1 junio, 2018. Por

El Hombre Que Mató A Don Quijote

¿Qué podemos esperar de una película que resume décadas de obsesión quijotesca?
El Hombre Que Mató A Don Quijote

Después de ocho intentos de rodaje a lo largo de las últimas dos décadas, El Hombre Que Mató A Don Quijote (Terry Gilliam, 2018) cerró el Festival de Cannes hace un par de semanas y se estrena hoy en nuestro país, que ha sido testigo de la mayoría de dichas penurias. Y, por supuesto, todos nos llevamos las manos a la cabeza porque resulta que nadie esperaba que Terry Gilliam hiciera con El Quijote una película de Terry Gilliam. Y, así, la leyenda de la película de Gilliam sobre Don Quijote se ha hecho todavía más grande. Porque para colmo, encima, ni es tan mala como muchos se empeñan en cacarear; ni habría estado mejor sin llegar a realizarse nunca. Es, claro está, una cinta especialita, como todas las del realizador británico. Pero sería una necedad negarle un buen puñado de aciertos.

Toby (Adam Driver) es un director de anuncios que trata de sacar adelante una desastrosa adaptación cinematográfica americana de El Quijote de Miguel de Cervantes que se rueda en un lugar de La Mancha. Es una especie de remake de una peliculilla que el realizador rodó en su juventud en las mismas localizaciones, El Hombre Que Mató A Don Quijote. En su periplo entre molinos, hoteles y esposas de sus jefes, Toby va reencontrándose con algunos de los locales que intervinieron en aquél rodaje. Como Angelica (Joana Ribeiro), una joven belleza manchega que abandonó el pueblo en pos de una carrera como actriz; o el zapatero al que Toby convirtió en el protagonista de aquélla película y que ahora se cree, ni más ni menos que Don Quijote (Jonathan Pryce). En su demencia, el viejo toma a Toby por Sancho Panza y lo arrastra en busca de aventuras.

A estas alturas, ¿merece la pena intentar adaptar ‘El Quijote’?

Siempre se dice que adaptar El Quijote al cine es una empresa maldita. Desde Orson Welles, que no consiguió acabar nunca de rodarla; hasta la versión de Manuel Gutiérrez Aragón guionizada por Camilo José Cela, que no se pudo terminar por la muerte de Fernando Rey, su actor protagonista. Bien sabe Terry Gilliam que algún tipo de pájaro de mal agüero sobrevuela cualquier rodaje que intente sacar la obra de Cervantes fuera de su soporte escrito. El documental Lost In La Mancha (Keith Fulton y Louis Pepe, 2002) daba buena cuenta de todos los desastres que se vivieron en uno de los primeros intentos de Gilliam de producir El Hombre Que Mató A Don Quijote (es un buen complemento para la película, por cierto). Entre esa y la cinta que se estrena hoy en cines ha habido unos cuantos intentos más.

Crea uno o no en maldiciones, sí que hay muchos problemas inherentes a la hora de llevar al Caballero de la Triste Figura al cine. Y es que a la de Cervantes no la llaman “la novela de novelas” porque sí. Si bien el periplo aventurero de Alonso Quijano y Sancho es fascinante y poderoso por sí mismo, también es un pretexto por el que Cervantes relata otras historias que son, ni más ni menos, que un certero retrato de la nación en la que él vivió. Hay muchísimas novelas cortas dentro de El Quijote y el desfile de personajes y escenarios es inabarcable de cara a una película.

La cantidad de información contenida en cada uno de sus capítulos hace que sea tentador, al intentar adaptar El Quijote, quedarse solamente con cuatro anécdotas por todos conocidas como la de los molinos, la venta en la que se “arma” a Don Quijote caballero, la quema de los libros por parte del cura y el barbero o la “belleza” de Dulcinea del Toboso; y olvidarse de que no es solamente la locura de Don Quijote la que hace El Quijote inmortal. Realmente parece imposible adaptar El Quijote en toda su grandeza sin acabar rodando una película insufrible de decenas de horas que, para colmo, corra el riesgo de no aportar nada al texto cervantino.

«No quiere Gilliam en ningún momento realizar una adaptación literal de la novela de Cervantes. Es más, se mofa cruelmente de todos aquéllos que lo hayan intentado o planeen hacerlo en el futuro»

Me parece que el principal triunfo de Terry Gilliam a la hora de realizar El Hombre Que Mató A Don Quijote es comprender todas estas cosas. No quiere Gilliam en ningún momento realizar una adaptación literal de la novela de Cervantes. Es más, se mofa cruelmente de todos aquéllos que lo hayan intentado o planeen hacerlo en el futuro. Porque igual es que El Quijote, tal cual, no va a ser una buena película jamás. Así que claro, quien se espere una adaptación literal de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote De La Mancha tal y como lo cuenta Cervantes, tiene todas las de salir echando pestes del cine.

¿Qué esperaban, por otro lado? Estamos hablando de alguien que ha firmado películas tan delirantes como El Sentido de la Vida (1983) o Brasil (1985). Un tío poseedor de una imaginación y de un lenguaje visual extraordinarios y muy personales. Precisamente por ello es un realizador que no ha hecho una película convencional en su vida. Además, quién quiera disfrutar de todos y cada uno de los detalles de El Quijote tal y como lo escribió Cervantes… ¡que se lea El Quijote! Está en todas las bibliotecas del mundo. No muerde. Y no hay libro mejor. En serio.

