26 noviembre, 2018. Por

2008, año 0 del nuevo indie

A una década del año que cambiaría para siempre la música independiente española
2008, año 0 del nuevo indie

A estas alturas del año, pero una década atrás, no éramos muy conscientes de lo que había pasado en el circuito alternativo español. Visto con perspectiva, y aún sin el empaque que han tenido otras generaciones como la de la Movida de los años ’80 o la eclosión de algunos movimientos pop durante los años ’90; el año 2008 debería comenzar a considerarse como el año que cambió no solo el circuito alternativo, sino que las fronteras entre lo underground y lo masivo firmaron su acta de defunción: una serie de discos y de proyectos debutantes cambiarían, al menos en estos siguientes diez años, el alcance y la dimensión del circuito pop español.

Ideas, etiquetas y subgéneros como “indie”, “alternativo” y “underground” comenzaron a ser parte de un debate cultural que aún ha dejado tiranteces: todos formaban parte de una escena, que en esta última década ha acercado posturas con el circuito comercial. Muchos de esos artistas que formaban parte de una atalaya elitista comenzaron a meter más gente que algunos de los productos más omnipresentes en los mass media.

En medio de unos años de convulsión y de adaptación al nuevo contexto digital, en donde ni el top manta funcionaba del todo, ni las plataformas digitales habían encontrado un nicho, en donde Facebook no reinaba y nos conformábamos con Tuenti y los últimos coletazos de Fotolog, la expansión de la cultura festivalera y de plataformas como MySpace, Bandcamp o Soundcloud marcaban una nueva pauta. Era la época en la que revistas como ARTO! de Madriz y el posicionamiento de espacios como Radio 3, Jenesaispop, MondoSonoro o Rockdelux encontraron a una generación que instalaba una nueva vía: los debates sobre si sí, si no, o si todo lo contrario en esta “nueva escena alternativa” comenzaba a remover los cimientos del antiguo indie pollavieja.

Pero, por encima de todo, están los discos: recordamos diez de esos discos que, diez años atrás, comenzaron a abolir las fronteras de género y a construir un nuevo espacio escénico en la industria musical. Diez discos que son historia viva y que, sin el amparo de ningún movimiento, forman parte del imaginario cultural, sonoro e industrial de la música española.

VETUSTA MORLA – UN DÍA EN EL MUNDO

Llevaban diez años buscando la oportunidad de algún sello independiente, pero solo recibían evasivas. Vetusta Morla habían publicado un EP (Mira) unos años antes; pero, tras una década dejándose oír en algunas salas representativas del circuito, los tricantinos lanzaron un órdago a grande: se publicaron ellos mismos el disco que revolucionó para siempre la escena independiente. Nada volvería a ser igual: una banda ninguneada por la industria (tanto la independiente como la comercial) se autogestionaba el gran globo sonda de la música española.

Un día en el mundo es un disco que sabía a recopilatorio de lo que consideraban lo mejor de sus diez años de vida, pero que también era la oportunidad para lanzar su carrera o morir en el intento. No solo lanzaron la suya, sino que se han convertido en un grupo-modelo a nivel gestión, trabajo, sonido e influencia; y, sobre todo, a nivel canciones: si en este debut no hay al menos tres o cuatro canciones que opositan para formar parte de los clásicos del (bien o mal) llamado “indie español”, que venga alguien y me aspe.

RUSSIAN RED – I LOVE YOUR GLASSES

A otra escala y en otro contexto, pero lo que vivió Russian Red en apenas unos meses poco tenía que envidiarle a lo que está viviendo Rosalía. Bueno, tampoco nos flipemos, pero la omnipresencia que Lourdes Hernández consiguió con sus primeras canciones calarían muy hondo: sí, cantaba en inglés; sí, el disco tenía cierto aire amateur en su producción; sí, ella no tenía antecedentes musicales.

Quizá por todo eso y por un cancionero irrebatible, se convirtió en la líder absoluta (y sigue siéndolo, aún habiendo dejado la música) de una nueva generación de artistas, que comenzaron a simular, con mayor o menor disimulo, su propuesta.

Hoy, la escena tiene mucho que agradecer a aquel disco, que no vendría exento de polémicas: conflictos legales con el sello que lo editó; declaraciones políticas que la distanciaron del pensamiento único de la escena; la expansión internacional de un proyecto que la llevó a recorrer todo el mundo hasta que decidió parar; y la confirmación de que estábamos ante una voz absolutamente reconocible, tanto cuando cantaba de la manera más cruda (como en Cigarettes) como cuando se acercaba al britpop más juguetón (They Don’t Believe). Obra maestra y punto.

