Depeche Mode

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Desde que Alan Wilder, un músico con formación académica capaz de transformar la esquelética demo de Enjoy the Silence en una de las mejores canciones de pop de todos los tiempos, dejó la banda en 1995, Depeche Mode se ha convertido en una formación que depende en exceso en el apartado sonoro de la chispa del productor de turno. Su trayectoria de 1983 a 1993 es inmaculada, pero su discografía a partir del minimalista Ultra (Mute/EMI) se ha vuelto algo irregular, en parte por las manos que han manipulado su trabajo en los últimos años. El fofo Exciter (Mute /EMI), producido por Mark Bell, demostró en 2001 que también son capaces de hacer malos discos, aunque afortunadamente la banda remontó el vuelo hace cuatro años con la épica retro de Playing the angel. El trío de Basildon repite jugada en Sounds of the universe (Mute/EMI) con el mismo productor de entonces, Ben Hillier, aunque el disco no acaba de poner de acuerdo a los numerosos fans del grupo. En lo que todo el mundo suele estar de acuerdo es en que la banda tiene un directo potentísimo, como seguramente volverán a demostrar en su inminente gira por España, denominada Tour of the Universe y esperada con ansia por su legión de seguidores.
 
Con Sounds of the Universe, Depeche Mode ha redoblado la apuesta por los sonidos marciales, analógicos y lacerantes de Playing the angel. El problema es que este frío envoltorio casa mal en esta ocasión con la nueva colección de canciones compuestas por Martin Gore, en su mayoría medios tiempos sin estribillos rotundos, y se pelea con la voz de David Gahan, que nunca ha cantado de forma tan cálida. Esta bola de sonido machacona y monocorde llega a ahogar las buenas melodías de temas como Fragile tension y el lirismo narcotico de Little Soul, y arruina las posibilidades de Peace, una canción que nace con vocación de vitalista himno de redención (Martin Gore no se cansa de proclamar en las entrevistas que ha superado su alcoholismo) pero a la que parecen haberle bajado las revoluciones justo cuando no tocaba: en su mántrico estribillo. En otras ocasiones, lo que falla es la materia prima. En In Sympathy, que podían haber firmado los cientos de sus imitadores de Depeche Mode que en el mundo han sido, Gore bordea peligrosamente la autocomplacencia. Sounds of the Universe está lejos de ser el nuevo Violator (Mute/EMI), como aseguran los entusiastas críticos que probablemente llevan demasiado tiempo sin escuchar la cima creativa del grupo, pero tampoco es la debacle que lamentan los devotos más veteranos del lugar. Después de casi treinta años de trayectoria hay que agradecerles que no hayan perdido su capacidad para fabricar hits tan perversos, retorcidos y oscuros como Wrong, su single más rotundo en muchos años, y los alternen con composiciones de pop pluscuamperfecto como Perfect y adictivas piezas de orfebrería electrónica como In Chains, sobre cuyo desarrollo perezoso e hipnótico serpentea sensualmente la voz de Gahan. El carismático frontman vuelve a firmar en esta ocasión tres temas, que no desmerecen frente al material de Gore, al menos en el caso de la notable The truth is /Miles away. Lástima que Sounds of the universe se resienta del exceso de minutaje y de la falta de tino de la banda a la hora de configurar el tracklist. Para una vez que Gore se siente prolífico, se le ocurre dejar fuera del disco (están en la edición deluxe) joyas como Ghost o Light. De haberlas incluido y purgado alguna otra no nos tendríamos que conformar sólo con un disco digno, sino que subiríamos la calificación al notable.

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