4 junio, 2018. Por

Creepy-cutie

Tres artistas entre lo repulsivo y lo adorable
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En 1936 se expondría por primera vez la obra de Meret Oppenheim, Juego de desayuno de piel, formada por una taza, un platillo y una cuchara forradas de pelo. Alfred H. Barr, el comisario de la exposición de objetos de la galería Ratton escribiría:

“Como la famosa metáfora de Lautréamont, el encuentro de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección, y los relojes blandos de Dalí, la taza envuelta en piel hace real de una manera concreta la inverosimilitud más extravagante. La tensión y excitación que produjo este objeto en decenas de miles de norteamericanos se tradujeron en ataques de rabia, carcajadas, hastío y éxtasis”

Los surrealistas, inspirados por las teorías freudianas y la influencia metafísica de Di Chirico, llamarían la atención sobre la importancia del objeto, su importancia en cuanto a entidad propia. En su ensayo Crise de l’objet (Crisis del objeto), publicado poco después de la exposición de objetos surrealistas, André Bretón resumió el subversivo cambio de funcionalidad de los objetos de uso y su transformación en enigmas, que él proponía, hablando de “acosar el animal rabioso del uso”.

La idea de un extrañamiento de los objetos y de su consiguiente distanciamiento de la realidad se realiza en Juego de desayuno de piel de una manera tal que provoca el efecto absurdo y de sorpresa buscado por los surrealistas, consiguiendo que los objetos muestren nuestros deseos ocultos, aquello que late subterráneo, las compulsiones y los problemas de la psique individual y global.

De la misma manera que estos artistas desvelaron una parte de lo libidinal oculto (y la misma esencia del fetiche) en la sociedad, Ronit Baranga, Fiona Roberts y Qixuam Lim vienen a proponer lo mismo, pero desde nuestra perspectiva post(todo) en la que la sobre todo la identidad y el cuerpo toman parte de este imaginario de nuestro tiempo.

RONIT BARANGA, entre tentación y disuasión

Con Ronit Baranga, los daemon y las criaturas del mundo esotérico toman terreno y se vuelven visibles, creando una fantasía enraizada en los mitos y leyendas antiguas. Su obra consigue relatar un cuento de varias capas, a través de las relaciones entretejidas entre los objetos, los personajes y el espacio.

Cada encuentro con sus obras provoca con tensión mixta, entre tentación y disuasión, haciendo eco del torbellino de emociones que se acumula en la escena; en Mimosa Pudica crea una instalación en la que el busto de una mujer está rodeado de manos que salen directamente de la pared (de la misma manera en la que podemos ver en la famosa escena de Repulsión de Polanski) este clima de tensión se acentúa cuando el cabello de la figura queda enredado entre las manos.

Escena de ‘Repulsión’, la película de Roman Polanski

Aludiendo así al cuerpo de mujer y a la relación entre este y la propia sociedad, del que parece propiedad. Además de establecer una metáfora entre la misma sensibilidad de este cuerpo femenino y la delicadeza de la planta Mimosa Pubica, cuyas hojas se cierran al ser tocadas. Como dice en su propio blog su obra está cargada de metonimias.Cada vesícula, cada objeto tiene su propia personalidad, pero no nos quita del contexto original de la porcelana“.

El protagonismo de los objetos cotidianos se ve reflejado en sus vajillas hundidas, moldeadas por dedos, por manos y bocas que salen de la nada y se abren ante el espectador.

Obra de Ronit Baranga

FIONA ROBERTS, el arte melenudo

El arte de la australiana también hace referencia a lo oral, poniendo todo enfásis en la referencia a ese objeto extraño de los surrealistas, como ocurre en Cropped Hairbrush, un cepillo formado el mismo por una mata de pelo. Precisamente la utilización de este elemento tiene una curiosa importancia en su obra, como ella misma dice: “El pelo, está lleno de simbolismo- los folículos están debajo de la piel, asociando el pelo con el interior y lo secreto. Pero al salir fuera el aire es potencia, poder y Pantene“.

Las reflexiones sobre el espacio cotidiano también tienen cabida en el arte de Fiona, como ocurre en Façade y en Intimate Vestiges, donde explora el espacio cotidiano de un hogar añadiendo esos elementos antropomórficos que emborronan el discernimiento entre lo que es el hogar y las propias personas que lo habitan.

Estos espacios que habitamos llegan a ser tan importantes en sus proyectos porque fijan su mirada en los pequeños detalles y gestos de la cotidianidad. Lugares que a menudo se pasan por alto (quizá por la implicación no sólo de intimidad, sino también de cierta asociación tradicional de este mundo a una cuestión “femenina”), pero que revelan cuestiones profundas de la vida de una persona.

QIXUAM LIM, miniesculturas de lo grotesco

Si bien se sabe que el surrealismo pop es una manera de llamar la atención sobre la relación que mantenemos entre cuerpo y objetos, la obra de Qixuam Lim toma parte de esta influencia naïf del imaginario de The Meat Show del rey del surrealismo pop: Mark Ryden.

Para ello, mezcla sus mini esculturas con forma de vísceras con una imagen amable y suave que no desagrada pese a tratarse de imágenes grotescas, consiguiendo con ello una suerte de objetivación de los órganos y los miembros: ojos, cerebros, corazones o cabezas de niños.

Esta interesante reflexión sobre la objetivización, sobre la carne y sobre el cuerpo llega a sus últimas consecuencias en unas de sus últimas obras, publicadas en su Instagram. Tanto los bracitos de bebé como los ojos y cabezas aparecen directamente enlatados, como si fueran sardinas, reflexión que incide en la nuestra presente forma de consumir y de alimentarnos.

Qixuam había trabajado para la industria del marketing -como algunos de los mayores productores de imágenes del presente- por lo que estaba hecha a los mensajes sencillos y directos, cosa que utiliza de manera casi inconsciente en su arte, no careciendo este, sin embargo de sutilezas.

Imágenes precisas como las de sus mini-esculturas de cabezas de niño en un blíster, un pastel hecho de carne (de nuevo, otro guiño a Ryden), bebés metidos en condones y pequeños corazones para consumir que nos cuestionan dentro de ese halo creepy-cute mientras estamos pendientes de las aesthetics.

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