23 noviembre, 2017. Por

Elements of Vogue

Cómo la pose puede ser una forma de resistencia capaz de escribir su propia historia política
Elements of Vogue

A finales de los ochenta, cuando la alarma del sida se disparó, los gays se convirtieron prácticamente en apestados. La escena de las ballrooms fue un refugio para gente que había sido rechazada por toda la sociedad y sus propias familias. Los concursos y desfiles eran un subterfugio para los miembros de aquella comunidad marginal.

Pero, ¿en qué consiste el voguing? Más que un baile, fue un movimiento de escapismo y autoafirmación para la comunidad LGTB en los peores años del sida y consiste en la exageración de movimientos femeninos en las pistas de baile. Golpes de cadera, facciones expresivas, pasos muy marcados, acrobacias y posturas geométricas; un fenómeno artístico inspirado en las poses de las modelos que salían en la revista de moda Vogue con su posición rígida, y sus movimientos de brazos angulares y lineales. Maquillaje, tacones, pelucas y acción. Condiciones sexuales aparte, expresarse sin complejos fue el modo que encontraron para convertirse en la diva que no podían ser ante los demás.

“Más que un baile, el voguing fue un movimiento de escapismo y autoafirmación para la comunidad LGTB en los peores años del sida y consiste en la exageración de movimientos femeninos en las pistas de baile”

La resistencia contra el racismo y la opresión de los ochenta fue el germen de las houses; lugares donde se refugiaban bailando o desfilando como lo hacían las modelos internacionales. En esos escondites fue donde nacieron los balls, competiciones de baile abiertas a todos los públicos, hasta el punto de convertirse en un evento social enfocado a la libre expresión de uno mismo, sin tapujos, y a explotar los rasgos femeninos que tanto había que esconder, al fin, sin miedo a la violencia que experimentaban. Conocer su origen permite comprender el trasfondo de la cultura ballroom, que vuelve a estar de moda tres décadas más tarde.

La exposición Elements of Vogue, hasta el 6 de mayo en el Centro de Arte 2 de Mayo, investiga cómo las minorías utilizan sus cuerpos para producir formas divergentes de belleza y subjetividad y al mismo tiempo toma el baile popular afrolatino, trans y queer, como objeto de estudio para entender cómo la pose puede ser una forma de resistencia capaz de escribir su propia historia política.

“Los feligreses del voguing reside en que todos ellos veneraban precisamente ese mundo que les oprimía. En las balls se enaltecía la opulencia del capitalismo”

Por otro lado, estas poéticas de lo menor son vistas como una amenaza al mundo normativo, pero en realidad anheladas por la cultura hegemónica (un ejemplo de ello es la explotación que Madonna hizo de la estética del voguing). La dicotomía de los feligreses del voguing reside en que todos ellos veneraban precisamente ese mundo que les oprimía. En las balls se enaltecía la opulencia del capitalismo y el colectivo homenajeaba a la sociedad capitalista y a las cabeceras de la industria de la moda. Las Houses, como Pendavis, Dupree, Labeija, Xtravaganza o St Laurent, eran bautizadas a imagen y semejanza de las marcas de alta costura por las que tanto suspiraban. Pero lo cierto es que tenían la oportunidad de vivir una realidad paralela en la que la fama, la fortuna y el estrellato, convertirse en leyendas, la adulación y los aplausos representaban aquello que no podían tener.

El documental Paris is burning explica perfectamente el poder de esta contradicción, que no es otra cosa que el modo de explicar al mundo que sí podían triunfar, que aunque el mundo les negara esa posibilidad, ellos, a través del voguing, podían construir su propio mundo de triunfadores.

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