29 septiembre, 2017. Por

Converso

Cuando toda tu familia se convierte al cristianismo de repente e intentas entender por qué
Converso

Parece que no hay nadie. Parece que solo están el director y su hermana, sentados frente a frente, conversando. O el director y su madre; o su otra hermana, la más pequeña. El equipo desaparece, no hay fotógrafo ni sonidista. Tan solo se encuentran entrevistador y entrevistado, miembros de la misma familia, hablando sobre la inesperada llamada de la fe. Así transcurre Converso, que es más bien una sucesión de capítulos catárticos para enfrentarse de una vez por todas al tema que el realizador y ‘bicho raro’ evadió durante tanto tiempo. ¿Por qué en una familia pamplonica normal y corriente, tres de sus cuatro miembros confiesan creer en Dios y rezan todas las noches?

Durante el año 2006, David Arratibel, creativo de publicidad para marcas como Kukuxumuxu, atestiguó con rabia y frustración un cambio trascendental en las tres mujeres que forman su familia, y en el marido de una de ellas. Tal y como narra en la película, este hecho le hizo sentir excluido y apartado, y no pudo enfrentarse a ello hasta que decidió sacar adelante esta película, con la que pretendía trabajar una especie de catarsis. “Bueno, pero entonces te va a quedar algo como lo de los Panero”, le dice su madre -mujer culta, elegante y comunista en su juventud-, en una de las conversaciones de sobremesa. Y es que David se expone a sí mismo tanto como hace con ellas. El corazón abierto y su personalidad presente todo el tiempo.

Quizá esa presencia, que por momentos abruma pero que al final hace imposible imaginar la película de otra manera, fue lo que le hizo ganar la Biznaga de Plata al Mejor Director en la Sección Oficial de Documentales del pasado Festival de Málaga, así como con el Premio del Público en el Festival Internacional de Documentales Punto de Vista de Navarra. Y es que es en aquí donde se localiza todo el documental; en Pamplona, Navarra, cuna de una fuerte influencia cristiana y del Opus Dei, no lo olvidemos.

Quizá lo más interesante de todo el metraje no sea el morbo de ver a personas completamente modernas, e incluso macarras al hablar, que confiesan haber llorado en misa o rezando el rosario al imaginar a Cristo en la cruz; si no el propio viaje que realiza Arratibel al intentar entender este fenómeno. Este viaje habla de unión, de ruptura, de reconciliación, y de un padre ausente en la vida de esa familia, que dejó una huella muy dolorosa. Porque, coincidencia o no, todos los personajes se encontraban en un momento de vacío al escuchar la llamada de Dios, y eso es algo que la película roza sin introducirse del todo.

Por todo esto, Converso no solo es una película interesante gracias a su high concept, sino por su honestidad, su rigor y su enorme telón emocional con el que cualquiera de nosotros puede sentirse identificado.

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