14 febrero, 2017. Por

Dinero

Chicos rudos para la máquina pop
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Nadie se sorprende en Estados Unidos o el Reino Unido cuando grupos como Foo Fighters, Muse, Biffly Clyro, Nickelback, Foals, Thirty Seconds to Mars, Hoobastank o Seether se cuelan (o se colaron en algún momento no muy lejano) no solo en lo más alto de las listas de ventas, sino también en las radios comerciales.

En España eso es impensable, pero no de ahora: de siempre. Apenas ejemplos como Dover podemos citar en cierta órbita alternativa como abanderados de esa posible bisagra que nunca llegó a cuajar a la hora de maridar rock alternativo y radiofórmula. Hoy día, casi tenemos que celebrar que suenen artistas como Leiva, Fito & Fitipaldis o M-Clan en algún momento del día en los circuitos más comerciales o mainstream. Pero, ¿y si Dinero sirviese como ese eslabón perdido, ese grupo bisagra que nunca llegó a existir, y consiga que el rock alternativo se cuele en lo más alto de las listas sin prostituir el sonido del género?

CHICOS RUDOS PARA LA MÁQUINA POP

Dinero lo tienen. No el dinero, pero sí la pose, las canciones y la capacidad de ser lo suficientemente poperos para los rockeros más fundamentalistas y lo suficientemente rockeros para los poperos o indies más suaves. Lo tienen todo para que los odien ambas vertientes o para que los pueda llegar a amar todo el mundo.

Rudos y populares, su sonido no es nuevo en nuestro país (precedentes como Idioterne, Nothhink, Berri Txarrak, Hedtrip o Kuraia lo hicieron antes), pero sí su capacidad para lanzar melodías pop especialmente pegadizas, hits inmediatos que bien podría facturar Miss Caffeina o Lori Meyers de no tener un envoltorio cargado de luces distorsionadas y de riffs que extreman el AOR hacia una dimensión tan rauda y virulenta como eficazmente accesible.

VUELVE EL MEDIO TIEMPO

Quizá sea el medio tiempo, casi un subgénero cancionista a punto de extinguirse, la herramienta perfecta para que la facción pop radioformulera de los estribillos de Dinero pueda articular un nuevo discurso rockero en el circuito patrio.

Prueba de ello la vemos en canciones como Monstruos y Alimañas en la que se mueven casi en tres movimientos diferentes; en una Bajo cero que deja un pie en Temper Trap y otro en los estribillos épicos; o en un Jaque mate que hasta hace ojitos a la indietrónica de The Postal Service u Owl City.

CANCIONES ROCK PARA POPEROS; CANCIONES POP PARA ROCKEROS

Si bien grupos como Havalina, Triángulo de Amor Bizarro, Toundra, Nueva Vulcano, Disco Las Palmeras!, Juventud Juché o León Benavente ayudaron a imponer una convivencia normal y cada vez más habitual con el circuito indie más liviano desde su rock más o menos atronador (algunos más cerca del shoegaze, otros del post-punk, otros del krautrock o del stoner); la propuesta de Dinero no mira tanto (aunque también) a la conquista del circuito alternativo como sí la del circuito comercial. O al menos esa debería ser su lucha: no tanto sonar en 180 Grados o Turbo3, sino en los desayunos de Anda Ya o la lista de éxitos de Tony Aguilar sin que suene exótica su entrada ni que se inicie su expulsión y ataque desde el fundamentalismo indie.

Tienen la descarga virulenta, tienen la inmediatez pop. Un maridaje que convive sin romperse ni rajarse en canciones de tempo cortado, casi a lo Foals, permitiéndose tanto falsetes como sonido atronador (Mata Hari); dejando hits completamente intravenosos, de un acceso inmediato (Una noche más, El día del cambio y Armas sin filo parecen destinadas a sonar con la cortinilla de “en el número 1 de LOS40 de esta semana…”); se acercan a los Amaral de Hacia lo salvaje desde la solemnidad del rock moderno (Tan real); y hasta inician un despegue como epílogo a su planeta mixto (Omega).

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