19 noviembre, 2018. Por

El Precio

Un crepúsculo que Miller y Munt nos permiten ver desde esta casa familiar en crisis a punto de ser derribada
El Precio

Unas acogedoras notas de saxo inundan la sala mientras se proyectan fotografías en blanco y negro (en las que se intercalan hábilmente algunas de los protagonistas) que nos transportan a los Estados Unidos de hace medio siglo, 1968, año en el que se desarrolla la acción y en el que Arthur Miller escribió este texto: El precio.

La actriz (protagonista de una de las películas más fascinantes que ha parido el cine español, Alas de mariposa) y directora Sílvia Munt pone en pie en el Pavón Teatro Kamikaze este textazo de Miller con la inestimable ayuda de un reparto de lujo: Tristán Ulloa, Elisabet Gelabert, Eduardo Blanco y Gonzalo de Castro. Juntos, consiguen transformar esta historia de rencores y crisis (económicas y vitales) en una velada teatral que nos transporta a esa América en un momento de tintes similares al actual.

“Un crepúsculo que Arthur Miller y Sílvia Munt nos permiten ver desde esta casa familiar en crisis a punto de ser derribada”

Un humilde policía y su mujer reciben en la antigua casa familiar a un tasador para vender todos los muebles. La sombra de la crisis del 29 (que truncó los estudios del protagonista, obligándole a tener que cuidar de su padre, que cayó en una depresión) es alargada e inunda todo el espacio familiar. También han convocado al exitoso hermano mayor, pero sin esperanzas de que aparezca puesto que hace años que no se hablan. Miller, experto en “radiografiar lo más íntimo del ser humano”, como dice la directora, demuestra de nuevo (no hace falta recordar obras maestras como Muerte de un viajante, Panorama desde el puente o Las brujas de Salem) que sabe meter el dedo en la llaga de manera clásica y maestra.

Aquí todo gira alrededor de ese precio metafórico que abarca mucho más que unos muebles heredados y que llega hasta hipotecar la propia vida por razones equivocadas o no. Tristán Ulloa hace una composición sin estridencias un personaje que evoluciona en su justa medida para deslumbrar en el tramo final. Elisabet Gelabert aporta su elegante presencia escénica a la mujer del protagonista, tal vez el personaje menos desarrollado de los cuatro. El argentino Eduardo Blanco (recordado por todos por la película El hijo de la novia) regala una de esas caracterizaciones marcadísimas pero inolvidables en la piel de ese nonagenario tasador ya retirado. Y Gonzalo de Castro compone, con las armas del gran actor que es, un hermano mayor que protagoniza el mejor momento de la función. Su duelo final con Tristán Ulloa es una de la escenas más potentes que te puedes echar a la cara en la cartelera actual.

“‘El precio’ es una de esas funciones clásicas, sólidas e intensas que no defrauda (sobre todo a los amantes de los grandes autores norteamericanos). Munt ha decidido dejar a los actores esgrimir las afiladas palabras de Miller con una puesta en escena afinada”

El precio es una de esas funciones clásicas, sólidas e intensas que no defrauda (sobre todo a los amantes de los grandes autores norteamericanos). Munt ha decidido dejar a los actores esgrimir las afiladas palabras de Miller con una puesta en escena afinada, regada por esas ciertas notas de saxo que suenan fantasmales en determinados momentos, ubicada en ese decorado de Enric Planas (con algunos muebles antiguos y una metafórica pared de sillas) que la efectiva iluminación de Kiko Planas va oscureciendo, casi sin notarse, como si la tarde fuese cayendo, poco a poco, en ese interior (físico y emocional). Un crepúsculo que Miller y Munt nos permiten ver desde esta casa familiar en crisis a punto de ser derribada.

El Precio