7 febrero, 2017. Por

Cuestiones con Ernesto Che Guevara

Un debate ético-político sobre escena
Cuestiones con Ernesto Che Guevara

La última noche del Che Guevara. Un agujero negro del que poco se sabe. Últimas horas de un revolucionario, apresado en esa escuela cubana a la espera de la ejecución. Es en este lugar abierto a la especulación, como espacio más mental que físico, donde se ubica Cuestiones con Ernesto Che Guevara, la función que ha regresado a las tablas de Plot Point (apropiadamente, después de la muerte de Fidel Castro).

Cuestiones con Ernesto Che Guevara nos presenta a este Che a la espera del alba, una noche perturbada por la anacrónica aparición de una profesora a quien la Fundación Guggenheim ha otorgado una beca para, precisamente, investigar acerca de qué pudo pasar durante esa última noche del Che (divertida la reflexión sobre la paradoja del capitalista feroz aportando dinero para este tema). Aparte de estos dos personajes, otros múltiples harán fugaces apariciones (Interpretados por un solo intérprete): el último guarda del Che o Fidel Castro, entre otros.

La función se establece en una batalla dialéctica entre el revolucionario, hombre de acción que reclama y reivindica la violencia como única vía para el cambio, o esa profesora, que le indica lo erróneo de esa postura que ha llevado a muchos a la muerte. Cuestiones con Ernesto Che Guevara no es un arrebato panfletario, ni mucho menos; sino un combate dialéctico, ético-político, con ritmos casi de suspense, que cuestiona una figura incuestionable para muchos (tanto de los detractores como de sus seguidores) y los distintos caminos de un cambio necesario.

El texto de José Pablo Feinman evita con criterio las apologías variadas para crear un juego dramático que engancha, muy interesante, al que el director Carlos de Matteis imprime un ritmo que nunca decae. La puesta en escena, austera, juega con esa anacrónica aparición de la profesora para crear cambios en el ambiente que se respira en escena. Una escena presidida por tres actores sencillamente perfectos, porque si la seguridad e imponente presencia de Juan Martín Gravina como ese Che Guevara (¡igualito que ese Che de Evita, vamos!) se complementan a la perfección con los cuestionamientos y la duda en de esa fantástica profesora dibujada Marina Skell, José Luis Lozano también consigue bordar y airear la función con sus múltiples personajes.

Pero lo más interesante de Cuestiones con Che Guevara está a la salida, cuando uno se encuentra devanándose los sesos para poder tomar partido sobre las cuestiones (valga la redundancia) que plantea la función. Sobre las diferentes vías para el cambio y lo válido o no de ellas. Una función interesantísima, muy amena (porque podía ser un auténtico ladrillo, no nos engañemos) y tremendamente efectiva, tanto a nivel teatral como para convertirse en detonante de debate.

 

Cuestiones con Ernesto Che Guevara