26 diciembre, 2018. Por

Elisa González Miralles

Cuando el plástico y el latido de un corazón no están tan distantes
Elisa González Miralles

Elisa Gonzáles Miralles es una de las fotógrafas españolas de las que más se habla últimamente. Sus proyectos con conciencia social y feminista han despertado la atención del público, y es que no podría ser de otra manera: su trabajo es delicado, lleno de detalles y sin tapujos.

En esta entrevista nos relata de forma pormenorizada su trayectoria profesional, los conceptos e ideas detrás de su trabajo y cómo éste está relacionando tanto con ella misma como con la sociedad en su totalidad.

“La fotografía es mi mejor herramienta para entender el mundo, relacionarme con él, conmigo misma, hacerme preguntas y reflexionar sobre el porqué de las cosas”

Creo haber leído que antes de dedicarte a la fotografía estudiaste cosas totalmente distintas al arte. ¿Cuál ha sido tu trayectoria hasta llegar a tu verdadera vocación? ¿Qué te hizo llegar hasta ello?

Con 18 años yo no tenía nada claro, era buena en ciencias y además me encantaba el arte y siempre había estudiado pintura. A la hora de elegir estudios, me decidí por una carrera con “salidas profesionales”, dejándome llevar por la titulitis. Estudié Ingeniería, y como estaba acostumbrada a estudiar, fui avanzando. En cuarto ya me di cuenta que yo no quería ser eso, pero terminé y tuve la opción de coger un trabajo que me ofrecían: ahí fue cuando colapsé y decidí tomarme un año para pensar. De pequeña fui a clases de pintura y, aunque dibujaba muy mal, la parte del color me entusiasmaba. Estudiando la carrera, un amigo me enseñó a manejar la réflex analógica de mi padre, salíamos a hacer fotos y lo disfrutaba muchísimo. Así que en ese “año para pensar” me apunté a un curso de revelado, luego otro de fotografía e iluminación y después decidí apostar por el máster. Me fui metiendo poco a poco, ¡y hasta hoy!

¿Por qué la fotografía?

Porque es mi mejor herramienta para entender el mundo, relacionarme con él, conmigo misma, hacerme preguntas y reflexionar sobre el porqué de las cosas.

Dentro de la fotografía uno puede decantarse por diferentes ramas. ¿Por qué centrarte en las personas?

La fotografía tiene distintos caminos. El más universalizado es como registro de memoria, instantes compartidos y álbumes de recuerdos; otro que es el oficio de fotógrafo como forma de vida (que yo también practico); y un tercero que es la autoría, que particularmente es el que más me llena. La fotografía de autor está generando nuevos discursos narrativos, está en un momento fantástico y confío en que irá evolucionando mucho más.

Creo en el proyecto fotográfico como una relación de imágenes que hablan entre ellas para reflexionar sobre temas que nos inquietan. Esto será siempre necesario, desde cualquier tipo de manifestación artística. A mí me inquieta el ser humano y cómo nos relacionamos unos con otros, con nosotros mismos y con nuestro entorno. Es mi mayor interés como persona y eso se proyecta necesariamente en mi fotografía.

“Creo en el proyecto fotográfico como una relación de imágenes que hablan entre ellas para reflexionar sobre temas que nos inquietan”

Supongo que no tendrías tan claro esto desde un primer momento. ¿Cuáles fueron las variables que te llevaron a elegir este camino?

La búsqueda de algo que me motivara, algo en lo que creer y a lo que pudiera dedicar mi vida con alegría. Supe que la ingeniería no lo era, y sabía que era algo relacionado con el arte, entonces probé. La fotografía me enganchó tanto que casi sin querer llevo 12 años dedicándome a ella.

Es obvio que tienes intenciones de denuncia social. ¿En este caso cuáles? Cuéntame algo sobre tus valores.

