21 diciembre, 2017. Por

Discos España 2017

Estos han sido los mejores discos españoles de 2017 para la redacción de Notodo
Discos España 2017

<<Del 40 al 21>> / <<Del 20 al 1>>

20. Quentin Gas y los Zíngaros – Caravana (Candy Rockets) [LEE NUESTRA RESEÑA]

A pesar de que su colisión de flamenco y psicodelia sea, de algún modo, el discurso y leitmotiv en el que se articulen las marcas de agua más identificables del disco, posiblemente sean los giros magrebíes y esa mirada hacia una raíz oriental occidentalizada, con guiños en dirección Tinariwen, Bombino, Rachid Taha; proyectos estatales que iniciaron este perfil de exploraciones hace tiempo como es el caso de Mohama Saz o hasta de aquel experimental Argán de Carlos Goñi (o Revolver), los que conviertan esta Caravana en una suerte de banda sonora de película imaginaria hacia los confines unidos de las tierras secas del sur.

19. Mounqup – Proba de son (molho) [LEE NUESTRA RESEÑA]

Mounqup abre una paleta de influencias que no solo no la limita en la referencialidad bjorkiana, sino que juega en otras ligas, con otras texturas, con otra racialidad, mucho menos gélida, mucho más tribal: sus cadencias son más salvajes, parecen paridas de un ritual africanista, pero sin embargo el cable a tierra que la conecta es una suerte de electrónica de aires soul.

Es en referentes internacionales conocidos donde encontraremos otros puntos de apoyo para entender algunas de sus derivas: desde la racialidad moderna de Grace Jones a la arquitectura de texturas de Animal Collective, Of Montreal o tUnE-yArDs o divas de la performance 2.0 de Holly Herndon o Laurel Halo. La Björk franco-española es mucho más que eso.

18. Space Surimi – Dolphin Blaster (Matajare) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

Hay algo de esta dupla andaluza que recuerda al primer hip-hop, aquel que aparecía en televisión a través de El príncipe de Bel-Air y que en España inyectaban canciones de proto-rap como ¡Vas a alucinar!; pero es la órbita de Space Surimi va mucho más allá.

Estamos hablando de una suerte de colisión retrofuturista entre las consolas de arcade y los tics noventeros de la música urbana con todo un enjambre de acidez cómica, de humorada rapera, de crónica social y de discurso tan surrealista como hiperrealista que también le hace ojitos al trap, a la indietrónica o al pop maquinero.

Su disco de este año es, en realidad, una recopilación de singles del año pasado, pero lo mismo nos da que nos da lo mismo: Space Surimi están escribiendo una página completamente al margen de todo lo que está sucediendo en el cada vez más plastificado e insignificante territorio de la música urbana. Hay que decirlo más.

17. Joe la Reina – Esas nuevas modas (Subterfuge)

“Somos más libres que nunca: no hables así”, arrancan cantando Joe La Reina en su nuevo disco. Curiosamente metafórico que esa Nadie me representa hable con una frontalidad tan certera como entregada sobre lo que está pasando en el circuito musical, y de algún modo también con ellos: escudriñados en una especie de circuito marginal, su pop progresivo impone unas arquitecturas folk que recuerdan a Akron/Family, y quizá precisamente por eso muchos festivales y medios vean el toro desde la barrera.

Sin embargo, estamos hablando de un cancionero mayúsculo, repleto de texturas prácticamente inexploradas en el territorio de nuestra música alternativa: melodías que parecen cantos evangelistas o música de sanación en músicas que juegan con los matices que aportan huelen, todo el rato y a la vez, a cables y madera.

16. Julio De la Rosa – Hoy se celebra todo (Ernie Producciones)

Parece irónicamente positivo celebrar todo en una época en la que lo que estamos haciendo es tirándonos los trastos a la cabeza sin parar; pero Julio De la Rosa tiene cosas que celebrar. Sobre todo, la de haber firmado su disco más libre, a sabiendas que, de momento, decidió retirarse del directo para centrarse en su trabajo como compositor de laboratorio, o de estudio.

En esa atmósfera se forjó el cancionero del que fuera líder de El Hombre Burbuja: casi como la banda sonora de una película imaginaria (recordemos que es uno de los mejores compositores de bandas sonoras del país, como amerita su Goya por La isla mínima), pero también permitiéndose nuevas licencias en ese sonido de autor intimista, como coquetear con la spoken word, la landscape music, la música instrumental o el romancero entregado.