Oda a la locura de Don Quijote

Terry Gilliam se aprovecha de la inmensa plasticidad de la obra de Cervantes para utilizar algunos de sus pasajes (de los más conocidos) para ambientar una historia metacinematográfica. Qué casualidad. Cuando El Quijote es, en sí mismo, una metanovela. Terry Gilliam no osa llevar a la gran pantalla todo El Quijote porque es consciente de que eso sería una majadería. Se conforma con adaptar la locura de Don Quijote en todo su esplendor, en primera persona, con todo lo bueno y lo malo que ello implica.

Todo muy meta, pero bien

Se le achaca a El Hombre Que Mató A Don Quijote que su relato es atropellado, errático, histérico e incoherente. Y no se entiende que ése es precisamente el objetivo de la cinta, porque los ojos a través de los cuales estamos contemplando la historia (¡los de Don Quijote!) pertenecen a alguien que está loco de remate. Ni siquiera es la primera vez que Terry Gilliam utiliza el recurso del relato subjetivo afectado por la enfermedad mental como medio por el que buscar nuevos caminos narrativos: ahí tenemos Doce Monos (1996). El resultado es menos convencional que la adaptación de tapadillo que hizo Aaron Sorkin con The Newsroom.

Así que nos encontramos con dos horas largas de un locurón absoluto en el que los burros suaves y peluditos se mezclan con las motos de gran cilindrada; las jóvenes vulgares, con unos bellezones despampanantes; lo manchego con lo anglosajón y la vigilia con el sueño. Como en cualquier película de Terry Gilliam hay tramos que parecen alargados como un chicle (la capacidad de síntesis nunca ha sido uno de sus fuertes), líneas narrativas remendadas apresuradamente en la sala de montaje (¿alguien más se pregunta en qué consistía el papel de Rossy de Palma?) y un buen puñado de momentos tan delirantes que recuerdan a Los Caballeros de la Tabla Cuadrada (1975).

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A veces, la intención es lo que cuenta

Y, a pesar de sus muchísimas cagadas, la historia que Gilliam nos quiere contar llega clara y se entiende a la perfección. El Hombre Que Mató A Don Quijote no quiere adaptar El Quijote sino que pretende homenajear todos aquéllos que en los últimos cuatro siglos han sido, en su alucinado afán idealista, Don Quijote. Y es ésta una pretensión que cualquiera que, o bien haya sentido la atracción magnética que puede ejercer la novela de Cervantes, o bien haya tenido cerca a alguien obsesionado con ella (los hay y muchos, empezando por el propio Terry Gilliam y su empeño por hacer esta película), va a entender a la perfección.

Los motivos por los que el mensaje llega, claro y hermoso, son unos cuantos. El primero es que la intención es lo que cuenta, y esta afirmación es igual de válida cuando le clavas al personal tres películas sobre El Hobbit porque quieres tener más oro que el dragón Smaug que cuando te pasas veinte años sufriendo (infartos incluídos), intentando explicarle al mundo por qué te alucina tanto El Quijote. El Hombre Que Mató A Don Quijote rebosa amor, fascinación y respeto por la obra de Cervantes. Y para mi eso cuenta, y mucho.

«La necesidad de una lectura sopesada y de cierta interpretación es evidente, y como mero divertimento la cinta no funciona»

Por otro lado, la película a nivel técnico es sensacional. Desde los actores, que están fabulosos todos, con Driver (todos hemos salido ganando con respecto a Johnny Depp en este caso) y Pryce en estado de gracia; hasta la producción artística, barroca, recargadísima, teatral, constantemente anacrónica y contradictoria pero absolutamente deliciosa. Además, la manera en la que Gilliam se deleita en el pasaje manchego, así como en otras localizaciones espectaculares, como el portugués Convento de Cristo, denota una enternecedora fascinación por España, Portugal y su cultura.

El tipo de imagen absurda que explica muy bien el tono de la película

Claro que luego el británico mezcla elementos casi antagónicos del folclore ibérico con el mismo desparpajo con el que revuelve el inglés con el castellano a lo largo de su película. Pero queda claro que todo este barullo forma parte de la sobrecarga de metáforas sobre metáforas que es El Hombre Que Mató A Don Quijote. De hecho, uno de los inconvenientes más claros de cara al público es que, aunque hay tramos francamente entretenidos, esta película no se puede considerar de entretenimiento: la necesidad de una lectura sopesada y de cierta interpretación es evidente, y como mero divertimento la cinta no funciona.

«Solamente puede gustar a gente que haya disfrutado previamente con películas de este realizador»

Al final, personalmente, solamente le puedo echar en cara que hay momentos que se hacen aburridos porque Terry Gilliam no tiene capacidad de síntesis. Reconozco que es una película que solamente puede gustar a gente que haya disfrutado previamente con películas de este realizador y que el público general la encontrará aborrecible. Pero quien no le tenga miedo al extraño humor de Gilliam y a su onírico universo visual, puede encontrar en El Hombre Que Mató A Don Quijote una película hermosa y fascinante.

El Hombre Que Mató A Don Quijote