22 junio, 2018. Por

Con Amor, Simon

Por qué era tan necesaria una comedia romántica sobre un adolescente gay
Con Amor, Simon

Cuando tenía unos 12 años empecé a darme cuenta de que me fijaba bastante más en las chicas que en los chicos. A los 17 por fin fui capaz de decirme a mí misma que lo que sentía por esa chica que me hacía pasar noches sin dormir y en cuyo recuerdo me perdía en clase de Química era amor, intenso, inexperto y adolescente. Tenía una vida relativamente normal, razonablemente apacible y escuchaba pop cheesy grabado de la MTV en cintas de cassette. A los 18 se lo dije a ella. Y a la lenta procesión de amigos cercanos a los que, poco a poco, les iba confesando “lo mío”, más que por necesidad de hablar de lo que sentía con alguien que por querer, conscientemente, salir de ningún armario.

Poco después tocó ir dando la noticia por casa, con los subsiguientes momentos más o menos extraños que todo aquello pudo generar a mis seres queridos. Luego vinieron la universidad, los trabajos… muchas salidas de diversos armarios, cada una gestionada de una forma diferente. Con la eterna sensación de que no había nada “malo” conmigo pero que, antes o después, había algo que explicar. Y, de cara a las relaciones, las eternas dudas. El saber que esa chica cuyo cuello me parecía tan sensual, probablemente fuera hetero en, aproximadamente, nueve de cada diez casos. Y, desde la ficción, el mensaje constante de que ser homosexual nunca implicaba llevar una vida satisfactoria o tranquila.

“Retrata de manera amena y humilde un episodio vital con el que me identifico totalmente: el ser joven y darte cuenta de que tienes que salir del armario

Todo esto lo cuento para explicaros que he visto Con Amor, Simon (Greg Berlanti, 2018). Y que es una peli que llevaba un par de décadas esperando. Porque va sobre mi. Es decir, Simon es un chico y tiene la edad que yo tenía hace 15 años. Pero esto de que el cine, la tele y la literatura hayan ignorado a los homosexuales hasta hace dos días te enseña, si eres gay, a empatizar con personajes que no son exactamente como tú. Pero, por una vez, puedo decir que alguien se ha esforzado por hacer una película que retrata de manera amena y humilde un episodio vital con el que me identifico totalmente: el ser joven y darte cuenta de que tienes que salir del armario.

Simon (Nick Robinson) lo tiene todo para ser feliz. Una familia guay y estable, unos amigos molones, un aspecto físico resultón y un instituto estupendo en el que solamente le falta un año para graduarse. Solo hay una cosa que no acaba de funcionar. Un pequeño detalle sin importancia: que le gustan los chicos. Y sus hormonas adolescentes se ponen a tope cuando otro compañero del instituto publica un post anónimo en el blog comunitario en el que se confiesa homosexual. Los dos jóvenes comienzan una secreta relación epistolar. Poco a poco Simon se enamora hasta los huesos y cree ver al objeto de su deseo en casi cada chico de su curso. Pero mientras descubre quién está detrás del correo electrónico, tendrá que afrontar su salida del armario, tanto en casa como en el instituto. Con todo lo bueno y lo malo que ello implica.

“Es la primera comedia romántica, adolescente, mainstream y estadounidense que pone en el centro de su trama una historia de amor homosexual”

Con Amor, Simon es la primera comedia romántica, adolescente, mainstream y estadounidense que pone en el centro de su trama una historia de amor homosexual. Como buena romcom adolescente, está plagada de adultos adorables, humor blanco, canciones pop y grupos de amigos de los que te gustaría formar parte. No hay violencia, ni dramas ni el cuerpo de nadie aparece apaleado en una cuneta. Y sí, hay beso al final. Con Amor, Simon es todo lo que Hollywood nos ha negado a los homosexuales en los últimos ciento y pico años: representación y un final feliz. Y, además de ser noticia por eso, se trata de una película entrañable, tierna y divertida.

No comulgo con los cenizos que se andan quejando de que Con Amor, Simon no es lo suficientemente gay o que es una especie de golosina para callarnos. Estamos ante una película que viene a empezar a exorcizar las décadas, primero de invisibilidad de los homosexuales en el cine, y las posteriores de maltrato y ridiculización de estos personajes. A estas alturas nadie tiene que volver a defender la inenarrable belleza de Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) o la potencia emocional de Moonlight (Barry Jenkins, 2016). Pero la aparición de los varones homosexuales en el cine no puede estar limitada a rarezas europeas, como Call Me By Your Name (Luca Guadagnino, 2017), o a dramas independientes que reflejan poco más que la exclusión social y el maltrato que sufren muchas de estas personas.

“‘Con Amor, Simon’ es todo lo que Hollywood nos ha negado a los homosexuales en los últimos ciento y pico años: representación y un final feliz”

La narrativa de que ser homosexual implica estar condenado a una vida de secretos, miedo y sufrimiento tiene que dar paso a un sano equilibrio entre la denuncia y el recuerdo a las víctimas de la homofobia y la representación de que el amor homosexual es tan sano, divertido, funcional y proveedor de felicidad como el heterosexual. Y esto no puede ser solamente cierto en el circuito independiente, en según qué esferas del cine europeo o en la televisión por cable. Las personas LGTB tenemos tanto derecho a disfrutar de la ficción, a ver nuestras historias representadas con gracia, belleza y frescura, como cualquier heterosexual.

Porque crecer rodeado de ficciones en las que los homosexuales sufren muertes violentas de manera sistemática, son expulsados de su familia en cuanto salen del armario, están completamente estereotipados o actúan, sin excepción, de manera mezquina o irracional, tiene consecuencias en cómo el público homosexual se ve a sí mismo. Reflejar, sin cachondeos ni frivolidades, de manera humana, realista y sincera la extraña situación que se genera cuando un joven confiesa su orientación sexual a sus padres se vuelve, de este modo, muy meritorio. Y, por cierto, Con Amor, Simon lo hace muy bien. Normal, por otro lado: su director, Greg Berlanti, es productor de todas esas series de DC que están plagadas de buena representación LGTB.

“La representación LGTB no puede limitarse al circuito independiente, según qué esferas del cine europeo  o en la televisión por cable”

A la película solamente se le puede achacar que le cuesta un poco más de lo que debería coger ritmo. No es hasta pasada la primera media hora que la trama se pone en marcha y que uno se echa alguna sonrisa bienintencionada con los protagonistas. Pero en cuanto la historia coge velocidad, Con Amor, Simon se ríe habilidosamente de los aliados hipócritas que se ponen pines con banderas arcoiris, de los abusones, de sus lamentables estrategias para hacer infelices a sus compañeros (enorme Natasha Rothwell en su papel de profesora de teatro que pone orden en todo este asunto); o de las torpezas de los padres, por muy bienintencionados que sean (brillantes las breves pero intensas apariciones de Jennifer Garner y Josh Duhamel).

Y, sobre todo, habla de amor. De ese amor brillante, irrefrenable y explosivo que solamente se siente cuando se tienen 18 años. Porque los gays, además de salir de desfile con banderas de colores una vez al año, también amamos y somos felices. Así que bienvenido sea todo lo que sea representarlo y, de paso, explicarle a quien no ha tenido que hacerlo nunca, cómo es eso de tener que dar explicaciones sobre hacia quién se dirigen sus afectos y atracciones. En fin: vayan a ver Con Amor, Simon. Porque sus vidas serán un poco más felices tras ello. Y, probablemente, en la sala de cine se vaya a estar más fresquito que en cualquier otro lugar este fin de semana.

Con Amor, Simon