MANEL – ELS MILLORS PROFESSORS EUROPEUS

Desde los cantautores de los años ’60 y ’70, nadie en Cataluña había conseguido trascender no solo dentro de la propia escena catalana; sino conseguir expandir su repertorio en el resto de la geografía estatal. Reivindicados por la élite cultural catalana, pero también por el público festivalero, indie, folky, de la canción de autor y hasta por Pep Guardiola, el debut de los barceloneses es otro caso de estudio.

Lideraron la ola de la llamada nova cançó catalana, junto a otros proyectos como El Petit de Cal Eril, Mishima o Els Amics de les Arts; y, diez años después, el grupo sigue siendo una de las referencias de la música catalana, pero también un grupo básico y central para que en festivales de toda España se cante, quizá por primera vez en muchos circuitos, en catalán.

EL GUINCHO – ALEGRANZA

El paradigma de que en España se podían hacer álbumes de influencia global lo marcó el debut del canario. Hasta entonces, Pablo Díaz-Reixa se había forjado en la escena punki barcelonesa, en la Generación BCore de los primeros dosmiles, con su grupo Coconot; pero el vómito psicodélico, psicotrópico, post-tropical y alter-electrónico que plasmó en Alegranza consiguió sacar de las catacumbas de nuestro underground una auténtica obra maestra de alcance global.

No solo porque lo dijese Pitchfork (que le dio un 8,3, uno de los tres discos españoles mejor valorados de la historia, solo superado por el Subiza de Delorean y El Mal Querer de Rosalía), sino porque el universo personal, entre palmeras, pájaros tropicales, ritmos que bebían tanto de América Latina como de África o del folclore canario, se fundían en una ensalada eléctricamente electrónica, que daba a la world music un chico nuevo en su oficina.

NUDOZURDO – SINTÉTICA

La banda madrileña estaba harta de intentarlo y de que los toreen, pero también convencidos de que tenían un artefacto más que digno como para que el rock moderno los erija como uno de sus nuevos escapularios. Así nos lo dijo Leo Mateos hace unos meses, cuando celebraron un concierto-aniversario de este, su disco más importante. Meses después anunciaron su separación, de la que aún están dando algunos últimos conciertos.

Pero ese no es el caso: Sintética no es post-punk ni rock alternativo, pero sí. Es difícil de explicar y de colocar en un terreno determinado el sonido de los madrileños, pero su propuesta, tan lírica y melancólica como tensa, rockera e indescifrable. Canciones como El hijo de Dios, Negativo, Ganar o perder o Ha sido divertido son himnos de una nueva oferta dentro del rock patrio que hacía ojitos a los más experimentales y poéticos de los años ’90, pero también a una generación en la que Nudozurdo, Triángulo de Amor Bizarro o Los Punsetes, cada uno en su parcela, tenían mucho que decir.

CHRISTINA ROSENVINGE – TU LABIO SUPERIOR

El final del siglo XX la encontró huyendo de la vorágine mediática y de la presión con la que vivía una de las figuras pop de finales de los ’80 y los años ’90. Tanto en su juventud con Álex y Christina, como en su transición rockera con Christina y los Subterráneos, como sus intentos por ser una actriz instalada en la gran pantalla, o sus primeros y algo fallidos álbumes en solitario, Rosenvinge sentía que o escapaba y se reiniciaba o no encontraría su identidad.

Sus tres discos en inglés tras instalarse en Nueva York en 1999 la convirtió en una artista más cerca de un registro anglosajón que español. Lou Reed la veneró y cuando llegaba a España era una especie de “musa indie” tan propia como ajena. Acabó siendo propia tras instalarse definitivamente en España, cuando vio la luz Tu labio superior, un álbum que desarrollaba las marcas más reconocibles de su voz y su manera de componer, pero que también la regresaba a escribir canciones en español, tan cerca de la canción de autor más lánguida, como de la veneración indie o de la apertura de una nueva vía creativa que la ha confirmado como una de las artistas indispensables para entender la relación de la escena alternativa española con circuitos más reconocidos por el gran público.