No creo en los conceptos absolutos. No hay malo o bueno, verdad o mentira. La foto cambia dependiendo de dónde te coloques para disparar.  Lo más importante para mí es querer y cuidar a las personas que me acompañan y son el valor de mi vida. Me parece fundamental trabajar el autoconocimiento y respetar la intimidad propia y la del otro. También creo en la necesidad de fomentar un pensamiento crítico, y cuestionarse la información que recibes. Es bastante complicado porque exige un esfuerzo y la sociedad pretende dormirnos para manipularnos, cada vez es más difícil pensar. Y este es uno de los temas centrales de mi trabajo, denuncia en forma de mensaje agitador “esto está pasando, detente un momento a pensar en ello”.

Me gustaría que hablemos brevemente de algunas series de fotografías que tienes colgadas en tu página web, anteriores al proyecto Wannabe. En Collage parece haber, sobre todo, mujeres anónimas, con la cara tapada, a veces figuras masculinas con actitudes hostiles hacia la mujer (el mirón). ¿Qué representan?

El collage es para mí una manera de despertar el inconsciente, de relajar la parte racional y abandonarme a lo que salga. Es relajante buscar imágenes, recortarlas y pegarlas. Trato de hacerlo de la forma más “libre” posible, como si fuera un juego. Después, mirando los resultados, te das cuenta de que siempre están ahí los mismos temas de forma muy evidente. Mi preocupación como mujer, ahora consciente, por las limitaciones impuestas por la sociedad y la religion católica en la que nos criamos en España. La cantidad de tabúes sexuales, nuestra posición aprendida respecto al hombre, lo que tenemos que ser y lo que tenemos que callar. Hay una ira y una revolución interna que siempre emergen a la hora de trabajar.

“Creo en la necesidad de fomentar un pensamiento crítico, y cuestionarse la información que recibes: es uno de los temas centrales de mi trabajo, denuncia en forma de mensaje agitador “esto está pasando, detente un momento a pensar en ello””

La serie de fotografías Recuerdos sin memoria es totalmente impactante. Son fotografías sencillas, cotidianas pero transmiten cierto desasosiego.

Fue mi primer trabajo con conciencia de proyecto, el que me empujó a hacer fotografía de autor, a querer comunicar lo que me estaba pasando, la situación familiar que vivía con mi abuela enferma de Alzheimer. Supuso relacionarme con ella desde otro lugar, enfrentarme a su enfermedad, a lo que estaba sucediendo en su cabeza, reflexionar sobre la ausencia y la memoria. Fue una especie de duelo anticipado.

Antes de pasar a Wannabe quería hacer un repaso rápido sobre Home y Paraísos, que parece que se alejan de la temática de las demás. ¿Por qué?

Home y Paraísos son dos series que no se han convertido en proyecto por el momento, pero que sentí la necesidad de hacer. Home es la casa donde me he criado, donde siempre ha vivido mi familia, es mi refugio, el lugar donde esconderme cuando las cosas van mal, un sitio donde sentirme protegida. He querido reflejarlo a través de imágenes “suspendidas en el tiempo” y transmitir algo que es eterno y que siempre llevas contigo. Paraísos tiene un poco de relación, es una búsqueda de imágenes que te hacen sentir en casa. La búsqueda de un paraiso cotidiano compuesto de pequeños detalles hermosos que tal vez para otra persona no signifiquen nada, pero para uno mismo están cargados de emoción. La forma que adopta la hierba seca, el momento de extender crema en la espalda de alquien a quien quieres, la sensación del agua fría en el cuerpo desnudo…

“En mi segundo viaje a Tokio, cuando vi a las mujeres en la calle, me parecieron muñecas vivientes: las percibí frágiles, autómatas, clónicas… Era como si las love dolls que tanto me habían impactado hubieran cobrado vida”

Llegamos al proyecto por el cual, digamos, has brillado más. Wannabe. He leído mucho sobre el tema y estando formada en feminismo sé por dónde van los tiros, pero me gustaría hacerte preguntas para esclarecer el tema a ojos de quien no esté metido en este tema. ¿Cómo surgió la idea de Wannabe? ¿Qué tipo de denuncia hay detrás de ello?