15. Ed is Dead – Your Last 48 Hours (Idioteque Records)

¿Qué harías sit e quedasen dos días de vida? Ed is Dead ha pensado mucho en ello. Tanto, que ha compuesto un álbum conceptual que emerge de la electrónica oscura para conectar con la EDM, las sonoridades post-punk, el soul o el r&b de voces como las de Alice Wonder, Lucía Scansetti o Nikki García, entre otras.

En este YL48H, el productor expande un beat venenoso, que se mueve a hurtadillas por la electrónica urbana, el house de dormitorio y la reflexión más intimista en un cancionero para bailar e imaginar tus últimas horas saltando desde un avión, bailando con tu familia, emborrachándote, hacer feliz a alguien, pelearse con otro o secuestrar a un político.

14. Jacobo Serra – Fuego artificial (Warner Music) [LEE NUESTRA RESEÑA]

El paso que Jacobo Serra inició en Icebergs encuentra ahora relevo en un conglomerado mayor: Fuego artificial, su segundo ejercicio largo, en donde coquetea con aires bastantes más modernos si lo comparamos con el sonido de Don’t Give Up, quizá demasiado encorsetado en la corrección pop y folk beatle, reduciendo su alcance al de la pasión por el Sonido Liverpool.

Ahora se cuelan sintetizadores, atmósferas indietrónicas, registros que van desde el margen del pop de autor de Iván Ferreiro (El activista bien podría ser del gallego) a los giros rítmicos de Vetusta Morla (la mano de Juanma Latorre, guitarrista de los tricantinos y productor de Jacobo Serra, se nota en canciones como La Brecha); pero, sobre todo, lo que se identifican son las maneras de autor, la firma propia y las marcas de agua de Serra, hasta ahora escudriñadas en márgenes más pequeños.

13. Chisme – Alcàsser 92 (Autoeditado) [LEE NUESTRA RESEÑA]

El año 1992 en el contexto español se recordará a lo largo de los años por los Juegos Olímpicos de Barcelona y por la Expo de Sevilla. Pero hay otro acontecimiento que marcó aquel año: el crimen de Alcàsser en el que tres niñas fueron secuestradas, torturadas, violadas y asesinadas en la localidad valenciana por Antonio Anglés (a día de hoy, con paradero desconocido, aún) y Miguel Ricart.

A 25 años de aquel año, Chisme ha decidido componer un disco que es, en realidad, una investigación poética sobre dicho crimen, pero desde la perspectiva de la mancha que supuso en el contexto de la España de 1992. En el repertorio se entremezcla una suerte de found footage, spoken word documental, crítica social, memoria histórica reciente y un devocionario que entremezcla indietrónica, tesis doctoral y laboratorio cancionista para reformar los males endémicos de nuestra historia reciente.

12. Antonio Lizana – Oriente (Sony Music)

El jazz y el flamenco mantienen una estrecha relación desde hace décadas, cuando exponentes de la talla de Jorge Pardo o Tino di Geraldo, por mentar solo a dos, comenzaron a inyectar tradiciones de uno y otro estilo indistintamente a sus canciones y en las colaboraciones en las que eran requeridos sus servicios. Pero quizá esa relación americano-española de las tradiciones de ambos territorios necesitaba dar un paso adelante. Y ahí es donde entra el hacer este jovencísimo y superdotado saxofonista.

Su giro ha sido mirar a la música oriental, algo que plasma no sólo en un álbum que explora las inevitables conexiones originales existentes entre el flamenco y Al Ándalus; pero redimensionándolo desde una óptica flamen-jazzy, tanto desde su cante, especialmente mestizo e híbrido, como desde su saxo, que se deja conquistar por sonoridades orientales para que el año cero del flamenco vuelva a contar de nuevo.

11. RecycledJ & One Path – Milagro (Autoeditado)

No seamos injustos con el circuito estatal de música urbana: hay quienes comunican sus discos como si fueran una nueva temporada de Netflix, abrazados en el suelo a dos gatos calvos y vestido de Armani; pero hay quienes también producen grandes discos que comienzan a abrir nuevas vías para lo que puede llegar a ser (el tiempo dirá si sí o si no) “el nuevo pop”.

