23 marzo, 2018. Por

El viaje de sus vidas

Una tierna odisea ultra-yankee dirigida por un italiano
El viaje de sus vidas

“¿¡Y si les pasa algo!? ¿¡Y si a papá le meten un tiro!?”

Esa es una de las primeras frases de la película, pronunciada por el hijo de una tierna pareja de ancianos que ha huido de casa el día en que iban a separarles para pasar su vejez mejor cuidados (o mejor supervisados). Cualquiera que no se haya criado en Pensilvania o en cualquiera de los otros cincuenta estados de EEUU, escuchará esta pregunta con extrañeza, como algo muy poco normal, porque en Canadá o aquí en Europa no es una de las primeras amenazas a las que tenerles miedo; como tampoco es normal armarse con una escopeta para hacer un viaje en caravana.

Bien, pues, aún con capacidad almacenada de sorprendernos, las películas americanas y las vidas cotidianas que narran sí que entienden como normal preguntar dónde está la pistola cuando un animal acecha, o comer una hamburguesa a las diez de la mañana, o encontrarse incapaz a uno mismo de tomar un té si no lo prepara la esposa –bueno, esto es más bien universal-.

“Una película predecible y olvidable que queda muy lejos de aquel rebelde que viajaba entre estados en una máquina cortacésped en ‘The Straight Story’, de David Lynch; o de la menos luminosa pero igualmente emocionante ‘Nebraska’, de Alex Payne”

Todos estos tiernos detalles que conforman la vida gringa se desbordan en la última película del italiano Paolo Virzì (el mismo de El Capital Humano o Locas de alegría), el cual parece haber mamado espléndidamente la novela best seller en la que está basada, The Leisure Seeker. Y tal y como se desbordan todos estos detalles lo hacen las dos almas que la conducen: una fantástica Helen Mirren (de carrera casi infinita, pero con una destacable interpretación en The Queen que le valió el Óscar a la Mejor actriz) y Donald Sutherland (Óscar Honorífico 2018).

Bueno, pues al margen de que el espectador pueda comulgar o no con la vida yankee y con la hombría de Hemingway –citado hasta la saciedad en la película-, resulta que solo disfrutará de esta historia si le gusta adivinar los finales e incluso los transcursos en la primera escena: dos ancianos que escapan de sus hijos para vivir una aventura en caravana a pesar de sufrir pequeñas pérdidas de memoria y mareos. ¿En qué derivará todo esto? En efecto, en una película predecible y olvidable que queda muy lejos de aquel rebelde que viajaba entre estados en una máquina cortacésped en The Straight Story, de David Lynch; o de la menos luminosa pero igualmente emocionante Nebraska, de Alex Payne.

Paolo Virzì no se siente igual de cómodo rodando en Italia, donde sí llega a alcanzar verdadera frescura, que fuera de ella”

El viaje de sus vidas, en cambio, contiene gags de humor que no llegan a provocar la risa, escenas ante un oficial de policía en la carretera que hemos visto cincuenta mil veces y un final igualmente previsible. Quizá lo que más se disfrute sean los momentos íntimos vividos entre la pareja protagonista, como las noches que pasan viendo diapositivas de sus momentos felices, mientras John (Donald Sutherland) pierde la memoria poco a poco. Él y su compañera sí que consiguen hacer disfrutar en general.

Por lo demás, parece que Paolo Virzì no se siente igual de cómodo rodando en Italia, donde sí llega a alcanzar verdadera frescura, que fuera de ella.

El viaje de sus vidas