He querido cuestionar los roles sociales, cómo por el hecho de nacer en una cultura cumplimos de forma inconsciente patrones de conducta. Y en concreto cómo la mujer está educada para satisfacer los deseos sociales y convertirse en lo que se espera de ella. Para ello he utilizado el fenómeno de las love dolls, para hablar de la objetivización del cuerpo femenino. He retratado a muñecas sexuales y a mujeres dentro de una sociedad machista como es la japonesa. Es un trabajo hecho en Japón, pero perfectamente extrapolable a nuestra sociedad occidental.

En 2002 fue mi primer viaje a Japón, aún no era fotógrafa, pero entonces surgió el germen del proyecto, cuando descubrí la existencia de las love dolls japonesas. Son muñecas sexuales hiperrealistas que se construyen a petición del cliente. Fue 11 años después, cuando ya era fotógrafa que decidí hacer caso a esa idea que llevaba latiendo desde entonces y volver a Japón. En este segundo viaje fui sin un plan de trabajo cerrado, quería fotografiar lo más libremente posible. Cuando vi a las mujeres en la calle me parecieron muñecas vivientes, las percibí frágiles, autómatas, clónicas… Era como si las muñecas de entonces hubieran cobrado vida.

Comencé a fotografiar a mujeres en distintos contextos, me interesaron también diferentes productos de consumo (comida, juguetes..) y los peces, fotografiaba peces sin parar. De vuelta a Madrid analicé todo aquello, edité el trabajo durante un año y comencé a hacer maquetas. Había muchas preguntas sobre la mesa, investigaciones sobre el tema y poco a poco me hice una idea mucho más clara de hacia dónde tirar, volví a Japón. Esta vez fui directa a los rostros, me interesaba el plano psicológico, acercarme a las mujeres, sus gestos. Me informé sobre un showroom en Tokio donde podías ver y tocar a las muñecas sexuales, ¡quería ir!

“En Wannabe he utilizado el fenómeno de las love dolls para hablar de la objetivización del cuerpo femenino. He retratado a muñecas sexuales y a mujeres dentro de una sociedad machista como es la japonesa. Es un trabajo hecho en Japón, pero perfectamente extrapolable a nuestra sociedad occidental”

Pero era necesaria la compañía de un hombre que hablara japonés, si no, no me daban acceso, así que contacté con el fotógrafo Ricardo Garrido que lleva años viviendo allí y vino conmigo. Además seguí fotografiando peces, en concreto peces globo. Me había hecho muchas preguntas sobre mi obsesión por fotografiar estos peces. Investigando descubrí lo exclusivo de su carne, lo exquisita que es y lo demandada que está. Sólo unos pocos restaurantes en Tokio tienen licencia para prepararla, ya que es un pez que contiene un veneno mortal que hay que extraer durante su preparado. De este modo tenía retratos de mujeres reales y de muñecas sexuales, y mirándolos a la vez, era difícil distinguir si la imagen era de una mujer o una muñeca. Y esa duda que se generaba fue lo que le dio la intención al trabajo.

El pez globo se convirtió en un símbolo del inconsciente femenino. Su veneno actúa inmovilizándote los músculos e impidiendo el movimiento, hasta que horas después, mueres por asfixia. Me parecía una bonita metáfora para hablar de cómo el deseo social envenena a las mujeres transformándolas en muñecas.

Por qué las muñecas y no hacerlo con otro tipo de representación que objetualice a la mujer?

Porque antes de saber de lo que quería hablar, antes de saber que iba a ser fotógrafa, esas muñecas causaron en mí tal impresión que no pude abandonar el pensamiento y regresé a ellas después de 11 años. Pensé que había que hacer caso a los instintos.

Elisa González Miralles