12 enero, 2018. Por

El Instante Más Oscuro

La interpretación de Gary Oldman pasará a la historia. La película, no.
El Instante Más Oscuro

Por segunda vez en menos de seis meses nos encontramos con un biopic británico sobre uno de los personajes más determinantes del siglo XX: Winston Churchill (1874-1965). Pero donde Churchill (Jonathan Teplizky, 2017) nos contaba las angustias del viejo Winston en las noches previas al Desembarco de Normandía; El Instante Más Oscuro (Joe Wright, 2017) fija su mirada sobre el mes de mayo de 1940. Esos primeros días de Winston Churchill como Primer Ministro británico en los que Francia, Bélgica y Holanda se desploman frente al imparable avance del ejército alemán y las tropas británicas parecen atrapadas e irremediablemente perdidas en la playa de Dunkerque.

“El camaleónico Gary Oldman hace lo que mejor se le da: dejarse cubrir por capas y capas de maquillaje y abordar el trabajo como la bestia interpretativa que es”

La cinta de Joe Wright llega a nuestras pantallas precedida por el Globo de Oro concedido a Gary Oldman y que es, sin duda alguna, el preludio de una nominación al Oscar. El camaleónico actor británico hace lo que mejor se le da: dejarse cubrir por capas y capas de maquillaje y abordar el trabajo como la bestia interpretativa que es. La solvencia con la que Oldman nos obliga a olvidarnos de él mismo para convencernos de que es al propio Churchill al que estamos contemplando en la pantalla es incuestionable. Y ya sabemos cuantísimo adoran académicos y críticos la capacidad de ciertos actores para memorizar hasta el último tick nervioso o inflexión vocal de cualquier personaje medio relevante del siglo XX del que se conserven grabaciones.

La pregunta es si El Instante Más Oscuro es algo más que Gary Oldman haciendo un trabajo estupendo. La respuesta es que no. No vamos a negar que la hay muchos aciertos técnicos en ella: el bello uso de la mortecina luz inglesa a través de los ventanales, la abundancia de planos estáticos que reflejan la angustia y la presión a la que está sometido Churchill haciendo uso de encuadres habilidosos, el acertado retrato de la arquitectura londinense o el elaborado diseño del sonido, que busca sumergirnos con una precisión abrumadora en las llamadas telefónicas o las reuniones del consejo de guerra.

Pero una película no puede juzgarse exclusivamente por su solvencia técnica o por la sobresaliente interpretación de su actor protagonista. Una buena película debe interpelar al espectador, provocar alguna emoción en él, mantenerlo en tensión o, por lo menos, descubrirle algo que no supiera antes. Y en estos aspectos El Instante Más Oscuro fracasa estrepitosamente.

“La pregunta es si El Instante Más Oscuro es algo más que Gary Oldman haciendo un trabajo estupendo. La respuesta es NO”

En primer lugar, porque su ritmo es lento y avanza a trompicones. En ello tiene que ver que desarrollo de todos los secundarios es de una pobreza intolerable: desde la secretaria que tiene a un hermano perdido en el frente hasta la esposa florero a la que tiene que interpretar Kristin Scott Thomas son intentos vacíos de aportar una dimensión humana al personaje de Churchill que ni vienen a cuento, ni consiguen su objetivo. La película vive por y para los monólogos de Gary Oldman. Los discursos de Churchill en la radio, el Parlamento o la sala de guerra. Que son espectaculares (no se hagan a ustedes mismos la faena de verlos doblados al castellano). Pero todo lo demás es relleno con poquísimo ritmo cinematográfico.

La fotografía de Bruno Delbonnel es uno de los elementos más disfrutables de la película

En segundo lugar, porque en su empeño por aportar explicaciones “emocionales” o humanas al rotundo rechazo que Churchill sentía contra el nazismo, El Instante Más Oscuro se mete, con la excusa de las alegorías, en un jardín de mentiras sensibleras que solamente consiguen chantajear al espectador y ablandar el férreo corazón de los académicos de Hollywood (sí, estoy hablando de la escena en el metro de Londres, que es mentira de principio a fin). El resultado es una película vacua que no aporta ni enseña nada nuevo. De hecho, la Churchill de Teplizky conseguía, por lo menos, generar más emociones que ésta, aunque su punto de partida también fuera falaz.

“El Instante Más Oscuro es incapaz de aportarnos ninguna explicación realista o madura acerca de por qué Churchill tomó las decisiones que tomó en ese mayo de 1940″

Por no mencionar que es fácil recordar cintas recientes, como El Hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2005) o Infamous (Douglas McGrath, 2006), que sí supieron utilizar una interpretación memorable para apuntalar el retrato psicológico de un personaje histórico, así como de quienes le rodearon, en algún momento clave de su existencia. A diferencia de aquéllas, El Instante Más Oscuro es incapaz de aportarnos ninguna explicación realista o madura acerca de por qué Churchill tomó las decisiones que tomó en ese mayo de 1940 y, encima, aburre a las ovejas.

Toda la soberbia interpretación de Gary Oldman se viene abajo porque está al servicio de un guión vacío y efectista. Oldman se llevará el Oscar, igual que se lo llevaron Helen Mirren o Philip Seymour Hoffman, como premio por levantar películas mediocres protagonizadas por personajes históricos mucho más grandes que ellas mismas. Pero El Instante Más Oscuro caerá en el olvido, igual que lo hicieron The Queen (Stephen Frears, 2006) y Capote (Bennett Miller, 2005), nada más acabar la gala de los Oscar.

El Instante Más Oscuro