21 septiembre, 2017. Por

El amante

Una experiencia gastro-escénica para paladares exigentes
El amante

RICHARD (Sonriente.) ¿Viene hoy tu amante?

SARAH ¡Humm…!

RICHARD ¿A qué hora?

SARAH A las tres.

Harold Pinter comienza así su obra El amante, con un marido lanzando tal cuestión a su mujer, como quien pregunta que si quedan naranjas o si se ha acabado el pan. El caso es que de por sí la obra en cuestión tiene ya enjundia y resulta un reto (siempre es arriesgado llevar a Pinter a escena: sus características son más que peculiares y en algunos casos se convierte en un salto al vacío) pero Nacho Aldeguer, director y adaptador de esta versión y Álex García, director creativo, han decidido enfrentarse al reto y añadir además un previo a esta obra en un acto: una fiesta en la que la pareja y numerosos amigos (a la sazón, el público) celebran sus diez años de feliz matrimonio.

Todo ello regado con cerveza, un cóctel y un un aperitivo creado para la ocasión por el premiado chef Diego Guerrero. Una auténtica fiesta en el ambigú del Pavón Teatro Kamikaze (en la que sólo falta una conga) que, poniéndonos a tono, nos lleva al escenario para, después de otro extra (un corto dirigido por María Ripoll), enfrentarnos al texto de Pinter propiamente dicho.

Curiosa y nada aleatoria la idea de emborrachar ligeramente a la audiencia para preparar el terreno a un texto como éste. Después de la locura pública llega la calma de la intimidad. O, más bien, otra locura distinta. Y la que parecía una pareja feliz (de las que comen perdiz) resulta un espejismo con múltiples fracturas. Y Pinter, maestro en el subtexto, lo que se dice sin decir (porque no se quiere o porque no se puede), y la ambigüedad regala aquí un juego perverso e hipnótico que esta adaptación consigue enfocar y diseccionar con bisturí, convirtiéndolo en perfectamente accesible, ameno y fascinante a la vez; y que el espectador, en ocasiones, vive como si de una extraña ensoñación se tratase.

Daniel Pérez Prada (a quien ya vimos en La noche de las tríbadas) y Verónica Echegui (la conocida protagonista de Yo soy la Juani, entre muchas otras) se entregan sin dudarlo a esta diversión malsana, en un ejercicio interpretativo fresco y natural con el que disfrutan ellos y hacen disfrutar, acercando el texto al público. Perfecta la química entre ambos y su manejo de los tiempos, así como la ambientación (con esos elegantes paneles estilo japonés), iluminación, vestuario y diseño de sonido que crean la atmósfera refinada e ideal para crear el contraste de la acción.

Reto más que superado este Pinter y una experiencia gastro-escénica, como dicen sus creadores, para paladares exigentes.

El amante