No se es carca si se tiene actitud, acritud y gusto por las cosas buenas. No: no es un slogan para una publicidad vendiéndoos la moto para que visitéis Sevilla (que tiene un color especial, ya se sabe), sino el resumen de por qué en Almería se enmarcan en algo tan bizarro, clásico, tradicional y romántico como rendir pleitesía a un género que, cada vez más, acude a las minorías silenciosas y a los puretas cinéfilos para poder seguir firmando títulos de insondable actualidad y, a su vez, de un revival tan conservador y virulento como añejo y peculiar. Hablamos del western (o cine del oeste, como prefiráis) y, en concreto, del Almería Western Film Festival: primera edición de un festival que, esperemos, haya llegado para quedarse y, de paso, para recordarnos los mejores momentos de un género que nunca caducará y cómo se las gastan los nuevos directores, actores y creativos del género en un siglo en donde el desierto ya es, de por sí, 2.0.
Si lo piensas bien, y por mucho que te dé rabia si eres amante y habitante de la urbe capitalina o de extrarradios que no alcanzan hasta la ciudad andaluza que acoge este festival de cine del oeste, entenderás la ubicación. Imagínate hacer un festival de cine del oeste en pleno cemento, con autobuses, aviones sobrevolando, ese olor a asfalto y cañería rota. No: Almería y su zona más desértica serán los testigos y encargados de retrotraernos (o de llevarnos directamente: no somos tan viejo, oye) a una época, la del western, que surtía un efecto instantáneo en las taquillas, generaba humedad en las bragas por culpa de Clint Eastwood o Charlton Heston y, además, nos entregaba alguno de los títulos que mayor nostalgia y romanticismo han generado en los amantes del cine de vertiente más clásica. Nostalgia atestiguada por un entorno, el del microclima de Tabernas dentro de Fort Bravo, en el que se han grabado películas de la talla El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio o Navajo Joe, entre muchas otras. El bacalao se repartirá entre largometrajes a competición, cortometrajes fuera de competición, una sección especial dedicada al spaghetti western (la escisión europea del género a escala global) y una retrospectiva a figuras que son (o fueron en su día, al menos) estandartes del género y una retrospectiva especial que, si cabe, es lo más esperado por todos.
Si creías que ya no se hacían más películas de género western, bocata de atún: en la Sección Oficial competirán quince largometrajes paridos entre el año pasado y el presente, entre los que destacaremos (por no ser pesados) tres, además de recordar que películas como Valor de ley, Blackthorn o Rango (de estreno en nuestro país y el resto del mundo hace ya unos meses) también participarán del bombo a concurso: la canadiense The Mountie (o cómo una suerte de sheriff-superhéroe combate el crimen en una pequeña ciudad de Canadá), la americana Redemption (ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, una vez finalizada la Guerra Civil norteamericana, relata la nueva vida que ha de llevar una familia de indígenas que emigran de zona y costumbres) o la argentina Abellay, el hombre sin miedo (la creación del mito de un gaucho argento en mitad del siglo XIX). Fuera de competición pero a modo de fresa del pastel nos encontramos con cinco cortometrajes novísimos provenientes de países como Estados Unidos, Francia y el nuestro, España. En cuanto a la prehistoria del género del oeste, probablemente lo más nostálgico y la mejor lección de estilo, nos encontramos, por un lado, con esa sección especial dedicada al spaghetti western (con siete títulos en su haber), y por otro con una serie de actividades retrofílicas que pretenden trasladarnos a la época donde el género era oro puro. De los títulos más destacados de esa sección especial nos topamos con Agáchate Maldito, de Sergio Leone, Reza al muerto y mata al vivo, de Giuseppe Vari, y Arizona vuelve, de Sergio Martino: clásicos entre clásicos. Entre las actividades paralelas, conciertos de personajes como Dave Bourne (músico y actor de la serie Deadwood), exhibiciones de posters, proyecciones al aire libre y hasta una mesa redonda con míticos como Fabio Testi, Frank Braña o Craig Hill. Muchos mitos.
