16 enero, 2018. Por

Dolores O’Riordan

Diez canciones no tan conocidas de The Cranberries para despedirnos de su voz
Dolores O’Riordan

¿Qué escribes cuando muere uno de los ídolos de tu adolescencia? Cada pocos meses nos deja alguna celebridad a la que le teníamos más o menos cariño. Pero es menos común que fallezca alguien a quien esperaste, a los 17 años, en la puerta de alguna sala de conciertos para que te firmara un disco o se sacara una foto contigo. Alguien que, sin saber muy bien por qué, te interpelaba directamente con sus canciones o con su actitud. Dolores O’Riordan (fotografiada sobre estas líneas por Rosario López en Barcelona), líder de The Cranberries en calidad de letrista y cantante, falleció ayer a los 46 años en Londres. Y es posible que no haya hoy treintañero que escuchara la radio en la Europa de los 90 que no sienta que con ella se ha muerto un pedacito de su juventud.

Es posible que no haya hoy treintañero que escuchara la radio en la Europa de los 90 que no sienta que con ella se ha muerto un pedacito de su juventud

La muerte de Dolores O’Riordan nos retrotrae a muchos a los tiempos de la MTV. A la MTV UK, ojo, se se veía por satélite y nos contaba todo aquéllo del britpop. La versión española de la MTV no estaba todavía ni se la esperaba. A los tiempos de las cintas de vídeo, como la de aquel concierto que cuatro postadolescentes irlandeses daban en Londres en 1994, que rulaban de mano en mano entre los amigos. Que se veían de pena, pero nos las sabíamos de memoria. A ver los sábados Del 40 al 1 a ver si salía el videoclip de nuestra banda favorita. O, incluso, a Música Sí. A ahorrar para comprarte un disco o un single que querías desde hacía meses. O a las cintas de cassette que hacíamos a base de retales grabados de la radio. A caras B, a discos “no oficiales” en directo (bootlegs) que encontrabas en las tiendas de discos mugrientas que ya no existen y a hacer cola durante horas para entrar en las primeras filas de un concierto.

 

Dolores O’Riordan y sus Cranberries nos recuerdan, en resumen, que la música ya no es lo que era cuando éramos unos chavalines estúpidos con muy poquito criterio. Y a que, aunque ahora escuchemos cosas mucho más refitoleras, serias y elaboradas, no nos hacen sentir exactamente lo mismo que aquéllos sencillos temas. Tiene que haber algo poderoso en una banda, por muy mainstream que fuera o por muy acabada musicalmente que estuviera, para que la muerte de su cantante deje el vacío que dejó ayer Dolores O’Riordan.

Tiene que haber algo poderoso en una banda, por muy mainstream que fuera o por muy acabada musicalmente que estuviera, para que la muerte de su cantante deje el vacío que dejó ayer Dolores O’Riordan.

Decir que la carrera musical de The Cranberries en general y de Dolores O’Riordan en particular se había vuelto errática en los últimos 15 años, es ser indulgente con la banda de Limerick. Tanto los dos discos en solitario de O’Riordan como el Roses que The Cranberries publicaron en 2012 daban tanta vergüenza ajena que, desde entonces, los irlandeses se habían limitado a regrabar sus éxitos una y otra vez y a hacer giras que los repasaran. Eso cuando no se dedicaron a guerrear entre ellos por los derechos intelectuales de las canciones de The Cranberries, que de eso también hubo.

Pero si uno se pone a pensar en a qué sonaron, en general, los años 90, tres canciones sobresalen de manera incuestionable: Dreams, Linger y Zombie. Tres temas simples como hogazas de pan pero que contenían las dosis perfectas de melancolía, rabia, dulzura e inocencia para conectar con los adolescentes de aquéllos anodinos últimos compases del siglo XX. Pero The Cranberries fueron mucho más que eso, y en su discografía hay verdaderas joyas a las que hoy hay que regresar de manera inevitable. Huyamos de los singles que les hicieron grandes y descubramos algunas canciones que hicieron a The Cranberries y a la voz de Dolores O’Riordan eternos.

I Still Do

La verdad es que a medida que escribo me doy cuenta del inmenso error que es intentar “elegir” canciones dentro de Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We? con el que debutaron unos casi adolescentes The Cranberries allá por 1993. Pero I Still Do era el punto de partida para un álbum que oscilaba entre la inocente luminosidad de los dos temas que le lanzaron a la fama, Dreams y Linger (que aún hoy son los más populares del repertorio de The Cranberries) y la oscura inseguridad del final de la adolescencia: enigmática, atmosférica, sutil y, sobre todo, hermosa. Nos retrotraía a los sonidos darkwave que habían imperado en la década anterior pero, a su vez, prometía algo nuevo.

 

Not Sorry

Junto a Pretty, Not Sorry es uno de los temas que mejor retratan la faceta más perturbadora de The Cranberries: canciones con letras agresivas y extrañas pero que adquieren sentido a medida que se va conociendo la tortuosa relación que Dolores O’Riordan fue desarrollando con su imagen pública. Tal vez sea una de las canciones menos populares de la banda, pero la imponente rabia contenida que contiene no merece quedarse en el tintero. Muchas veces he dicho que el debut de The xx me recordaba mucho a este álbum y al espíritu inocente y enigmático de canciones como ésta.