LOS PUNSETES – LOS PUNSETES

Entre tanta propuesta de corte solemne, tomándose todo demasiado en serio, aparecían unos estudiantes de audiovisuales de Madrid a cagar en la boca del circuito con un álbum tan cerca de la humorada como de la performance art-rock. Los Punsetes venían troleando desde su nombre; sus canciones los colocaban en un curioso espacio entre el post-punk o la no wave, y ecos incluso a la facción más caóticamente esteticista de la Movida de los años ’80.

Su debut era un devocionario de rock a cuchilladas, pero también sus directos eran (y siguen siendo) una rara performance situacionista, casi una crítica al músculo rockero, con una Ariadna que parece sacada de una galería de arte o de una película de Almodóvar, pero también de un desfile de Palomo Spain (diez años antes de Palomo Spain). Las cosas de los demás deberían darles igual; y, de hecho, les daba igual.

LORI MEYERS – CRONOLÁNEA

El debut, cuatro años atrás, de la banda granadina, parecía presagiar que estábamos ante un nuevo gran grupo para el circuito alternativo. “Los nuevos Planetas” decían en la prensa; y hasta la propia banda de Jota los amparó bajo su seno, situándolos casi como sus herederos, expandiendo el “Sonido Granada”.

Pero eso fue en 2004: luego vendría un álbum que pasó algo desapercibido y unos años en los que no sabía si lo de Lori Meyers había sido solo un fogonazo o había llegado para quedarse y liderar a una nueva generación pop. Acabó siendo lo segundo, por suerte para ellos y para Universal, que había creado un subsello (La Incubadora) para apostar por algunos proyectos indies y tenía miedo de que el tiro le saliese por la culata.

Cronolánea demostró que Lori Meyers tenía personalidad, que eran capaces de distanciarse del “sonido planetario”, de limpiar su sonido, de repartirse la autoría entre sus miembros, de que Noni tenía un carisma necesario para el circuito y, sobre todo, que canciones como Alta Fidelidad y Luces de Neón estaban listas para servir como singles-bisagra: fueron, junto con algunas de Sidonie y Dorian, de esas canciones que trascendieron al circuito mainstream, y que, a la vez, son himnos atemporales del indie patrio.

DELUXE – RECONSTRUCCIÓN

Quizá en aquel año pasó algo desapercibido, pero Reconstrucción acabó siendo el último álbum de Xoel López bajo el álter ego de Deluxe. El proyecto del coruñés se había ganado el espacio de una de las bandas más conocidas del circuito alternativo, sobre todo tras componer un hit como un piano como fue Que no. Pero, poco a poco, fue batallando contra el reclamo del éxito, abandonando el inglés, y publicando álbumes con diferentes objetivos sonoros.

A modo de despedida, pero también de recibir a un Xoel que comenzaba su etapa en solitario casi a la vez que enterraba a su álter ego, este Reconstrucción reunía 15 cortes de pop-rock que resumía a la perfección la identidad que había desarrollado en Deluxe, pero también lo presentaba como un cantautor alternativo en una escena que comenzaba a reclamar a compositores con una herencia mod y soul, pero con una visión incluso folclórica de la canción pop. Canciones como Reconstrucción (El mejor momento), El cielo de Madrid, Quemas o Historia universal (el amor no es lo que piensas) son clásicos básicos en su repertorio.

THE NEW RAEMON – A PROPÓSITO DE GARFUNKEL

Suele pasar a muchos artistas que han estado años con una guitarra eléctrica lanzando trallazos como truenos el querer bajar los decibelios, poder cantar sus canciones en la intimidad del salón sin despertar al vecino; pero, por lo general, acaban siendo intentos algo devaluados de la verdadera identidad eléctrica y rockera de su autor.

No ha sido así en el caso de Ramón Rodríguez, a quien conocimos por ser líder de Madee, uno de los grupos más reconocibles del circuito alternativo catalán en los primeros años del siglo XXI. Y es que, aparcando la etapa con su grupo e iniciando una nueva (y nunca mejor dicho) como The New Raemon, este “nuevo Ramón” lo era de verdad: su A propósito de Garfunkel es una colección de piezas de corte folk-pop-rock, letras absolutamente desnudas y confesoras y un repertorio indeleble que acabaría convirtiendo al músico catalán en uno de los básicos del pop alternativo de autor estatal, pero también en uno de esos tipos capaces de saber cuál es el sonido perfecto para equipar las canciones, como lo demostró no solo en su versátil pero siempre reconocible colección de álbumes, sino también como productor de proyectos como Manos de Topo o Javier Álvarez.

2008, año 0 del nuevo indie