21 junio, 2018. Por

Contra la lectura

¿Merece el mismo respeto la autobiográfica de Belén Esteban que la Ilíada de Homero?
Contra la lectura

En la era de la posverdad, esa en la que los másteres se regalan y todo, absolutamente todo lo representado se mueve en el estrecho filo que separa la realidad de la ficción, aún resisten verdades absolutas. El corpus cultural occidental se mantiene firme gracias a ellas. Que leer es bueno es una de ellas. Los libros, por definición, nos hacen más inteligentes, más cultos, más imaginativos, más empáticos. En resumen, mejores. El libro está blindado por un aureola de prestigio que le permite asaltar plazas en ferias y fiestas sin que a nadie le parezca que esa persistente ocupación del espacio público pueda ser desproporcionada u ocasionar agravios comparativos. Si una historia es buena, lo será aún más si alcanza a convertirse en la historia de un libro. Y no hay celebridad que pueda resistirse a ver su nombre impreso en las tapas de un volumen, o de muchos. El libro era mejor. Sin libro no hay prestigio.

Mikita Brottman no piensa lo mismo. A riesgo de que llueva un diluvio de reproches y desprecios, se atreve a decir que hemos concedido a estos artilugios de celulosa y tinta una excesiva importancia. Y que estamos ante la mayor santificación de un objeto que ha conocido el hombre moderno. ¿Se puede leer demasiado? ¿Es razonable el culto obsesivo que lleva a ciertas personas a acumular lecturas y libros de manera compulsiva? ¿Merece el mismo respeto la autobiográfica de Belén Esteban que la Ilíada de Homero?

Contra la lectura es un libro de título y contenido irónico, en el que Brottman comienza relatando cómo la lectura apremiante de novelas fantásticas y románticas durante su infancia y adolescencia puso una distancia dolorosa entre ella y la realidad. Es un alegato contra las listas de lecturas cerradas y obligatorias que muchos profesores imponen a sus alumnos al comienzo de cada curso.

“¿Se puede leer demasiado? ¿Es razonable el culto obsesivo que lleva a ciertas personas a acumular lecturas y libros de manera compulsiva? ¿Merece el mismo respeto la autobiográfica de Belén Esteban que la Ilíada de Homero?”

Doctorada en Lengua y Literatura Inglesa en Oxford y profesora de Literatura en varias universidades estadounidenses y europeas, Brottman se atreve a gritar bien alto aquello de que si una lectura no te fascina o al menos no te interesa en un alto porcentaje, deberías desecharla. Invita, incluso, a establecer un número de páginas que hagan de tope máximo para seguir intentando una lectura hasta decidir abandonarla.

Portada del libro editado por Blackie Books

Cuidado, porque la lectura puede también enganchar, recuerda también. Y la adicción lleva al abuso. Y el abuso a la intoxicación: “Si bien el analfabetismo es igual de peligroso que la ignorancia sexual, en ambos casos debe abogarse por la moderación”. Establece un llamativo paralelismo con la masturbación. Los dos hábitos brotan en la adolescencia, muchas veces en la soledad de la cama de personas solitarias. Leer, el solo acto de leer, no es por sí solo algo virtuoso; lo que está escrito y cómo se lee y entiende es lo que marca la diferencia. Saber leer no es tan sencillo.

“‘Contra la lectura’ es un refrescante ensayo a la contra. Repleto de ingenio e ironía. Atrevido, tanto que se atreve a meterse con esa proclama del ‘Reading is sexy’ que enarbolan editoriales e instituciones”

Ah, Brottman no deja pasar la oportunidad de cerrar la boca a todos los que se aferran a la nostalgia para asegurar que antes se leía más y mejor. A esos que siempre tienen en la boca que antes todo el mundo iba a todas partes con al menos un par de libros, que los videojuegos y las redes sociales son el acabose para las historias escritas en papel. Que los libros no tienen nada que hacer frente a las pantallas. La misma milonga de cuando las televisiones irrumpieron masivamente en los hogares, allá en el siglo XX. Hoy se lee más que nunca, y hay datos que lo atestiguan (también en España, de acuerdo con los datos que ofrecen el Ministerio de Cultura y el sector del libro). Pero la añoranza hace buenas migas con el narcisismo del que, leyendo, se considera mejor que los demás. Doble trampa. También hay que advertir sobre los que forran paredes de sus casas con libros y más libros, o los que peinan librerías y ferias en busca de ejemplares: “no suele asumirse que alguien que colecciona zapatos sea necesariamente un gran caminante”.

Así que Contra la lectura es un refrescante ensayo a la contra. Repleto de ingenio e ironía. Atrevido, tanto que se atreve a meterse con esa proclama del ‘Reading is sexy’ que enarbolan editoriales e instituciones. Brottman, al fin y al cabo, ha elegido un libro para volcar sus reflexiones y difundirlas, por mucho que nos anime a abandonarlo si nos aburre.

Contra la lectura