Y en ese sendero nos encontramos una alianza tan imberbe como superdotada en materia urban: la de RecycledJ y One Path, dos de esos secretos a voces del circuito urban que aún no ha conseguido la proyección de otras voces de su generación; dos voces que se animan a moverse en unas atmósferas que van desde el pop de fórmula comercial hasta el r&b, la psicodelia, la indietrónica o el trap. Ambos han publicado más cosas en solitario, pero su encuentro en este álbum consigue mixturar las mejores facciones de ambos.

De momento, y como ellos dicen, tienen “más talento que dinero”. Esperamos que, si llega lo segundo, lo primero no se pierda como sí les ha pasado a otros compañeros generacionales.

10. Rufus T. Firefly – Magnolia (LagoNaranjaRecords) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

Se dice que el mejor artista no es el que copia, sino el que roba. Es evidente, y ellos mismos lo asumen, la inevitable influencia de Tame Impala, hacedores de algunas de las últimas grandes obras maestras del rock mundial.

Pero Magnolia es mucho más que eso: no sólo es un homenaje a las artes y la belleza precisamente en un momento en el que todo eso parece haber quedado eximido de los discursos públicos; sino que además rinde culto y pleitesía a un devocionario rockero que va desde Led Zeppelin a Deep Purple, Pink Floyd o Frank Zappa.

Rock progresivo, arquitecturas psico-pop absolutamente impredecible y lo más importante: unas melodías que se quedan adheridas en el paladar durante toda la duración de un álbum que no podría ser entendido con la categoría del imperio del single, sino de una obra circular, conceptual, hermana una canción de la otra, que se va edificando con cada escucha, cada nota y cada color.

9. Javier Díez-Ena – Theremonial (Munster Records) [LEE NUESTRA RESEÑA]

Consigue poner en tela de juicio las posibilidades de hacer un álbum con un solo instrumento. También lo hubiera sido si un músico decidiese hacer un disco solo con un bajo (como hizo la argentina Cam Beszkin años atrás en gran parte de su Andaba cruda) o con la voz (como hizo Hyperpotamus en sus álbumes), pero Díez-Ena lo ha hecho con uno de los instrumentos más inaccesibles, exóticos y casi desconocidos del circuito musical.

De ahí que su apuesta por crear una suerte de ritual o de ceremonia oscurantista, de falsa playa hawaiana en la que cohabitan guiños al jazz, a la cumbia, al doom, al pop electrónico, al ruidismo experimental o a los folclores orientales sea una auténtica rebelión del hombre contra la máquina, subvirtiendo los límites expresivos de un instrumento y, sobre todo, proyectando un universo tan rico y polifónico como caleidoscópico, jugando a la vez a la excentricidad y a la divulgación científico-musical.

8. Maria Arnal i Marcel Bagés – 45 cerebros y un corazón (Fina Estampa) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

Hay algo que sangra en las canciones del dúo catalán. Es cierto que las comparaciones son odiosas, y que el pensamiento automático llevó a gran parte de crítica y público en pensar en Arnal y Bagés como el relevo natural del sonido de Sílvia Pérez Cruz.

Sin embargo, el cancionero de este debut largo ha conseguido quitar ese sambenito, orbitando por fronteras diferentes: entre la devoción folclórica, los guiños a frecuencias indietrónicas y una sensibilidad sociopolítica que no sólo ayudan a reconstruir nuestra memoria, sino también el radio de amplificación de las sensibilidades que no se forjan desde el pensamiento, sino desde el sentimiento, lo que nos lidera. Magia negra entre sus manos para amarrarnos a las esferas necesarias. Han venido a rondarnos, y nos dejamos encantados.

7. RRUCCULLA – Early Sound Sketches (Suena Fuerte) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

Parece venida de otro planeta, pero en realidad Izaskun González es vasca. Lo que es de otro planeta es la manera, absolutamente desprejuiciada, imprevisible e impredecible de edificar canciones tan cerca del tribalismo salvaje como del free-jazz aplicado al post-pop, con inyecciones del dubstep, de la IDM, de la música experimental o de la performance salvaje.

Su ritmo productivo mete miedo: ha publicado seis álbumes en los últimos tres años. Este 2017 ha dejado dos, el último de ellos un disco solo de batería. En el caso de Early Sound Sketches, su escala de libertad roza los límites de lo imaginable: le come la tostada al grueso de artistas de circuitos como el jazz o la música experimental y consigue crear incidentes absolutamente hipnóticos para bailar espásticamente o viajar a planetas inexistentes que sólo habitan en sus canciones.

