8 noviembre, 2018. Por

Cronología de las bestias

Una obra más cinematográfica que teatral con ecos a Atom Egoyan
Cronología de las bestias

La vuelta inesperada de un hijo desaparecido es el punto de partida de Cronología de las bestias, el montaje que se pudo ver hace unos meses en el madrileño Teatro Español y que ahora llega al barcelonés Teatre Lliure de Gràcia. Una función escrita y dirigida por Lautaro Perotti y que indaga en la psicología de unos personajes (y sus mentiras) en un ambiente oscuro, asfixiante, con aromas de Atom Egoyan y sus retorcidos dramas familiares (aunque sin llegar a la maestría del canadiense. que eso es complicado, claro).

Lautaro Perotti consigue crear una atmósfera inquietante, apoyado en gran medida en el diseño sonoro, de iluminación y a esa fría escenografía y sus árboles pelaos. Lo que sucede es que, a pesar de mantener el interés y de un punto de partida más que interesante, Cronología de las bestias tiene algunos puntos débiles que lastran su desarrollo: desde ciertos detalles de la dramaturgia que no llegan a convencer del todo (también estructurales, como por ejemplo ese chorreo de flashbacks del final que habrá a algunos que les encante por su intensidad y a otros que les parezca una solución fácil y en exceso explicativa; nosotros somos de los últimos) a un ritmo complicado. Las primeras escenas funcionarían a las mil maravillas en pantalla grande, pero en teatro se hacen morosas. Y es que Cronología de las bestias tiene un sentido del tiempo y del entretejido de las escenas interesante y sugerente, muy de thriller psicológico de los noventa, pero más cinematográfico que teatral.

“Las primeras escenas funcionarían a las mil maravillas en pantalla grande, pero en teatro se hacen morosas”

Lo que no se puede negar es que su reparto realiza una labor magnífica. Desde el cura de Jorge Kent (que, aunque el actor realice un magnífico trabajo, también hay que decir que un personaje tal vez prescindible), hasta por ese primo que da un poco de yuyu de Santi Marín, duro, en su lugar y decidido en todo momento. A destacar la primera incursión (y por ello más meritoria) en las tablas de un Patrick Criado espléndido en ese papel del hijo pródigo desorientado y extraño con una interpretación equilibrada y sin aspavientos y la gran Carmen Machi, que también pisa por primera vez las tablas del Español (aunque, a diferencia de su compañero, el resto de escenarios los tiene bien vistos) y que se las tiene que ver con un personaje muy complejo, la madre, del que arranca momentos prodigiosos pero al que da la sensación que todavía tiene que encontrarle el punto (se percibe una cierta incomodidad, pero no como personaje dentro de la ficción sino como actriz).

Y, por último pero no menos importante, un personaje “secundario” (entre comillas) pero de los que se llevan la función de calle: el de Celia, la hermana algo inocentona, frágil e ida que interpreta Pilar Castro. Un ser al que todo el mundo deja de lado que en manos de esta actriz se hace inmediatamente con las simpatías del público, alcanzando un equilibrio perfecto entre drama y comedia en su interpretación. Sólo por ella ya habría que ver la obra.

“‘Cronología de las bestias’ tiene un sentido del tiempo y del entretejido de las escenas interesante y sugerente, muy de thriller psicológico de los noventa, pero más cinematográfico que teatral”

El caso, que como ya pasara con el último montaje como director de Perotti, Siempre me resistí a que terminara el verano, esta Cronología de las bestias tiene muchos detalles interesantes y sobre todo atmósfera, pero no llega a ser redonda del todo. A pesar de ello, sigue mereciendo la pena por unas espléndidas interpretaciones y gustará (mucho) a quienes disfruten con este tipo de retorcidas y oscuras historias llenas de secretos y mentiras.

Cronología de las bestias