| Rineke Dijkstra exposición en CaixaForum de la artista holandesa. fotografía y videoinstalaciones Tienes una oportunidad única para ver en España la primera gran exposición de la artista holandesa Rineke Dijkstra (Sittard, 1959). Setenta fotografías y dos videoinstalaciones forman la muestra Rineke Dijkstra. Retratos, comisariada por Hripsimé Visser y que puedes visitar en CaixaForum de Barcelona hasta el 21 de agosto. Un día de 1991, Rineke Dijkstra se autorretrató en la piscina. A partir de ese momento comenzó una nueva manera de retratar. Hasta hoy su obra se plaga de fotografías en las que elige espacios vacíos y neutros y sitúa en ellos a jóvenes en un momento de evolución, de cambio. Saca a los protagonistas de su hábitat, los sitúa frente a la cámara y nos pregunta, y se pregunta, sobre los procesos de creación de identidad, sobre la evolución de cada uno y la relación de nuestra imagen con lo que nos rodea. La exposición se divide en diferentes series de fotografías: retratos de jóvenes en la playa, toreros después de la corrida, jóvenes militares, madres que acaban de dar a luz, niños…Todos ellos tratados desde el mismo punto de vista formal: en un espacio de luz neutra y de aparente simplicidad las figuras aparecen fuera de su espacio, despojadas de su ámbito. Se muestran plácidas pero inquietantes y se transforman en imágenes genéricas, en ejemplos de todo un grupo social. Las madres que acaban de dar a luz se sitúan frente a la cámara con señales del parto y con bebés todavía enrojecidos. Los niños, siempre serios, miran a la cámara sin tapujos, según Dijkstra son ellos los más fáciles de retratar debido a su inocencia. Los rostros de los toreros aparecen manchados, sucios después de la faena. Los jóvenes militares israelíes, los retratos en la playa… Todos ellos de generaciones cercanas a la artista, edades por las que ha pasado y con las que se identifica. La búsqueda de la identidad social queda patente en la videoinstalación El Buzzclub, en la que varios adolescentes de un barrio marginal de Liverpool acceden a la petición de la autora. Salen de su entorno y copian su comportamiento habitual en la discoteca, bailan, se besan. Pero esta vez sin música, delante de una pared blanca y frente a una videocámara. Nadie se queda indiferente después de recorrer la exposición de Rineke Dijkstra. Sus fotografías y videoinstalaciones parecen dar a entender que no es a nosotros a quién nos miran los rostros, sino a ella. La extrema simplicidad de su quehacer fotográfico anima sin duda a un encuentro inquietante y directo con el retratado. Acaso quiere mostrar aquello que en un primer instante no vemos, aquello que trasciende la propia personalidad del que se coloca frente a su cámara. |