6. Rocío Márquez – Firmamento (Universal Music) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

La onubense piensa el flamenco desde varios pasos adelante: su zona horaria va varios años por delante ya no solo del flamenco tradicional, sino de la facción más moderna del cante jondo. Cuando los nuevos flamencos fueron, Rocío Márquez fue y vino 25 veces. Ya lo había demostrado hace unos años con El Niño (que elegimos Mejor disco de aquel año antes de que la bola se haga más grande); y con Firmamento vuelve a suceder.

Si bien aquí el factor sorpresa pierde fuelle (el disco es una suerte de complemento de un espectáculo en homenaje a Lorca que le encargaron desde el Teatro Real), estamos ante un nuevo manual de revolución flamenca: se combinan textos de Christina Rosenvinge o poetisas como Isabel Escudero o María Salgado con otros tradicionales que ayudan no sólo a resignificar el imaginario flamenco desde una perspectiva femenina (y feminista), sino que también redimensiona los límites de la música tradicional desde la perspectiva que da su alianza con una banda de músicos de cámara, tan cerca del jazz como de las suites clásicas.

5. Xosé Lois Romero & Aliboria – Xosé Lois Romero & Aliboria (Autoeditado)

Hay una nueva Galicia sonando, y nadie está hablando de ello. Y no, lo siento, pero Triángulo de Amor Bizarro no son la nueva Galicia. Y posiblemente, y junto a Baiuca (del que esperamos su debut largo en el primer tramo de año, tras esa espectacular mixtape que recopilaba sus primeros singles, grabados domésticamente), la propuesta capitaneada por Xosé Lois Romero es la más racial.

Ya tocaba que Milladoiro, Luar Na Lubre, Treixadura o Carlos Núñez tuviesen nuevos relevos; y la absoluta racialidad contemporánea de este disco respira folclore y futuro en cada movimiento: canciones que huelen a la Galicia rural pero también a su vanguardia cultural, ese legado de Castelao y Rosalía de Castro que va absolutamente adherido a las cunchas y panderetas que resuenan sobre esas armonías tan limpias como salvajes que Aliboria impone en unos cánticos tan neotradicionalistas como de una pureza extrema.

4. Delorean – Mikel Laboa (Elkar) [LEE NUESTRA RESEÑA]

Mikel Laboa y Delorean se encuentran en mitad del ring no para darse de hostias, sino para fundirse en un intenso abrazo: un trabajo colaborativo sin serlo, en el que Delorean trata de llevar parte del imaginario sonoro y cultural de Laboa a un terreno contemporáneo, en un proceso de resignificación de las claves del máximo exponente de la llamada Nueva Canción Vasca y el portavoz cultural más importante que ha dado el País Vasco en el Siglo XX.

¿Los viejos himnos de la canción popular ganan valor con el paso del tiempo? ¿Se puede hacer política resignificando herramientas de reivindicaciones de hace cuarenta años? ¿El nuevo baile de club se baila al ritmo de músicas folclóricas? ¿La experiencia es un peine que te dan cuando te quedas calvo? ¿Puede bailarse la canción protesta? ¿Aplicarán el Artículo 155 a Delorean por reivindicar la cultura vasca?

3. Rafael Riqueni – Parque de María Luisa (Universal Music) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

Con la muerte de Paco de Lucía y Juan Habichuela se perdieron a dos de los máximos exponentes de la guitarra flamenca. Sin embargo, quedan algunos otros, quizá algo desconocidos para el ojo público pero, sin lugar a dudas, absolutos iconos que han conseguido reescribir la historia del sonido flamenco de las últimas décadas.

Uno de ellos es Rafael Riqueni, guitarrista con una tortuosa vida y que, dos décadas después, aislado por motivos de salud (sufre bipolaridad) y legales (estuvo preso casi dos años por una suma de faltas), no sólo ha conseguido resarcirse este año con un tonel de galardones de prestigio (el último, el Compás del Cante), sino gracias a la publicación de Parque de María Luisa; un álbum importante no sólo porque supone el regreso de uno de los guitarristas más importantes del mundo (no sólo de flamenco, sino en general), sino porque es un auténtico devocionario de perfección técnica pero también poseedor de unos matices luminosos, de una atmósfera embriagadora que embellece el sonido de la guitarra flamenca desde una perspectiva casi operística; dotando a esa atmósfera barrial y de culto a su Sevilla natal de una belleza que encandila.

