23 noviembre, 2018. Por

El Jovencito Frankenstein

La icónica parodia de Frankenstein conquista (cantando) a la Gran Vía
El Jovencito Frankenstein

IGOR: ¿Doctor Frankenstein?
FREDERICK: Fronkonsteen
IGOR: ¿Me toma el pelo?
FREDERICK: No. Se pronuncia “Fronkonsteen”.
IGOR: ¿Dice usted también “Frodorick”?

Es éste el comienzo de tal vez el uno de los diálogos cinematográficos más famososos que existen, cénit cómico de la historia de la gran pantalla. Procedente de uno de los títulos más míticos, reverenciados y carcajeados: El jovencito Frankenstein. Parodia encantadora del clásico de terror, Mel Brooks tomó prestada a la criatura de Mary Shelley para convertirla en un hit cuasi vodevilesco de ambientación gótica con la historia de Frederick Frankenstein, heredero del doctor original, que a la muerte de éste debe acudir a Transilvania para hacerse cargo de su herencia.

Años después, el mismo Mel Brooks decidiría trasladar a su criatura a Broadway en un musical, cuya adaptación al castellano se acaba de estrenar en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía. Esteve Ferrer (especialista en el terreno cómico) ha sido el encargado de dirigir y adaptar, junto a Silvia Montesinos, el libreto original de Mel Brooks y Thomas Meehan que tenía dirección y coreografías originales de Susan Stroman. Acompañados por Julio Awad en la dirección musical y Montse Colomé en las coreografías, el equipo español ha conseguido trasladar el espíritu de la película a las tablas, poniendo en pie un espectáculo ligero y amenísimo cuyas cerca de dos horas y media se pasan en lo que se tarda en decir Frau Blücher (acompáñese de relinchos de caballos, como debe ser y como sucede cada vez que se pronuncia ese nombre en la función).

“Un espectáculo de timing perfecto con un reparto más que acertado que consigue, si bien no superar al original (porque eso es una tarea imposible) por lo menos no hacerte pensar demasiado en él”

Un espectáculo de timing perfecto con un reparto más que acertado que consigue, si bien no superar al original (porque eso es una tarea imposible) por lo menos no hacerte pensar demasiado en él. Víctor Ullate Roche se enfrenta al reto que ya asumió Gene Wilder en la gran pantalla, y lo hace con gracejo y chispa. Jordi Vidal levanta las carcajadas del público como el mítico Igor. Albert Gracia es un monstruo (en el buen sentido de la palabra) sencillamente perfecto. Cristina Llorente también defiende a la perfección su ayudante Inga, al igual que el resto de personajes secundarios y del ensamble. Sin olvidarnos de una Teresa Vallicrosa que demuestra su grandísimo talento en un personaje maravilloso como es ese Frau Blücher (relincho de caballos al canto).

Pero la que se come la escena cada vez que aparece es Marta Ribera, que vuelve a demostrar (y van…) que es una de las mejores (si no la mejor) intérprete de musical que tenemos en este país. Su vis cómica y su soberbia presencia y voz hacen que los momentos de esa Elisabeth Benning, la prometida del doctor, sean de lo mejorcito de la función. Con permiso de esa versión del Puttin’ on the Ritz a ritmo de claqué, el número más espectacular de un Jovencito Frankenstein en plena forma.

“El montaje funciona como un tiro. Así que se puede volver a decir eso tan manido de ‘¡¡¡Está vivo!!!’. Pero, la verdad, es que nosotros preferimos decir por una última vez: ‘Frau Blücher’

Por poner algún “pero”, la iluminación del (por otro lado siempre magnífico) diseñador Juanjo Llorens en ocasiones distrae ligeramente con un exceso de luz y movimientos (por momentos casi más cercanos a un concierto que a un montaje teatral). Al igual que la escenografía de inspiración expresionista de Felype de Lima puede resultar algo fría (aunque cierto es que la idea es muy atractiva). Pero la verdad es que estas apreciaciones vienen dadas, sencillamente, por esperar una puesta en escena más cercana a los clásicos de la Hammer en versión escena, como era el estilo el caso de la película original, que a las varietés (por cierto, esa coreografía con los cerebros es impagable). Pero el caso es que el montaje funciona como un tiro. Así que se puede volver a decir eso tan manido de “¡¡¡Está vivo!!!”. Pero, la verdad, es que nosotros preferimos decir por una última vez: “Frau Blücher” (y ya sabéis lo que toca acompañando a este nombre).

El Jovencito Frankenstein