11 mayo, 2017. Por

De la Puríssima

La santa herejía de reescribir la sicalipsis violando el templo sagrado de la tradición
De la Puríssima

“¿Estáis preparados para ser reliquias?”, amenazó anunciando lo que vendría en sus primeros minutos de show De La Puríssima. Galopando a paso lento, como en una procesión solitaria atravesando el Teatro de la Zarzuela en un paso estrambótico a través de una pasarela que gobernaba en diagonal el suelo del decimonónico teatro madrileño se preparaba para un ejercicio completamente necesario: el de reiniciar el folclore a través de un acto de herejía revitalizante, constructivo, por momentos sinuoso y en otros extremadamente controvertido, para rehacer la tradición.

La santa hereje, lideresa y bruja que quemaría la nave para limpiar el polvo (y la caspa) al Teatro de la Zarzuela no podía ser otra que una de las neotonadilleras que ha conseguido poner de acuerdo a los amantes más abiertos de mente de la música tradicional más castizo y los exploradores de las nuevas vías del teatro musical de variedades retromodernas: Julia de Castro, enfundada y equipada por un armazón de tres bandas en el concierto más icónico, simbólico y simbiótico de De La Puríssima, que además sirvió para poner en común Hagiografía, un espectáculo revolucionario, transgresor y subversivo.

No hay mejor manera de limpiar las trazas de caspa de aquello que lo tiene que hacerlo de forma brusca. De la Puríssima no tardó ni cinco segundos en escandalizar a los fundamentalistas y, de alguna manera, violar el templo sagrado del folclore tradicional: aterrizó con un espectáculo que reflexionaba sobre el culto a los santos para, precisamente, borrar de la psique el culto fundamentalista a la tradición más hermética instaurando nuevos pecados originales.

En esos primeros segundos y minutos de la noche, De la Puríssima se contoneó por el escenario con una chaqueta sin nada debajo, dejando ver sus atributos (¿qué pensaría Pérez-Reverte de esto? ¿escribiría sobre ello en su próxima columna dominical?), jugando a un sensual juego que se debatía entre el erotismo, el exhibicionismo y la provocación, algo completamente adherido a un género como el cuplé, como una suerte de Sharon Stone posmoderna, haciendo de Instinto Básico un tierno bebé que todavía se alimenta con gotero, mientras cantaba sobre felaciones, liberación femenina, ruptura de tabúes sexuales, roles de género y aniquilando la sumisión impuesta por la tradición judeocristiana.

Y es que De La Puríssima demostraron que el cuplé es un estado mental: repasó su repertorio más conocido y nos introdujo en el nuevo en el que está trabajando como si de un espectáculo de variedades o la presentación de un espectáculo de teatro musical que juega con las maneras del concierto y viceversa: tanto los ahora cuatro músicos de su núcleo duro (Miguel Rodríguez, Jorge Vera, Gonzalo Maestre y Amit Kewalramani) como el Cuarteto Quiroga (un cuarteto de cuerdas poco acostumbrado a acoplarse a este tipo de propuestas) y la fronteriza Orkesta Mendoza (recién llegados de Tucson, Arizona) dieron a luz un cuplé nuevo, coqueteando con músicas como la polca, la cumbia argentina, el bolero, el jazz, el trip-hop, el blues o el country, entre otros, pero sin dejar de citar a algunos de los personajes que pueblan el imaginario lírico del proyecto, desde Santa Frígida y La alemana hasta el icónico Chapero o ella misma, mutando en esa Aplanadora – Caminadora, entre otra fauna pecadora de la pradera imaginada por Julia de Castro.

No sabemos si De la Puríssima llegaron para ponérselo difícil a los santos. Lo que sabemos es que el pasado martes 9 de mayo escribieron en el suelo de la Zarzuela con sangre, sudor y flujo la primera página de una nueva sicalipsis, que debería permanecer para siempre adherida al nuevo culto a la tradición y el folclore, para que todo aquel que pose sus pies y sus cantes en el templo original del folclore castizo, reaprenda a hacerlo.

jotamusi

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