31 mayo, 2018. Por

Daniel Jándula

“Que cualquier problema sea tan general como particular ayuda a relativizar un poco todo y a sentirnos menos importantes”
Daniel Jándula

Daniel Jándula es un escritor domiciliado en el humor. Aunque trate temas muy serios, nunca esconde una carcajada como traca final: una copla con la que intenta restar importancia a lo previamente dicho. Quizá como escudo humano ante tanto desasosiego – si no nos queda el humor, ¿qué nos queda?

Este desasosiego es lo que ha plasmado en su último libro, cuyo título, Tener una vida, ya da muchas pistas. Una obra en la que el autor plasma la insatisfacción en la que viven muchos seres humanos, a los que también les da una herramienta para superar los problemas: el libro es un ejercicio de estilo que hace uso de la física cuántica para intentar cambiar “nuestra forma de observar los conflictos”. O más concretamente: abrirnos los ojos ante la realidad de que “cualquier problema es tan general como particular”, por lo que “nos ayuda a relativizar un poco todo y a sentirnos menos importantes”.

“Me gusta pensar que el personaje es alguien en quien no me querría convertir de ninguna manera: tiene más de mis miedos, de las cosas que no me gustan de mí, que de las que realmente yo pongo delante de los demás”

Para tener una vida, ¿hace falta estar vivo?

Sí. Más que estar vivo lo que hace falta es preguntarse por la vida.

Básicamente es esto lo que engloba la totalidad del libro: el protagonista se pregunta continuamente sobre su vida.

El protagonista se está preguntando continuamente sobre su vida, dando vueltas sobre cosas que creía que estaban superadas. Yo creo que hace falta cuestionárselo todo.

Esto lleva al protagonista a encontrarse en una situación límite en la que no es capaz de rebatir ese desasosiego que tiene por dentro.

Yo creo que a mí me ha pasado igual que al protagonista. No termino nunca de despegar. Actualmente estoy escribiendo sobre cómo han ido las presentaciones y me he dado cuenta de que una vez que comienzas con el proceso de preguntarte sobre la vida, ya no puedes parar. Y el problema es que cada vez vas a cosas más pequeñas que al resto de la humanidad le dan igual, pero que para ti son asuntos de vida o muerte.

Tras sufrir tú el proceso y volcarlo en la literatura, ¿por qué crees que tenemos los seres humanos esa necesidad de autoexigirnos?

Yo diría que aunque nos cueste admitirlo, estamos muy insatisfechos. Todo el tiempo tenemos esa sensación de que nos falta algo y no sabemos qué. A mí me pasa. Es algo que no puedes evitar. Como un pequeño ruido que está ahí de fondo y que no consigues quitártelo de encima.

A nivel de especie, yo creo que todos, en mayor o menor medida, podemos percibir eso; que en un momento de nuestras vidas tenemos que planteárnoslo todo. Le hemos puesto la etiqueta de “crisis de los años no se qué”, pero yo creo que tiene que ver con algo más existencial. Ahora mismo yo estoy cerca de los 40 y me veo mucho más tranquilo que nunca. Quizá es porque he pasado las crisis antes. O quizá todavía no las he pasado y me quedan un montón de cosas por plantearme y no ha llegado el momento (risas).

Portada de su último libro, ‘Tener una vida’

Por esto que has ido desvelando, se puede apreciar que el protagonista del libro bebe mucho de Daniel Jándula.

Esto es algo que siempre me ha parecido muy raro. Cuando yo empecé a hablar del libro, no tenía esta impresión. Pero cada vez más, me estoy dando cuenta de que he puesto mucho de mí en el protagonista. Quizá más de la cuenta. Pero son cosas que veo yo, que no creo que el lector las perciba. Yo diría que mucha de la inseguridad, de la necesidad de autojustificarse y de buscar excusas para todo que tiene el personaje, son cosas mías completamente. Luego hay otro tipo de cosas que no las identifico. Me gusta pensar que el personaje es alguien en quien no me querría convertir de ninguna manera: tiene más de mis miedos, de las cosas que no me gustan de mí, que de las que realmente yo pongo delante de los demás.

