21 septiembre, 2018. Por

Diana

Un escape room para una escort de lujo y un emprendedor atormentado
Diana

¿Cuántos ‘yoes’ somos capaces de identificar en nosotros mismos? ¿Hasta qué punto el juego de máscaras e identidades del Dr. Jekyll & Mr. Hyde es, de algún modo, una extensión de nuestra manera de funcionar en el día a día? ¿Es el “ser o no ser” la única opción o existen más variables? ¿Es tan extrema la distancia que separa un “sí” de un “no” o puede haber cierta ambigüedad en algunos matices? ¿Hasta qué nivel la sociedad moderna, sus automatismos y engranajes ejercen una presión de la que es difícil no solo escapar, sino maniobrar? ¿Son las esferas de poder una isla en la que solo se puede actuar con impunidad o hay maneras de verle las costuras?

Alejo Moreno, que había debutado hace tres años con un documental sobre Juan Sebastián Elcano, cambia absolutamente de tercio, y del mismo modo que demuestra que él también tiene varias caras como realizador (además de ese documental de corte histórico, lleva más de una década como redactor de Días de cine, el magazín cinematográfico de TVE), y se lanza en Diana a proyectar un poliédrico ejercicio en el que el cine de autor se mezcla con el cine negro, el thriller dramático, la crítica social, el cinema verité, el cine de guerrilla y la performance audiovisual.

«Entre los dos personajes, acaban componiendo una suerte de escape room reflexivo sobre los tormentos de la soledad y los mecanismos de defensa para salir indemne de ello; y con referencias constantes a Jekyll y Hyde: quién es realmente cada uno, quiénes creemos nosotros que son y quiénes querrían ser ellos, en realidad. Es en ese debate cuando el film gana enteros; pero pierde credibilidad cuando abandona es parcela»

En Diana nos presenta, por un lado, a Sofía, una prostituta de lujo (o “escort”) que trabaja en un piso de la Milla de Oro madrileña, cobrando 400 € la hora y teniendo una vida alejada de las dinámicas sociales, encerrada en su propia soledad, pero desarrollando una visión bastante particular tanto de la libertad como del empoderamiento femenino; y, por otro, a Jano, un emprendedor devenido en empresario modélico y de moda, líder de una empresa tecnológica que está viviendo un momento de cotización al alza y expansión a escala global.

Entre los dos, acaban componiendo una suerte de escape room reflexivo sobre los tormentos de la soledad y los mecanismos de defensa para salir indemne de ello; y con referencias constantes a Jekyll y Hyde: quién es realmente cada uno, quiénes creemos nosotros que son y quiénes querrían ser ellos, en realidad. Es en ese debate cuando el film gana enteros; pero pierde credibilidad cuando abandona es parcela.

«Lo único que acaba sosteniendo la película es una imponente Ana Rujas que, tras años fogueándose en series juveniles, cortometrajes de alcance menor y papeles secundarios en películas, por fin consigue demostrar su valor como una de las actrices con mayor margen de crecimiento de su generación»

Y es que, en esa obsesión por jugar al despiste, y por presentar una suerte de juego de espejos envenenado e impredecible, Alejo Moreno acaba configurando una película sin género, que vadea en muchas direcciones y en ninguna de forma muy irregular: cuando quiere abarcar cuestiones como la crítica del sistema sociopolítico y financiero, pierde facultades; cuando se acerca al cine experimental o de vanguardia, parece cutre; cuando pretende crear subtramas que tratan de hacer guiños al monólogo interior, cae en el maniqueísmo.

Lo único que acaba sosteniendo la película es una imponente Ana Rujas que, tras años fogueándose en series juveniles, cortometrajes de alcance menor y papeles secundarios en películas, por fin consigue demostrar su valor como una de las actrices con mayor margen de crecimiento de su generación: aunque las subtramas acaben haciendo girar su personaje como una peonza, defiende a Sofía no solo a través del carisma y el componente físico (importantísimo en este papel de escort de lujo), sino también dotando, en muchas direcciones, de componentes que van desde el sarcasmo a la comedia, del empoderamiento y la seguridad a la flaqueza y la duda, dándole una complejidad y un carácter que acaba siendo la única causa por la que aguantar hasta el final en la butaca.

Diana