27 marzo, 2018. Por

El Asesinato de Gianni Versace

O, más bien, las fechorías del sociópata Andrew Cunanan en la América de los 90
El Asesinato de Gianni Versace

Tras finalizar su emisión en los Estados Unidos, la segunda temporada de American Crime Story aterriza en nuestro país por partida doble: se estrena completa el viernes 30 en Netflix y lleva un par de semanas emitiéndose en Antena 3. La expectación por El Asesinato de Gianni Versace, que lleva el sello de Ryan Murphy, ha sido elevada por varios motivos. El primero, la temporada anterior: The People v. O.J. Simpson, que en diez episodios se convirtió en uno de los dramas televisivos más impresionantes de los últimos años. El segundo, el asesinato de Versace que es, aún hoy, un asunto enigmático pero lo suficientemente fresco en la memoria colectiva como para captar el interés del gran público. Por último, el despliegue de medios que permite que las series de Ryan Murphy brillar tanto por su factura artística como por el reparto (véase FEUD: Bette y Joan).

La mañana del 15 de julio de 1997 el asesino en serie Andrew Cunanan (Darren Criss) disparó dos veces contra el diseñador de moda Gianni Versace (Edgar Ramírez) en la misma puerta de la mansión en la que éste residía en Miami. El del modisto italiano era el quinto de una lista de asesinatos que Cunanan había puesto en marcha tres meses antes en Minneapolis. Pocos días después, Cunanan se quitaría la vida para eludir ser capturado por la policía. Los motivos por los que cometió estos crímenes o su conexión con Versace llevan, desde entonces, sin estar claros. Lo que es seguro es que éste suceso marcó un punto de inflexión en el mundo de la alta costura e inició un profundo litigio en torno al legado artístico y la herencia económica del modisto que puso a su hermana, Donatella (Penélope Cruz), en el centro de muchas polémicas.

Ser gay en la América de los 90

Si algo hizo brillar a The People v. O.J. Simpson fue su capacidad para retomar un caso de tremendo calado mediático, especialmente en el imaginario estadounidense, para revisarlo con casi 20 años de distancia. Una cantidad de tiempo suficiente como para que los espectadores todavía recuerden la retransmisión del juicio en sus pequeñas televisiones de tubo, pero también para poder analizarlo con la objetividad que confieren las aguas regresadas al cauce y los acontecimientos posteriores a éste. El resultado fue una exposición magistral que habría enorgullecido a Truman Capote, en la que se lograba que el espectador menos interesado en las fechorías de The Juice se metiera de lleno en los fallos y los aciertos que cometieran su defensa y la fiscalía en el que fue uno de los juicios más mediáticos de la historia de los Estados Unidos.

Pero más importante aún era que todo aquello no fuera más que una excusa para hablar del problema racial en los Estados Unidos. Un problema que estaba de rabiosa actualidad, con el movimiento #BlackLivesMatter en plena ascensión justo durante los meses de emisión de la temporada, y que se explicaba con una claridad pasmosa. Para quienes nunca habíamos residido en los Estados Unidos, The People v. O.J. Simpson fue uno de los productos más ilustrativos sobre las problemáticas a las que se enfrentaban los afroamericanos hace tan solo 20 años. Exactamente lo mismo que ha querido hacer El Asesinato de Gianni Versace al retratar la realidad de la comunidad gay y los prejuicios que había hacia el colectivo en una época tan cercana a nosotros como los años 90.

La reivindicación en sí misma es una excusa argumental bastante pobre como para sostener nueve capítulos.

Y es verdad que se aprecia el esfuerzo de la nueva producción de Ryan Murphy a la hora de hacer hincapié en el desprecio sistemático que se ejercía sobre la comunidad homosexual en un lugar tan “civilizado” como las costas Este y Oeste de los Estados Unidos hace más bien poco tiempo. Las malas miradas, los cuchicheos, la prostitución, las risitas o la exclusión familiar son uno de los ejes principales de la narrativa. El problema es que la reivindicación en sí misma es una excusa argumental bastante pobre como para sostener nueve capítulos. Y, seamos sinceros, tampoco cuenta nada nuevo o especialmente original.

El esfuerzo por hacer creíble la atmósfera y la luz de los bares de ambiente de los 90 es loable. Imagen cortesía de FX

Además, por el camino American Crime Story parece dejar olvidadas a las mujeres de su historia, permitiendo a sus personajes masculinos maltratarlas y ningunearlas sistemáticamente sin llegar a dar verdadera importancia a ninguna. Ni siquiera a Donatella Versace. A excepción del monólogo sobre «la novia Versace» en el segundo capítulo (de calle, el mejor de la temporada), El Asesinato de Gianni Versace es una historia eminentemente masculina, y tal vez eso la haga todavía menos interesante. Cabe preguntarse, además, si Ryan Murphy se atreverá algún día con un alegato que retrate la realidad de las mujeres homosexuales en los Estados Unidos con una meticulosidad comparable a la que ha empleado para este show.

