23 abril, 2018. Por

Cruz Cafuné

La ‘otra’ primera persona del nuevo rap español tiene acento canario
Cruz Cafuné

Hace unos tres años que el ábrego sopla sobre la península ibérica descubriendo las coordenadas de una escena de hip hop canario que, por fin, cristaliza en un álbum redondo que da respuesta al interrogante que se venía dibujando sobre las islas. Y es que Maracucho Bueno Muere Chiquito sintetiza todas las virtudes locales de canarias, desde la originalidad de Bejo, a los ritmos latinos de Maikel De La Calle, pasando por el propio corte de Cruz Cafuné: una visión romántica del cambalache insular y las relaciones, entretejida en las ansias de éxito y paz.

Esta vez,  envuelto en sonidos de principios de los 2000s actualizados y edulcorados por su herencia venezolana y que se deslizan entre referentes como Kendrick Lamar o Bon Iver. Así, en una escena como la del urban tan amplia y difusa como internet y la oposición a géneros musicales concretos quieran, un álbum como este era necesario. El motivo es sencillo: tras él se oculta un relato en primera persona.

«Si bien es cierto que el ‘Ídolo’ de C. Tangana fue quizá el primer álbum de urban español que narraba una historia, ‘Maracucho Bueno Muere Chiquito’ nos ofrece un relato más pirri, más cercano y, por lo tanto, más revelador en lo que a las gentes y realidad de la  propia escena se refiere»

Justo en este punto reside su necesidad, pues el urban parece estar compuesto por una serie de skits narrativos de no más de tres minutos bastante repetitivos, despersonalizados y paradójicamente ególatras, y no de historias o biografías con un protagonista. Y si bien es cierto que el Ídolo de C. Tangana fue quizá el primer álbum de urban español que narraba una historia —en esta ocasión de ambición e industria pero con la misma carne y hueso que el gato de su portada—, Maracucho Bueno Muere Chiquito nos ofrece un relato más pirri, más cercano y, por lo tanto, más revelador en lo que a las gentes y realidad de la propia escena se refiere.

Amor, redención y triunfo son los tres pilares conceptuales sobre los que se articula esta historia que bien podríamos resumir con un recorte o advertencia de Ahí Fuera que reza: “Ahí fuera, no hay reglas, todo vale en el amor y en el ganar tus perras”. Pues quien venga buscando al Cruz Cafuné de hace tres años, al canario amable y nostálgico de los remixes, al que traía “jezzus peace”, lo podrá encontrar si se sumerge en las entrañas de los quince tracks; pero lo que primero encontrará, será a ese “majalulo” que “habla de amor y le temen”, ese mismo que cierra el disco abrazando el pasado  con una voice-note de una cría que canturrea:

«Fiolo, reza fiolo, que no sabes quién te puede joder. Amén…”

Cruz Cafuné