“Aunque nos cueste admitirlo, estamos muy insatisfechos. Todo el tiempo tenemos esa sensación de que nos falta algo y no sabemos qué”

Vuelcas tus peores atributos en el protagonista, un tipo que no se encuentra a gusto con su vida…

Sí, es muy gracioso porque el otro día vi una opinión a mi libro. En ella, un tipo hacía una mala crítica a Tener una vida. Esto me mosqueó porque me atacaba a mí, no al libro. Entiendo que la obra no le puede gustar a todo el mundo, que habrá muchos lectores que la leerán y no les guste, o piensen que no vale. Pero es que en la crítica parecía que ponía en duda mi trabajo. Más tarde, después de releerla, fui consciente de que no atacaba mi trabajo. Cuando lo analicé bien, me di cuenta de que hablaba de lo que el libro le había despertado. Pero esa primera impresión de que me estaba atacando personalmente, no me la podía quitar de encima. Por eso te digo que yo creo que, sin darme cuenta, puse demasiado de mí en el libro.

Al final un libro es como un hijo sobre el que vuelcas muchos sentimientos propios.

Sí, pero un hijo al que le he quitado la herencia. Un hijo no reconocido (risas). Cuesta mucho reconocerlo, sobre todo cuanto más tiempo pasa, ya que estás con otra cosa. De hecho, me pasa con mi anterior libro, que tiene ya ocho años.

El escritor leyendo su libro

Como decía antes, se trata de un personaje sobre el que vuelcas todos tus atributos, un tipo que no se encuentra… pero que su rasgo principal a la hora de abordar estos miedos es dejar que la vida vaya avanzando, la no toma de decisiones.

Él intuye que el ser humano es una posibilidad: que no hay un bien o un mal en él. Yo creo que él ha detectado eso y para él las decisiones no son buenas o malas. Entonces convergen en él dos rasgos: el de no poder dejar de darle vueltas a lo que podría haber hecho, pero al mismo tiempo se da cuenta de que le va bien que las cosas pasen. Si puede evitarlo, no va a tomar decisiones.

En este sentido de la no toma de decisiones, de dejar que todo fluya, el personaje tiene otra característica: se trata de un flâneur quieto, inmóvil.

Sí. Él anda mucho, pero en su salón. En eso es otro atributo que me reconozco yo: voy de un cuarto a otro, cambio las cosas… Eso creo que se lo he pegado. Sobre todo el inicio, cuando pierde un avión aposta, tiene mucho de real: el poder haber viajado, pero no haber tomado la decisión de hacerlo y al mismo tiempo estarte preguntando cómo sería el haber ido, cómo sería ese sitio. Estas cosas de viajar por los mapas y mentalmente, más que físicamente.

“El libro es un juego relacionado con cómo podríamos juntar dos puntos de vista diferentes en la misma persona. Cómo dos visiones diferentes sobre un mismo tema pueden vivir en un mismo ser”

Esta característica, es la base fundamental de la literatura: andar, vivir, experimentar… pero sólo con la mente.

Claro. El viaje que hace el Quijote, Cervantes lo escribió en muy poco espacio. Y sin embargo recorres millas y millas. Yo creo que la literatura cambió mucho con la exploración. Cuando el mundo europeo cruzó el charco, el modo de contar historias se reformuló completamente. De escribir sobre el viaje antes incluso de haberlo hecho. Esto es un rasgo muy de ahora, pero que tiene sus raíces ahí.

Al ser un flâneur imaginativo, esto hace que cobren mucho peso las descripciones.

Sí, no había otra manera. Hace poco terminé el libro Los mecanismos de la ficción de James Wood, en el que el autor critica la descripción a raíz de fotografías. Dice que esto es muy fácil contar historias a partir de ahí. Esto me llamó mucho la atención, porque a mí no me parecía nada fácil. A mí lo que me pedía el ritmo de la novela era que saliera fuera. El rodearme de imágenes estáticas y construir la trama a partir de ahí, hacer que el viaje fuera muy imaginativo, no me resultaba nada fácil. En este caso por lo menos.

Para llevar a cabo todo esto, haces uso de la ciencia ficción, del amor, de la historia (española y argentina), la ciencia… Una mezcla muy surrealista.

