoso y enternecedor que En este rincón del mundo se convierte, sin duda, en una de las cintas más imprescindibles de la temporada.

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