17 diciembre, 2018. Por

Dorothea Tanning

Alicia en el país de los hombres
Dorothea Tanning

“Los sueños que uno lee en los libros están compuestos por símbolos conocidos, pero es lo extraño de los sueños lo que los distingue”, escribió Dorothea Tanning. En los años treinta, mientras trabajaba como diseñadora publicitaria, conoció el surrealismo y el dadaísmo en la exposición Fantastic Art, Dada and Surrealism organizada por el Museo de Arte Moderno, pero no fue hasta la década delos cuarenta cuando se introdujo en la pintura surrealista.

Nunca concibió el concepto de mujer artista: “No existe nada ni nadie que se pueda definir así. Es una contradicción tan evidente como la de hombre artista o elefante artista”. Aun así, la pintora, ilustradora, escultora y escritora estadounidense fue una de las pocas mujeres que atravesó el lienzo de los pintores surrealistas y consiguió hacerse un nombre junto a sus compañeros más allá de la incómoda figura de la musa. Prueba de ello es su autorretrato Cumpleaños, donde se muestra recta, elegante, sin temor. No hay en ella ni el más mínimo signo de inferioridad ni sumisión mientras sujeta el pomo de una puerta abierta que da a otras tantas que nos dejan ver detrás de ellas en un infinito juego de espejos.

«Su obra cumple los postulados surrealistas, un surrealismo apegado a la psicología, a la fantasía, al delirio, en definitiva, a lo onírico. El absurdo, el humor, las pesadillas, el erotismo todo esto empapan sus cuadros… ¿por qué entonces las mujeres del surrealismo siempre niegan pertenecer al mismo?»

La exposición Detrás de la puerta, invisible, otra puerta, que podrá verse en el Museo Reina Sofía hasta el 7 de enero, se desarrolla a lo largo de una serie de habitaciones temáticas que transitan las diferentes etapas artísticas y vitales de la artista, con obras que abarcan desde 1930 hasta 1997, precisamente los setenta años más agitados en la historia de nuestro mundo.

En esos momentos de escape hacia lugares seguros, la puerta se convirtió en uno de los elementos preferidos de Tanning. En un principio se trataba de un portal de acceso a un país maravilloso de sueños y de metamorfosis, resultado de la atracción de la artista hacia el cuento de Lewis Carroll, para convertirse más adelante en un elemento más siniestro; una cueva demoníaca que más tarde pasaría a convertirse en un símbolo erótico por su capacidad de aislar el espacio privado del público y controlarlo. Otros elementos recurrentes en su trabajo son el hule y el mantel, que simbolizan algo más que un simple cobertor, son un guiño a la mujer que no podía eludir sus labores caseras. Manteles que son rectilíneos y nos remiten a la cuadrícula, a lo ordenado. En definitiva, a la familia patriarcal, que es lo que ella quería denunciar.

La obra de Tanning cumple a pies juntillas los postulados surrealistas, un surrealismo apegado a la psicología, a la fantasía, al delirio, en definitiva, a lo onírico. El absurdo, el humor, las pesadillas, el erotismo todo esto empapan sus cuadros… ¿por qué entonces las mujeres del surrealismo siempre niegan pertenecer al mismo?

«En esos momentos de escape hacia lugares seguros, la puerta se convirtió en uno de los elementos preferidos de Tanning. En un principio se trataba de un portal de acceso a un país maravilloso de sueños y de metamorfosis, resultado de la atracción de la artista hacia el cuento de Lewis Carroll, para convertirse más adelante en un elemento más siniestro; una cueva demoníaca que más tarde pasaría a convertirse en un símbolo erótico por su capacidad de aislar el espacio privado del público y controlarlo»

En cierto modo, no es de extrañar que ella y otras artistas relacionadas con el movimiento renegasen en cierto punto de él. El surrealismo defendía la libertad expresiva y sexual, pero según las pocas mujeres que lo conformaban, también malinterpretaba el cuerpo femenino como si fuese un mero objeto de fetiche. Aunque los varones apoyaban la igualdad y su opción artística, siempre verían más musas que creadoras. Defendían la igualdad de sexo, sí, pero en la práctica las mujeres no tendrían las mismas oportunidades que sus compañeros. Además, la que fuera esposa de Max Ernst tuvo que  esquivar la alargada sombra de su marido como ya hicieran las demás mujeres del surrealismo. Dora Maar, Frida Kahlo, Maruja Mallo, Lee Miller, Ángeles Santos, Eillen Agar y otras tantas. Algunas consiguieron mantener el vuelo, otras cayeron por el peso de sus parejas. Tanning fue de las primeras, consiguió aunque no fue fácil, ser sujeto en lugar de objeto.

Dorothea Tanning