Creo que no sé hacerlo de otra forma. Me salió solo. Yo, como lector, soy muy de picotear, de empezar mil cosas y dejarlas. Esta mezcla de géneros yo creo que ha sido muy natural. Esto también me ha llevado a no centrar la historia en ningún momento histórico concreto: he intentado que fuera lo más aséptico, que el resultado fuera universal temporalmente. Intentaba desactivar este tipo de pistas que hacen que hasta que no le ponemos un marco concreto al libro, parece que no podemos avanzar.

En definitiva, el libro es una exploración interior acerca de la vida que llevamos, hasta qué punto nos es satisfactoria. Pero también las diferentes visiones de un mismo punto que puede haber en una persona.

Para mí el libro también es eso: un juego relacionado con cómo podríamos juntar dos puntos de vista diferentes en la misma persona. Cómo dos visiones diferentes sobre un mismo tema pueden vivir en un mismo ser. Lo que tiene que ver mucho con la física cuántica, que la veo muy interesante.

 “La literatura cambió mucho con la exploración. Cuando el mundo europeo cruzó el charco, el modo de contar historias se reformuló completamente. De escribir sobre el viaje antes incluso de haberlo hecho”

Desarrolla un poco más esto.

El planteamiento básico de la física cuántica es que lo que ha cambiado es nuestra percepción de los fenómenos. Al irnos a una escala tan minúscula de la materia, que en realidad es imposible de asimilarla, lo que ha cambiado realmente es nuestro modo de asimilarlo, nuestro modo de comprenderlo. Yo quería hacer un ejercicio muy de ese estilo, de que cambiara nuestra forma de observar un conflicto y no tanto que acabe bien o acabe mal, sea generacional o no. Siempre digo que es generacional, pero también es muy particular.

Juegas continuamente con esos dos planos: el general y el particular. Con ello de muestras que todo lo general es particular, y que todo lo particular es general.

Totalmente. Que cualquier problema puede es tan general como particular. Esto ayuda a relativizar un poco todo y a sentirnos menos importantes (risas).

Hay un punto que dices que la gente que no lee es perjudicial, pero los que leen pueden ser todavía más perjudiciales según los libros que escogen. ¿Es perjudicial leer Tener una vida?

Yo siempre voy a decir que es mejor leerlo, aunque sea por buscar lectores (risas). Y que si no lo lees, te perderás algo. Pero al mismo tiempo, también he de decir que tampoco sé explicar porqué. Una razón puede ser que es corto, y eso siempre ayuda (risas). Yo creo que esto tiene que ver con la idea que he lanzado en la pregunta anterior, la de las dos visiones diferentes sobre un mismo ser. Cuando queremos describir lo que está bien o lo que está mal, nos centramos únicamente en una cosa. Pero en realidad son una mezcla de varias.

En este sentido creo que hay dos formas de leer el libro: desde la forma literal, pero también como si todo lo que ocurre sucediera en otra dimensión y que el tipo realmente hubiera tomado el avión y que hubiera desaparecido. Otra opción que me introdujo una lectora y sobre la que no había caído, y que tiene que ver mucho con la física cuántica, es que el protagonista esté y no esté al mismo tiempo. Parece que me estoy saliendo de la pregunta, pero tiene mucho que ver con ella, ya que hay muchas posibilidades sobre un mismo asunto.

“El libro es un juego relacionado con cómo podríamos juntar dos puntos de vista diferentes en la misma persona. Cómo dos visiones diferentes sobre un mismo tema pueden vivir en un mismo ser”

La pregunta iba más enfocada hacia despertar el desasosiego que siente el protagonista en el lector o que sirva para calmarlo.

Secretamente, yo creo que a todos los autores nos encanta despertar sentimientos en los lectores. Tampoco tengo la clave de a qué tipo de persona le va a despertar desasosiego y a cuál lo va a calmar. A mí personalmente sí me ha despertado más impresiones que yo creía bien situadas, cosas que yo creía superadas. Yo sí me he dado cuenta de que para nada era así. Yo creo que el libro puede producir eso.

Yo decía esa cita porque al final el narrador es un tipo que se ha criado con libros, que ha pensado mucho en las cosas. En este campo de la cultura, él cree que es mejor lanzarse que quedarse a medias. Hay varios picos en la novela en los que él se da cuenta de que algo falla, pero realmente no se da cuenta. El lector yo creo que lo tiene más fácil para verlo.

Daniel Jándula