11 Enero, 2017. Por

Contratiempo

El juego de espejos que lapidó la crítica
Contratiempo

Las críticas han sido fulminantes con Contratiempo, el nuevo thriller de Oriol Paulo con Mario Casas como todopoderoso protagonista: “una grisácea fotocopia de fotocopia con aspecto de compleja cuando solo es confusa”; “un tipo de película que se ahoga en su pirotecnia”; “una película llena de giros de guion imposibles”; “un thriller que sobrecarga su nudo encasquetándole un abrigo de teleserie de once varas”; o la más común de todas: “el espectador con sólo un poco de vista enseguida se queda fuera del juego”.

Lo cierto es que a pesar de cierto carácter televisivo y, en efecto, y valga la redundancia, “efectista” y, en cierta medida, “moralista”; Contratiempo nos presenta un juego de espejos de idas y venidas, una suma de hipótesis, un “elige tu propia aventura jurídica”, un edificio que se va construyendo, deshaciendo, quitando ladrillos para colocar nuevos materiales: un film tan tenso como dialógico, tan supranarrativo como recreativo.

Y es que la historia de Adrián Doria (Mario Casas), un joven empresario de éxito al que acusan de haber asesinado a su amante (Bárbara Lennie), da un giro especialmente dialógico y narrativo con la aparición de la mejor preparadora de testigos del país (Ana Wagener), que irá descubriendo los flecos sueltos de la confesión algo coja del empresario para defenderse, a la vez que se creará una batalla dialéctica entre ambos, un serial de historias alternativas, de acusaciones eclipsadas, de confesiones con marcha atrás, de giros inesperados.

Además de presentarnos a un Mario Casas y un José Coronado en registros poco habituales si tenemos en cuenta sus últimos papeles (Casas, de macarra, chulito romántico y fucker post-adolescente; Coronado, de policía destroyer en avanzado proceso de autodestrucción), están espléndidos los personajes multi-carácter de Wagener y Lennie, que encarnan con soltura las diferentes caras de una moneda tan repleta de contratiempos como de volantazos de guion para trasladarnos a dimensiones alternativas.

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