No diga el asesinato de Versace, diga los crímenes de Cunanan

El principal problema de El Asesinato de Gianni Versace lo errático de sus objetivos. ¿Quería contarnos quién fue Versace y qué significó su muerte? En los dos primeros episodios da esa impresión. Pero esta trama se trunca violentamente. Además, puesto que no hay intención ninguna de mencionar a los sobrinos de Gianni, grandes beneficiados en su testamento, la información que ofrece es claramente parcial o, al menos, incompleta. O de las labores artísticas de Antonio D’Amico (Ricky Martin) o la manera en la que Versace reinventó el concepto de top-model.

La importancia del legado de Gianni Versace en la alta costura no se expone con suficiente claridad. Imagen cortesía de FX

¿Se pretende relatar la investigación policial? De nuevo en los dos primeros episodios prestan algo de atención a los agentes asignados al caso. Incluso se deja caer muy tímidamente la hipótesis de que, al ser homosexuales los objetivos de Cunanan, las fuerzas de seguridad no pusieron todo el empeño que habría cabido desear en su captura. Pero una vez se lanza la acusación (bastante grave, la verdad sea dicha) ni se indaga ni se justifica a qué ha venido la insinuación. Nada que ver con la precisión con la que The People v. O.J. Simpson analizaba cada paso que dieron los fiscales Marcia Clark y Christopher Darden.

A partir del tercer episodio deja de tratar sobre lo que dice su título y se convierte en algo que no se sabe si es un homenaje a las víctimas de Cunanan o una reconstrucción obsesiva de su trayectoria

Lo cierto es que a partir del tercer episodio, El Asesinato de Gianni Versace deja de tratar sobre lo que dice su título y se convierte en algo que no se sabe si es un homenaje a las víctimas de Cunanan o una reconstrucción obsesiva de su trayectoria y su narcisista personalidad. Si el objetivo es ensalzar, a algún nivel, las vidas que se perdieron a manos de Cunanan, es clamorosa la falta de atención sobre William Reese, el que fue su cuarta víctima. Y, si lo es elaborar un retrato del asesino, siete son demasiados episodios como para que los espectadores aguanten la narcisista y mentirosa personalidad del que es, en realidad, el protagonista de la serie.

Las escenas que comparten Edgar Ramírez y Penélope Cruz son de las más brillantes de la temporada ya que sus personajes son los más interesantes de ésta. Imagen cortesía de FX

Si series como Mindhunter han triunfado recientemente es gracias a saber medir con mucha sabiduría la cantidad de desvaríos pronunciados por asesinos en serie que uno puede soportar en su dosis diaria de entretenimiento. Y, lo que es peor: toda esta exposición es inútil a la hora de intentar arrojar algo de luz sobre la relación entre Cunanan y Gianni Versace. En este aspecto American Crime Story se ahoga en su propia cobardía, postergando la entrega de cualquier tipo de explicación para ofrecer, al final, una escena chapucera que nada aporta a lo que ya se sabe desde hace años: que sus vidas pudieron intersectar de una forma breve y difusa a principios de los 90 en San Francisco.

Poco más que un telefilm

Al final, y muy a pesar de sus dos primeros episodios esplendorosos, El Asesinato de Gianni Versace es poco más que un telefilm estiradísimo. Con una producción artística que brilla cuando trata de reproducir la opulenta vida de Versace, cuajada de referencias operísticas y a la cultura clásica. Una fotografía que, incluso, destaca en varios momentos, aunque sean puntuales. Pero pierde muchísimas oportunidades para deleitar a los espectadores con el trabajo en los talleres de la firma de moda. En cambio, solamente araña levemente la superficie de la compleja relación que unía a Gianni con Donatella, francamente más interesantes que el desequilibrado Cunanan y que, además, llenan la pantalla en los pocos flashbacks que tratan de arrojar luz sobre el tándem creativo que formaban.

A pesar del trabajo de Darren Criss, el protagonista de la serie no es ni fascinante ni empatizable. Imagen cortesía de FX

No negaremos lo atrevido de la serie a la hora de recrearse en los juegos sexuales de algunos de sus personajes. Los bailecitos de Darren Criss en el segundo episodio, Manhunt, cortan la respiración. Pero El Asesinato de Gianni Versace no logra mantener este ritmo y a partir de su tercera entrega solamente brilla en momentos aislados. No cabe duda de que las interpretaciones, con la del propio Criss a la cabeza (¿dónde está la ascendencia filipina de este chaval? con lo cuidado que está el casting…), salvan gran parte de los muebles. Penélope Cruz viste la piel de la complicada Donatella Versace (un papel que durante mucho tiempo se rumoreó que encarnaría Lady Gaga) con una eficacia que pone la piel de gallina en un par de ocasiones. Ella es, sin duda, una de las facetas más destacables de la serie. Pero no es suficiente.

El Asesinato de Gianni Versace