17 Febrero, 2017. Por

Cloud Nothings

Una nueva vía sonora, una nueva vida sin sonido
Cloud Nothings

En esta ocasión, los de Cleveland se han hecho esperar. Han pasado tres años desde que Cloud Nothings lanzaron su reverenciado Here And Nowhere Else (2014), el que es, muy probablemente, su cumbre creativa hasta la fecha. El álbum en el que consiguieron hacer accesible el rabioso post-hardcore que facturaron en Attack On Memory (2012). Con este segundo álbum de estudio, la banda liderada por Dylan Baldi se ganaron un hueco más que merecido entre los contenidos de la crítica especializada y en los corazones (con esto del streaming no sé si también en las discotecas) de los melómanos por su potencia e intensidad, marcando el punto cero de la nueva dirección estilística que tomaba la banda.

Teníamos ganas, por tanto, de material fresco y ruidoso para deleitarnos como antaño. Cuál fue nuestra sorpresa cuando en octubre del año pasado la banda adelantaba Modern Act, un primer aperitivo.

No, no era exactamente lo que esperábamos. ¿Y los gritos desgarradores? ¿Qué hay de la rotundidad, la urgencia y el vigor de excelsas composiciones como Quieter Today, Psychic Trauma o No Thoughts? Tal vez, al fin y al cabo, era algo que podíamos esperar, pero nadie lo había visto venir. La voluntad de no repetir dos veces la misma fórmula de Baldi, y el rotundo éxito de I’m Not Part Of Me, la pieza que cerraba el anterior elepé, parecen haber sido dos condicionantes determinantes que han abierto la nueva puerta por la que se nos presenta el nuevo Life Without Sound. Un álbum más contenido y reflexivo en el que dejan la rabia y la velocidad al margen para dar mayor protagonismo a la melodía, para jugar con las dinámicas e incidir más en los matices.

Y así lo percibimos desde los primeros compases del álbum. Una relajada melodía al piano será la encargada de recibirnos, de manera sorpresiva, en Up To The Surface. Pronto entrará el grupo al completo, ahora con la nueva incorporación de Chris Brown como guitarra solista, para mostrarnos una nueva dirección estilística fuertemente influida por el pop-punk de bandas como Jimmy Eat World. Hay calma y reflexión, pero sin perder un ápice de la vehemencia que siempre ha caracterizado a la banda. Y de la misma manera lo harán constar en Things Are Right With You, la cual nos presenta uno de los estribillos más pegadizos del LP. Más festiva deviene Internal World, acercándose a las hechuras estilísticas de Weezer. Pero será a partir de la enérgica e impetuosa Darkened Rings cuando el disco se ponga interesante. Giros inesperados, potencia y una voz tan agresiva como el piano que se oculta al fondo de la instrumentación, nos expondrán una forma de proceder que es, a buen seguro, el estilo que todos esperábamos cuando pensábamos en el siguiente paso que daría Cloud Nothings tras Here And Nowhere Else.

De vuelta al pop-punk, nos topamos con Enter Entirely, probablemente la mejor canción de la placa. Un gran riff de guitarra trae calma a las estrofas, donde el conjunto nos sorprenderá con el uso de una guitarra acústica que aporta distensión y riqueza musical a la pieza. Estallidos sonoros serán los encargados de introducirnos en unos estribillos que derrochan potencia y que se revelan influenciados, en sus quiebros, por el quehacer característico de Sonic Youth. Un recurso que se evidenciaba en el corte anterior y que, asimismo, será recurrente en pistas ulteriores. Más convencionales se descubren Modern Act y Sight Unseen. De las cuales es preciso destacar las grandes melodías que ambas presentan. Y cuidado con perder de vista a la segunda de estas. Potencia, buenos coros, juegos de dinámicas, una guitarra solista nerviosa y un piano clandestino, sobrio y minimalista, serán las principales bazas para hacer de esta una canción que no pasará desapercibida.

Strange Year sigue la senda marcada previamente por Darkened Rings. De voz furiosa y agresiva, coqueteará instrumentalmente con las disonancias que nos evocan, una vez más, a los neoyorquinos Sonic Youth. Para concluir, Cloud Nothings abrazaran el post-punk en Realize My Fate. De contundente rítmica y un aura misteriosa y oscura, se trata de uno de los temas con mayor capacidad para situarse entre los más seductores de los nueve que recoge este Life Without Sound. Lo que no es decir poco.

Sin perder su esencia, Dylan Baldi, TJ Duke, Jayson Gerycz y Chris Brown nos presentan en su cuarto álbum de estudio una nueva forma de hacer las cosas. Una vuelta de tuerca a un estilo en el que Baldi no parece dispuesto a acomodarse. Fue este interés por hacer cosas nuevas, por no limitarse a sí mismo, lo que le llevó en 2015 a grabar No Life For Me con Wavves, y lo que le mueve a cambiar de productor en cada álbum. Si el primero fue autoproducido, para el segundo contaron con el famoso Steve Albini, con el inquieto John Congleton para el tercero, y con John Goodmanson en el que nos ocupa.

Ciertamente, este álbum, sin ser un mal disco en absoluto, se queda un peldaño por debajo de sus dos inmediatos predecesores, pero hay una voluntad de cambio, de no estancamiento, en el cerebro de la banda, que impide explotar a conciencia la exitosa fórmula de un determinado trabajo al no dar continuidad al mismo, y ese es el principal motor que mueve a Cloud Nothings, como lo es el de Deerhunter y otras tantas formaciones. Un álbum notable, en definitiva, con grandes momentos. Ahora solo queda disfrutarlo.

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