How

Una canción que representa bien lo que fueron The Cranberries: una banda muy sencilla, tanto en sus composiciones como en sus letras, pero que podía ser auténticamente eficaz. Cuando O’Riordan elevaba los niveles dramáticos de su voz, el resultado eran temas tremendamente emocionales que sorprendían, sin importar el número de veces que se oyeran. How tiene esa chispa rabiosa de la juventud que se va desengañando con la que es casi imposible no sentirse identificado.

No Need To Argue

No Need To Argue fue el disco que consagró a The Cranberries como estrellas mundiales. En el que se abonaron a las progresiones pop de manual y en el que la voz de Dolores O’Riordan empezó a sonar a algo más que al frágil y singular susurro que se percibía en Everybody Else… El tema que daba nombre al disco era el que lo cerraba: una desoladora tonada que solamente con unos pocos acordes de teclado (tan poca instrumentación a poco frecuente en la discografía de los irlandeses) y la sólida voz de Dolores O’Riordan le van desmontando a uno sin contemplaciones. Una de esas canciones que se pone uno un viernes por la noche medio borracho después de romper con la pareja de turno.

 

Daffodil Lament

Es posible que si tuviera que elegir un solo tema de toda la discografía de The Cranberries me decantara por éste certero viaje desde las tinieblas hacia la luz. Como el clima de su Irlanda natal, The Cranberries nos arrastran por los sinsabores del desengaño amoroso como si de un lodazal se tratara y la voz de O’Riordan recupera por un momento los toques inocentes de su debut para invadirnos, al final, con un cálido optimismo poco común en la discografía de la banda.

So Cold In Ireland

Antes de la llegada del mp3 y de Spotify a nuestras vidas, los singles se publicaban en cajitas finas, más pequeñas de lo habitual, y solían contener algún remix y uno o dos temas inéditos, no incluidos en el disco al cual la canción principal pertenecían. Eran las caras b, que alimentaron a los musiqueros durante décadas, y que llegaban a albergar auténtias joyas. Los 90 fueron la última época dorada de éste tipo de canciones, y The Cranberries cuentan con una buena colección de ellas (ahora casi todas pueden escucharse en las ediciones especiales de sus discos que hay en Spotify). Probablemente la más conocida entre los aficionados a la banda sea So Cold In Ireland, una deprimente oda a la tierra natal que no transmite más que desasosiego y mala leche pero que, de nuevo, trae aires de furiosa y desarraigada juventud.

Hollywood

To The Faithful Departed (1996) fue el primer fracaso comercial de The Cranberries y, aún así, es un disco que contiene un buen puñado de temas memorables. Todo él es un grito angustioso de unos jovenzuelos, con Dolores O’Riordan a la cabeza, acosados por la fama, que han perdido el control de su imagen pública. Es posible que sea el disco en el que la voz de O’Riordan explora con más ahínco los límites de su peculiar registro.  Salvation y Free To Decide profundizaban en dicha temática, pero el Hollywood que lo abría es una llamada de auxilio en el que la voz de O’Riordan se estira y se retuerce lo indecible, haciendo que 20 años después siga sonando auténtica y angustiosa.

I Just Shot John Lennon

Dentro del frenético tempo de To The Faithful Departed, un tema destacaba por encima de todos los demás: un homenaje a John Lennon compuesto en el angustiado y asfixiante tono en el que estaba creado la gran parte de éste disco. El resultado fue un tema magnético y visceral que dejaba buen margen para que la voz de Dolores O’Riordan deamulara a sus anchas sobre las guitarras.

Animal Instinct

Tras un pequeño parón, necesario para que los miembros de la banda se reconciliaran con sus vidas privadas, The Cranberries volvieron a la palestra justo para el final de siglo con un disco llamado Bury the Hatchet (1999). Fue, sin duda, su último gran éxito y, aunque tenía más altibajos que sus predecesores, estaba lleno de temazos. Es imposible quedarse, aunque fuera single, con la delicada y eternamente acústica Animal Instinct, que además contaba con un videoclip enternecedor.

Shattered

Tal vez una de las canciones que menos se popularizaron de Bury The Hatchet fue este melancólico Shattered. En él las furiosas emociones y el profundo desasosiego que poblaba sus dos primeros álbumes se dulcificaban, dando paso a un tema maduro y sosegado. En un punto adecuado entre el empalague y la melancolía, es uno de los pocos respiros emocionales que Bury The Hatchet daba al oyente.

No vamos a decir que no hubiera ni una sola canción que mereciera la pena en la carrera de Dolores O’Riordan a partir de 2003, cuando The Cranberries se tomaron casi diez años de descanso. Pero está claro que nada volvió a estar a la altura de sus cuatro primeros trabajos. Y si recordar a los músicos que nos dejan con lo más destacable de sus creaciones es lo mejor que podemos hacer en días como hoy, esperamos haber puesto a Dolores O’Riordan, sus letras y a su rompedora voz en el lugar que se merecen. Hasta siempre, Dolores, y gracias por la música.

Dolores O’Riordan