24 julio, 2018. Por

Contra muros y banderas

“¡Menos patrias y más decencia!”; o El Roto, contra muros y banderas
Contra muros y banderas

La llamada de la tribu, la llama Vargas Llosa. Otros prefieren hablar de populismo. O de posverdad. Como todos estos males se reparten de forma abundante por este comienzo de siglo XXI, en especial por democracias a las que creíamos vacunadas de semejantes virus, en España también lo probamosen nuestras propias carnes. No, en la piel de toro no hay un partido de ideología extrema y “nosotros primero” en las instancias del poder, ni se le espera. Pero los ropajes identitarios y el sentimentalismo están detrás de un conflicto larvado durante décadas y que, en Cataluña, tiene un destino incierto. También aquí las banderas son armamento pesado y se erigen muros simbólicos de un odio creciente.

Puede que sociólogos y politólogos hayan escrito las más sesudas reflexiones sobre el Catalexit, ese mal negocio para todos, pero pocos han disparado con tanta puntería el dardo de la sátira sobre este asunto como El Roto. Andrés Rábago García, que es quien se esconde detrás de su popular nombre artístico, es uno de los que, a diario, en las páginas de El País, mejor saca los colores a un proceso asentado sobre los enclenques pilares del pensamiento mágico. Demasiado tentador para cualquier observador avispado como para dejarlo pasar, pero hay que tener el talentazo que atesora El Roto para sacarle las vergüenzas a tanta careta y tanta mascarada.

«El Roto dispara a todo lo que se mueve en un escenario, el actual, hipertrofiado de llamamiento a las vísceras, de demagogia, de representaciones grotescas que calan gracias a la infinidad de sesgos racionales y sentimentales que, como especie, albergamos en el cerebro y el corazón»

Contra muros y banderas tiene las múltiples lecturas a las que nos acostumbra el humorista gráfico, pintor y dibujante, que ejemplifica aquello de que el verdadero talento siempre es generoso. 90 disparos de sátira que evidencian lo risible de aquellos que deciden que, a partir de una raya establecida en el suelo, ya se puede hablar de “ellos” y “nosotros”. Siempre que “nosotros” signifique, por descontado, “mejores que ellos”.

El Roto dispara a todo lo que se mueve en un escenario, el actual, hipertrofiado de llamamiento a las vísceras, de demagogia, de representaciones grotescas que calan gracias a la infinidad de sesgos racionales y sentimentales que, como especie, albergamos en el cerebro y el corazón. Nos recuerda, por ejemplo, que una mentira no se convierte en verdad aunque sea repetida un millón de veces, o que la historia enseña que las víctimas se transforman en verdugos en apenas un chasquido de dedos.

Es admirable que alguien obligado a asistir al rifirrafe político del día a día para dibujar sus viñetas sea capaz de conservar tanta lucidez. Es asombroso que no haya inclinado la testa ante alguna de las seductoras verdades que se comercian en la vida pública. Que, de todas las certezas en compraventa, haya elegido la precaución, el sosiego. Que no haya caído en los brazos del cinismo, del desinterés, de la equidistancia o de la saciedad. El Roto no quiere que le engañen, y lanza sus fogonazos de clarividencia para que tampoco engañen a sus lectores, porque obras como la suya son un monumento a la cordura, la vacuna definitiva contra la enfermedad del fanatismo.

«El Roto no quiere que le engañen, y lanza sus fogonazos de clarividencia para que tampoco engañen a sus lectores, porque obras como la suya son un monumento a la cordura, la vacuna definitiva contra la enfermedad del fanatismo»

Premio Nacional de Ilustración en 2012, El Roto, que se autodenominaba OPS en los años 70 y 80, dejó su firma en medios míticos como Hermano Lobo, La Codorniz, Triunfo o Madriz, y desde los 90 ocupa las páginas de Opinión de El País. Vecino de páginas, por tanto, del recientemente fallecido Forges, no hace falta decir que, como le ocurría a aquél, sus viñetas cuentan con muchos más fieles que las sesudas columnas que suelen rodear sus ilustraciones. Seguir leyendo sus ácidas reflexiones es un extraño lujo cotidiano.

Portada del libro

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