16 octubre, 2017. Por

El ferrocarril subterráneo

El libro que ganó el Pulitzer, el National Book Award y el Arthur C. Clarke llega a nuestras librerías
El ferrocarril subterráneo

Colson Whitehead (1969) era, hasta fechas muy reciente, un novelista alabado, pero con un público minoritario. Su novela debut, La intuicionista, ya mostraba una de sus señas de identidad: aplicar un tratamiento muy novedoso a subgéneros que parecen atrapados en marasmos de tópicos. Así nos relataba una historia noir, con un fuerte contenido existencial, pero protagonizada por una técnica afroamericana especializada en la reparación de ascensores.

Esta novela, que puede recordar, por ejemplo, a La trilogía de New York de Paul Auster, fue traducida al español, pero sin demasiado éxito. Lo que explica que sus siguientes libros no disfrutaran de tal honor. No fue hasta que se adentró en el popular tema de los zombies, con Zona Uno, cuando volvimos a tener noticias suyas, y la verdad es que merecía la pena, ya que convertía la odisea de los supervivientes de una plaga de muertos vivientes, empeñados en volver a hacer habitable la tierra en una pequeña joya literaria. Además, de esos dos títulos, nos ha llegado un libro de no ficción El coloso de Nueva York, emotivo canto a su ciudad natal.

Sin embargo, ha sido el pasado año, con El ferrocarril subterráneo, cuando Whitehead se ha convertido al fin en una fulgurante estrella del panorama literario. Dentro del sistema de premios norteamericano, ha arrasado: se ha llevado el Pulitzer, el National Book Award e, incluso, un premio Arthur C. Clarke de ciencia-ficción (porque, aunque situada en la época previa a la Guerra Civil norteamericana, en la era de la esclavitud, El ferrocarril subterráneo es, en cierto modo, una novela fantástica e, incluso, steampunk). Ha vendido ciento de miles de ejemplares y, ahora, se ha publicado en España con la vitola de ser uno de los libros imprescindibles de este año.

Una plantación de Georgia. Algo que ya todos conocemos por películas como 12 años de esclavitud o El color púrpura o por novelas como Beloved, de Toni Morrison. Whitehead nos cuenta la historia de Cora, nuestra protagonista, y la de su familia, que comenzó cuando su abuela fue secuestrada, extraída de su comunidad y enviada en un viaje dantesco al nuevo mundo. Es un relato brillante, y que nos resume en unas pocas páginas la monstruosa situación en la que se hallaban los esclavos de una manera totalmente convincente. Cora se enamora de otro esclavo, César, y ambos deciden huir. Existe algo llamado “El ferrocarril subterráneo”, que en realidad tiene una base histórica: una red clandestina de militantes antiesclavistas que ayudaban a los esclavos fugitivos  a huir hasta Canadá, llamada así porque  utilizaban términos ferroviarios en clave para ocultar sus actividades. Pero, en ese momento, todo cambia.

“Un relato brillante, y que nos resume en unas pocas páginas la monstruosa situación en la que se hallaban los esclavos de una manera totalmente convincente”

 

El ferrocarril subterráneo de Whitehead es, en su ficción, una auténtica, vasta estructura de transporte, con trenes que se dirigen en la oscuridad hacia el norte manejados por maquinistas pertenecientes a la red abolicionista. Esa invención, que emparenta la obra de Whitehead con obras de Thomas Pynchon como Mason & Dixon o Contraluz, donde se aúna la reconstrucción histórica más rigurosa con los vuelos imaginativos más desatados. Pero Cora y César están lejos de estar a salvo; un temible esclavista, Ridgeway, ha decidido atraparlos sea como sea, en representación de lo que él considera el genuino espíritu norteamericano, que es destruir y someter a lo que llama “razas inferiores”.

A partir de ese instante, la novela se lee con fruición y fascinación. Cora se verá atrapada en una persecución cada vez más angustiosa, en la que se encontrará con cazarrecompensas sin escrúpulos, orgullosos nativos norteamericanos,  científicos locos dispuestos a usar a los afroamericanos para sus experimentos más siniestros, poblaciones afectadas por plagas bíblicas, abnegados abolicionistas y, por supuesto, otros esclavos en busca de libertad. Todo narrado con una prosa extraordinariamente visual, nítida y empática (el Huckleberry Finn de Twain es una perceptible influencia). A pesar de la dureza del tema y de determinados pasajes, es un libro tan entretenido como luminoso, un híbrido entre novela de aventuras, denuncia y, como hemos dicho, incluso ciencia-ficción, que merece todos los elogios que ha recibido.

El ferrocarril subterráneo