2 julio, 2018. Por

Download Festival

El festival metalero de Madrid se consolida con una segunda edición irreprochable
Download Festival

Judas Priest y Ozzy Osbourne dieron el lustre que Guns N’Roses no supieron otorgar a la segunda edición del Download Festival de Madrid. A pesar de la inevitable insolación de la media tarde madrileña, del persistente olor a cloaca (realmente la Caja Mágica no puede oler así todo el tiempo) y con Iron Maiden en el Wanda Metropolitano, compitiendo exactamente por el mismo público dentro de unos días ; la sucursal española del festival británico de metal se consolidó este fin de semana como una de las propuestas más suculentas y atractivas para los amantes del buen rock.

Innecesario Axl Rose

Los que estaban llamados a ser los protagonistas absolutos del Download, Guns N’Roses, ofrecieron una actuación, cuanto menos, cuestionable. Con un slot de ni más ni menos que tres horas y media en las que absolutamente todos los demás escenarios permanecían en silencio, los californianos ofrecieron un set de más de 30 canciones y tantos altibajos que uno salía un poco mareado del evento. Para empezar, 20 minutos de un soporífero vídeo en el que un tanque iba disparando contra la audiencia hasta que la banda se subió por fin al escenario.

Guns and Roses fotografiados por Alfredo Arias en el Download Festival Madrid 18. Cortesía de la organización

Para continuar, tres canciones de rigor hasta que la voz de Axl Rose cogió el tono mínimo como para cantar Welcome To The Jungle sin dar demasiada vergüenza. Y, luego, un sinfín de pausas en las que el virtuosismo de Slash, Richard Fortus y Duff McKagan (está feo que el bajista deje en ridículo al vocalista, chicos) cubrían las ausencias del vocalista. La mayor parte del tiempo, Rose, cuando estaba, no cantaba un pimiento. A veces daba algo que estaba la vergüenza y la pena (This I Love). Y, por momentos (Civil War), conseguía emocionar. Al final, estos Guns N’Roses parecen más un conjunto de músicos excepcionales que tocan juntos por pura casualidad (millonaria casualidad, se entiende), más que una banda con la mínima complicidad y compenetración que ello implica.

Judas Priest y Ozzy Osbourne legendarios

Exactamente lo opuesto sucedió con Judas Priest. Los británicos estuvieron durante algo más de una hora sobre el escenario el sábado y ofrecieron uno de los conciertos más emotivos de todo el festival. Con un Rob Halford que a sus 66 años parecía comerse el escenario con sus estrambóticos atuendos, la mítica moto y una voz que no flaqueó ni una sola vez, los ingleses fueron dejando a la audiencia sin voz de tanto jalear. Turbo Lover o Painkiller, y unos bises en los que Breaking The Law y Living After Midnight sonaron como auténticas lluvias de tachuelas. El precioso detalle de subir a Glenn Tipton al escenario en los bises, cuando fue este mismo mes de febrero que el guitarrista anunció su retirada de los escenarios a causa del Parkinson que padece, acabó por saltarnos la lagrimita a todos.

Rob Halford durante el concierto de Judas Priest. Fotografía de Sergio Albert, cortesía de la organización

Por si esto fuera poco, inmediatamente después comenzaba el concierto de Ozzy Osbourne, que acababa de confirmar que la de cierre era la mejor jornada de esta edición del Download. Obviamente, con algunos homenajes a su propia identidad como vocalista de Black Sabbath, con Paranoid para cerrar el conciertazo, Ozzy maravilló en canciones de la categoría como No More Tears y Mamma, I’m Coming Home. Encima, los extraordinarios músicos que le acompañan en este No More Tours 2 hicieron palidecer todo lo que Guns N’Roses habían hacho la noche anterior sobre el mismo escenario: Zakk Wylde, Blasko y Tommy Clufetos se marcaron una actuación memorable, coronada por unos poderosísimos e interminables solos con cada uno de sus instrumentos que, sencillamente, pusieron a la audiencia del revés.

Nuevas y viejas glorias

Pero no todo fueron leyendas en el Download. Los suecos Arch Enemy fueron los encargados de presentar el primer plato fuerte del jueves. A pesar del infernal calor y de la complejidad de su gutural death metal, ofrecieron un set brillante e hipnótico capitaneado por la espectacular voz de Alissa White-Gluz. Poco antes, Backyard Babies habían ofrecido una buena ración de rock duro y glamuroso. Su guitarrista, Dregen Svensson, hizo doblete el sábado con su otra banda, The Hellacopters, en el que fue otro de los conciertos más disfrutables para los amantes del rock de corte clásico.

Arch Enemy fotografiados por Alfredo Arias. Cortesía de la organización

Gratas sorpresas fueron Avenged Sevenfold el jueves, Bullet For My Valentine el viernes y Baroness el sábado: las tres, bandas sencillas y atractivas en su versión de estudio, pero realmente explosivas y certeras sobre el escenario. Especialmente convincentes fueron los primeros, que pasaron casi como una apisonadora por el escenario principal, con un show efectista pero bien medido y una entrega y precisión del todo inesperadas. Una lástima no poder decir lo mismo de L7, que firmaron una actuación correcta pero sin alcanzar una conexión clara con la audiencia.

Probablemente uno de los puntos flojos fueron los problemas técnicos que arruinaron el esperadísimo concierto de A Perfect Circle el viernes, dejándolo en una escuálida media hora. Aunque poco antes los estadounidenses Exhorder ofrecieron un auténtico conciertazo de thrash noventero ante un nutrido y entregado público. De las intervenciones nacionales, la más destacable fue la de Viva Belgrado el viernes: los cordobeses han conseguido alcanzar unas cotas de belleza en su mezcla de indie, rap y screamo absolutamente hipnótica. Fue desafortunado que su concierto coincidiera con el de Parkway Drive, quienes sorprendieron con una actuación potentísima.

Bullet For My Valentine fotografiados por Aldredo Arias. Cortesía de la organización

Organización y recinto

Al final, nos encontramos con un Download Festival para enmarcar. Un recinto pulcro, accesible, incluso para las personas en silla de ruedas, y muy bien mantenido. El transporte público, gestionado de manera eficaz. Y los accesos, cuidados para que las colas del año pasado no se repitieran y que, en caso de haberlas, cayeran en zonas con sombra. Además, la zona de restauración fue más amplia que en la edición anterior, favoreciendo que obtener comida no se convirtiera en una odisea de esperas interminables. Las mesitas para consumirla también fueron un bonito detalle. Incluso la cantidad y la calidad de los urinarios fue del todo adecuada, incluso teniendo en cuenta la masiva afluencia de la jornada del viernes.

El único problema serio que tiene este festival es del nauseabundo olor que invadía, casi a todas horas, los dos escenarios principales. Ya se sabe que la Caja Mágica queda muy cerca de un complejo de depuradoras. Pero es que, francamente, la situación no es de recibo. Por lo demás, está claro que la organización ha escuchado con atención muchas de las quejas que hubo en la primera edición del Download Madrid y les han puesto remedio de manera diligente y eficaz. Una buena noticia, qué duda cabe, para cualquiera amante del rock. Que nos dure muchos años el Download, y que carteles como el de este 2018 acompañen siempre.

El escenario principal durante el concierto de Marilyn Manson. Fotografía de Alfredo Arias. Cortesía de la organización

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