30 noviembre, 2018. Por

El Médico

El musical que puede colocar a España a la altura de Broadway o el West End
El Médico

“Los libros nuestra historia contarán:
que todos hemos perseguido
un sueño que lograr.
La historia hoy tiene un final”

Transformar un best seller como El médico de Noah Gordon en un musical no era tarea fácil. Novelón devorado por generaciones desde el año 86 que salió a la luz, la gesta de Rob J. Cole, ese huérfano (criado por un cirujano barbero) quien puede predecir la muerte y su decisión de convertirse en médico, cruzando medio mundo para ser discípulo de Avicena en la antigua Persia, es una de esas historias bigger than life (con su toque de tolerancia al dibujar un fresco de religiones como son la cristiana, la árabe y la judía) que no podría ser llevado a escena más que a lo grande.

Pero, algo bastante inaudito, no son los grandes productores de Broadway o el West End londinense los que se han lanzado a esta tarea titánica, sino unos españoles. Con con el absoluto beneplácito del autor, además. Quien por lo visto ha dicho que “le ha hecho renacer” y ha acabado encantado en su estreno en Madrid. Y es que Iván Macías, compositor y director musical, y Félix Amador, autor del libreto, han puesto en pie una auténtica hazaña comparable a la del protagonista de la novela.

“Podía haber sido un despropósito de proporciones bíblicas. Pero lo que ha conseguido esta producción es un musical épico y perfectamente urdido tanto por su composición musical, interpretaciones y puesta en escena hasta en su más mínimo detalle”

El médico podía haber sido un despropósito de proporciones bíblicas. Sí. Del tamaño de la novela de Gordon cuanto menos. Pero lo que ha conseguido esta producción que se puede ver en el Teatro Nuevo Apolo es un musical épico y perfectamente urdido tanto por su composición musical, interpretaciones y puesta en escena hasta en su más mínimo detalle. José Luis Sixto dirige un espectáculo que nada tiene que envidiar a las grandes producciones anglosajonas y con potencial para comerse merecidamente el mercado allá donde fuere.

De toques cinematográficos y casi operísticos, la banda sonora de esta historia bebe de nobles fuentes musicales como Los miserables o incluso Sweeney Todd (pero es que metes a un barbero en carromato cantando y ya te lleva sin poder evitarlo a ese lugar) para tejer un rico y tupido tapiz melódico (y bastante oriental en su parte final, con guiños aladdinescos incluidos) que fluye a lo largo de la narración arrastrando al espectador en sus corrientes. El libreto por su parte condensa (inevitable pero efectivamente) la historia original de manera que el espectador sigue de manera clara el viaje vital del protagonista y sus contactos con las diferentes culturas, contentando tanto a neófitos como a fans declarados.

La puesta en escena está pensada de manera muy inteligente para aprovechar al máximo sus posibilidades sin resultar “cutre” (aunque presupuesto tiene, pero hay montajes con presupuesto en los que la falta de gusto es inenarrable). La magnífica iluminación de Luis Perdiguero, repleta de claroscuros (sobre todo en su primera parte) crea de manera mágica y muy perspicaz (cuántas veces hemos dicho eso de que es mejor iluminar poco que mucho, sobre todo en determinado tipo de espectáculos) y saca todo el partido de la hábil escenografía de Alfons Flores, un término medio entre la sencillez y la espectacularidad que pasa de apenas jugar con un carromato y una plataforma giratoria a ubicarnos en el desierto con ese juego de espejos o en una exuberante Persia repleta de columnas.

El rico vestuario de un nombre tan conocido de nuestra moda como es Lorenzo Caprile aporta el toque final al elegante y potente concepto escénico de la propuesta. Una propuesta en la que tampoco faltan trucos de magia (Jorge Blass al cargo) o unas coreografías (de Francesc Abós) de esas que son las que te esperas cuando vas a ver un espectáculo de estas características. Pero que muy lucidas, vamos, y con un ensemble en condiciones.

“‘La historia tiene hoy un final’, dice el texto. Y un principio, agregamos. Porque le auguramos un merecidísimo largo recorrido que puede situar a una producción española en un lugar internacional pocas veces visto hasta ahora”

Y si impecable es la factura, no menos lo es el elenco. Desde una sorprendente Paula González como el Rob niño, hasta ese Avicena de potente voz de Ricardo Truchado, pasando por ese sha operístico de Alain Damas (su tema en solitario es, sencillamente, impresionante), una encantadora Sofía Escobar como Mary Cullen o Carlos Solano, protagonista a la altura de un musical de esta envergadura. Pero hay que decir que es Joseán Moreno quien se come el escenario con su Barber, un personaje entrañable con el que intérprete se nota que lo goza en escena.

Los creadores, los 33 actores en escena y 20 músicos en directo (ahí es nada) hacen de este soprendente El Médico, creado y producido íntegramente en España (olé), un espectáculo musical sólido como una roca, sin nada que envidar a sus primos hermanos de otras capitales, imperdible para los amantes de este género (y de la novela). No era nada fácil. Pero parece que el sueño no se ha convertido en pesadilla, más bien todo lo contrario.

“La historia tiene hoy un final”. Y un principio. Porque le auguramos un merecidísimo largo recorrido que puede situar a una producción española en un lugar internacional pocas veces visto hasta ahora.

El Médico