Es la última gran obra maestra de la guitarra flamenca, y no sabemos si volverá a haber otra a la altura de esta: da la sensación de que Riqueni es el único que podrá superar esta obra maestra definitiva de la guitarra flamenca, que incluso supera su considerada obra magna, Juego de Niños. Esto es un Juego de adultos muy serio. 

2. Rosalía & Refree – Los Ángeles (Universal Music) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

¿Gente de 15 o 20 años escuchando flamenco, llenando pabellones y yendo por primera vez en su vida a un teatro para ver a una artista de la Generación Millenial que consigue reiniciar el alcance de nuestra música tradicional? ¿Nuestros padres y abuelos escuchando la delicada y a la vez salvaje voz de una cantaora catalana de origen payo y recordando los cantes tradicionales de La Niña de los Peines? ¿Una cantaora que ha conseguido redelimitar el alcance del flamenco, colándose en festivales de música alternativa o rock, imponiendo una nueva interacción con el género español por antonomasia? ¿Una flamenca nacida en los años ’90 que lo mismo canta canciones de reggaetón, trap o r&b que se desgarra en canal en un quejío salvaje?

Sabíamos que el debut de Rosalía traería cola y funcionaría; pero no que su aportación a la música contemporánea sería tan importante. Rosalía no sólo no es la viejoven que se podía imaginar, sino que es una suerte de influencer flamenca tan respetuosa con la tradición como con las nuevas vías de conectar la sonoridad flamenca con vías alternativas, sin que se le caigan ni sus uñas postizas ni la inocencia de su juventud.

Es una carretera repleta de bifurcaciones, y que en su primer año en el candelero público ha conseguido resignificar el flamenco desde otras perspectivas, poniendo en circulación un producto transversal generacionalmente, pero a la vez repleto de sentío y emoción: una guitarra punk para reformular el alcance de las seguiriyas y el cante por bulería, sin que el flamenco se rompa ni se raje, sino que consiga llegar a sitios que nunca creíamos que llegaría. La importancia que tiene la existencia de una artista como Rosalía es tan grande como la categoría de su cante y su repertorio.

1. Rozalén – Cuando el río suena… (Sony Music) [LEE NUESTRA ENTREVISTA]

Suena en radios comerciales. La proyección de su cancionero se cuela tanto en festivales de música fusión como en talent shows televisivos o en el radio de las listas más seguidas de plataformas streaming. Su compromiso no sólo no se ha minimizado, sino (como nos ha confesado) se siente una mediadora y un altavoz para seguir combatiendo las desigualdades sociales. Su radio sonoro es tan amplio que ya es imposible clasificarla. María Rozalén se ha convertido en una de esas artistas transversales, apta para todos los públicos, capaz de tocar los palos que le dé la gana y seguir sonando personal y, sobre todo, de que todas sus canciones sean potenciales singles que sigamos cantando dentro de cuarenta años; algo que, en el panorama descartable de cancioneros de iconos del circuito comercial, es algo que no sucede desde los primeros discos de Estopa.

Además de la innata capacidad de edificar canciones de una arquitectura tan accesible como versátil, es especialmente importante el compromiso que tiene la manchega no sólo con su memoria, sino con la de todos. El componente romántico se combina con un cancionero forjado a través de un trabajo casi documental y autobiográfico (muchas de ellas son historias contadas por su abuela o experiencias familiares: su árbol genealógico canta mejor y más alto), sin miedo a tratar cuestiones como la memoria histórica, la violencia machista, los amores prohibidos, la religión, el drama humano detrás del terrorismo, la vida rural y, sobre todo, la libertad.

Lo que ha conseguido María Rozalén con su tercer ejercicio discográfico es prácticamente histórico. No sólo su alcance ha conseguido penetrar en circuitos comerciales sin perder la identidad de su discurso y su sonido; sino que, en las once canciones que forman parte de Cuando el río suena…, se cuelan inyecciones de canción pop, quejío folclórico (quizá más coplero que flamenco: ¿es la ‘neotonadillera’ que reclamábamos?), drum’n’bass, reggaetón, dub, folclorismos latinoamericanos, bolero, zarzuela, balkan beats o cumbia con la misma solvencia, convirtiéndola en una artista polifónica, sin el hermetismo de los límites de género, consiguiendo re-legitimar la canción de autor como, nuevamente, el circuito desde donde parten todos los géneros y lo más importantes.

<<Del 40 al 21>> / <<Del 20 al 1>>

Discos España 2017