10 enero, 2017. Por

Drac Pack

Un Sinatra Drácula en busca de sucesor
Drac Pack

Najwa Nimri entonando el My way de Frank Sinatra no es algo que se vea (ni se escuche) todos los días, la verdad. Pero lo hace en Drac Pack, el proyecto largamente acariciado por la cantante y que se puede ver en Teatro de la Luz Philips de Madrid hasta el próximo sábado 21 de enero. Un espectáculo anclado en Las Vegas de los años ‘50 con el espíritu del famoso Rat Pack como motor y ciertos toques vampíricos que harán las delicias de los más darks del lugar. Porque es que además la cantante interpreta nada más y nada menos que a un Drácula estrella de la canción en busca de sucesor. Una prístina metáfora del reverso oscuro del éxito.

“Espero que hayáis tenido un día de mierda. Os deseo un día de mierda para que todos juntos busquemos una noche inolvidable, una noche para perderse, para volar. Que cuanto peor el día, mejor la noche”. No le falta razón al statement que lanza la maestra ceremonias de un montaje que conjuga música y teatro, y que se asemeja más a un espectáculo de cabaret o a un concierto guionizado. Fernando Soto dirige un elegante y envolvente homenaje a ese grupo formado por Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr. y otros amiguetes que se convirtieron en el más poderoso grupo de ratas de los dorados años 50. En este espectáculo, eso sí, un Drácula crooner pasa el relevo a una muchacha de voz angelical a la que transformará en un remedo de Marilyn Monroe con una condición: “Atrévete a desear… Desear no es un pecado, es mentira. Pero para brillar eternamente tendrás que elegir entre la luz de los focos o la luz del sol… Porque ningún sueño es gratis, pero gracias a ello beberá de los aplausos del público para siempre…”

Najwa Nimri es la autora del espectáculo junto con Emilio Tomé y Carlos Dorrego y, si bien es cierto que algunos de los textos son excesivamente ampulosos, la cosa acaba por funcionar a las mil maravillas por una estética oscura (aunque brillante en todos los sentidos decorado de Alessio Meloni, resaltado más todavía por un fantástico diseño de iluminación) que le acaba pegando un mordisco sensual e irresistible al espectador, la verdad. Soto guía el espectáculo con perfecto ritmo que incluye apropiados momentos cómicos.

Pero el meollo de la cuestión está en una deliciosa selección musical repletita de estándares (con sorpresas como los huevos kínder) que va desde Something stupid hasta Diamonds are a girl’s best friend o Volare, pasando por unos retazos de Riders on the storm (así de repente en un fluir brutal), Blue Moon, Fly me to the moon, el Personal Jesus de Depeche Mode o el Anyone who knows what love is (will understand) que abre y cierra el espectáculo. Y es que las versiones son un deleite para los sentidos (me recuerda en estilo a ese latir del corazón ese que hipnotizaba con su cadencia en la canción del Love song for a vampire de Annie Lennox). Y son interpretadas en directo con percusión y teclado (Gonzalo Maestre y Marcos Sánchez) por unas vampiresas que acaban siendo de lujo.

Kimberley Tell es esa neófita que debe sacrificar para ganar y deslumbra vocalmente en su debut sobre las tablas (y consigue una Marilyn de estampársete la mandíbula contra el suelo). Alba Flores tiene un desparpajo, seguridad y presencia que ya querrían muchas otras en escena. Y su look hombruno complementa perfectamente al de las otras vampiresas (un rollo andrógino, de sexos indefinidos, inunda toda la función). Anna Castillo está sencillamente deliciosa, pizpireta, trasunto de Sammy Davis Jr. con el cuerpo y look de la Audrey Hepburn de Una cara con Ángel, la picardía de Shirley MacLaine. Todo regado con cierta y palpable hiperactividad (punto álgido esa delirante obsesión por bailar el mambo). Pero quien mueve los hilos es una Najwa con un papel a su oscura medida, que fascina y seduce arrastrando al público con sus susurros y que se marca un My Way de voz rota pseudo-infantil que da tan mal rollo como la musiquita de La semilla del diablo y resulta igual de perturbadora y fascinante.

And now, the end is near; and so I face the final curtain…, que diría Sinatra (o la protagonista de este espectáculo, en su defecto): un seductor y atmosférico espectáculo este Drac Pack, magnífico, que no tiene nada que envidiar, en cuanto a calidad musical y rollazo, a los de las grandes arterias musicales de ciudades como Londres o Nueva York. Así sí se hace. Y además lo han hecho a su manera, original y vampírica.

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