Festival de Otoño 2008
Varias sedes. Madrid
Un espectro se cierne sobre Madrid, y esta vez tampoco es el del comunismo aunque sí viene en gran parte de Europa, sino el arranque apasionado y ajetreado de una temporada cultural que, con claro carácter teatral e impulsado por la Comunidad de Madrid, bajo el auspicio de imágenes tan románticas como la caída de la hoja o las primeras ráfagas de viento que nos traen a la mente la palabra, se acerca ya por la esquina el propio Festival de Otoño cubierto con sus racimos de uva y su capa de entretiempo.
Este año, ya como un joven vigoroso de 24 primaveras tardías, el festival ha aprendido de sus aciertos y errores anteriores, con una misión clara y clave en la escena madrileña: mostrar a un público entregado a las escénicas, diríamos casi el habitual en los teatros canónicos de la capital, aquellas producciones de reciente creación incorporando así la villa y corte a ese circuito de capitales culturales de lo grandes maestros vivos.
Dividida su programación en cuatro disciplinas se abre así a un abanico de públicos que unidos por la alta calidad, -esta bien, también unidos por la dificultad de conseguir entradas para algunos espectáculos que viene siendo habitual en los últimos años y que parece ser que con la actual duración del festival es irresoluble, valga este comentario no tanto como crítica si no como advertencia-, podrán disfrutar en cualquiera de las vertientes escogidas: teatro, danza, música y circo.
Y como nuestra intención ahora es sólo abrir boca y facilitaros algunas claves para que montéis vuestra propia agenda, ya que iremos destacando semanalmente las apariciones estelares y demás advertencias, que no sólo de éxito y gloria viven los festivales, no queremos desaprovechar la ocasión para desgranaros algunas piezas capitales de los próximos meses.
En cuanto a teatro cabe destacar la oportunidad que nos ofrecen de asistir a espectáculos, que si bien no son las compañías de teatro clásico que nos regalaron otros años, superan este a Molière –cronológicamente desde luego…- con espectáculos más individuales y habrá quienes digan más arriesgados. Comenzaremos por La noche de la Iguana (que se presentará en las localidades de San Sebastián de los Reyes, Las Rozas y Majadahonda) en la que bajo la dirección de María Ruíz se revisa este texto de Tennessee Williams que, siempre en torno a la mítica frase que puso en boca de Blanche Dubois: siempre confié en la bondad de los desconocidos, hace colisionar a varios personajes sin nada en común, acaso el ser compañeros de la terrorífica aventura de la vida. Igualmente interesante se presenta Yo soy mi propia mujer, no sólo por lo atractivo de la figura cuya existencia compleja y contradictoria de desglosa: Charlotte von Mahseldorf, mujer nacido hombre que inventó y levanto su pasado y sus recuerdos a partir de una imaginación plenamente literaria, sino también por la aparición del actor de cine argentino, reconocidísimo y premiado ya por esta misma obra, Julio Chávez (en Madrid en el Círculo de Bellas Artes, y después en Aranjuez, La Cabrera y San Lorenzo del Escorial). Merecerá también la pena La Festa, que se presenta en la Sala Cuarta Pared, y que nos enfrenta a un análisis del micromundo familiar, tan lleno, sin embargo, de sentimientos al límite; realizado por los italianos Spiro Scimone y Francesco Sframeli, que algo saben los italianos de opresión en su propio hogar… Y también recuperando temas que debieran parecer superado si no fuera por esos pequeños retrocesos sociales que mueven, también ellos, el mundo: The monkey trial (seguimos en la Cuarta Pared), una recreación del juicio que tuvo lugar en Tennessee en 1925 contra un profesor de biología que osó defender en sus clases las teorías darwinistas en contra de las creacionistas, de las que, aunque parezca increíble, se vuelve a hablar en algunos partidos políticos de EEUU). Se presenta también en Madrid una obra del autor del XIX y cofundador del teatro ruso Alexandre Ostrovski: Lobos y corderos (teatro Valle-Inclán) montada por el heredero de la gran tradición rusa Piotr Naumovich Fomenko, que consagrado por su montaje de Guerra y Paz en París, se presenta como uno de los artesanos de le escena europea –quede claro que usamos aquí artesano con toda la admiración a un profesional que conoce su herramienta-. Y hete aquí que llegamos al final de este párrafo teatro con el deseado que, este sí, lucha contra las cadenas en una investigación sobre la naturaleza del arte, su misión y su porqué, y precisamente porque Warum warum se llama su montaje, que podremos ver en el Teatro de la Abadia del 4 al 8 de noviembre, el resto de los comentarios los dejaremos para el estreno. (Hemos obviado en este pequeño repaso a la compañía de Irina Brook – y a otras muchas de calidad e interés- por las dudas que aún nos quedan, testarudo animal el hombre, sobre la naturaleza hereditaria de la genialidad y aún, el talento…).
Pero como no sólo de teatro se alimenta el festival hablaremos también, sucintamente que no queremos apabullar, de la oferta de danza con la que se nos regala el otoño, tan dado él a los movimientos sonoros. De Francia, y en el teatro del Instituto Francés, la compañía dirigida por el catalán de origen y parisino de vocación Toméo Vergès, que nos presenta Idiotas en la que, como en los versos de Tzara, Soy idiota (…) soy como todos vosotros, se nos presenta esa cualidad tan ligada al raciocinio y tan indispensable, aunque cargada de posibilidades trágicas, que es la idiotez, tanto la explícita y lúcida del sujeto que se declara idiota, como la más profunda de aquél que se toma en serio. Y siguiendo con la ironía como método de conocimiento, recomendamos los fragmentos que danzarán Les ballets trockadero de Monte Carlo en el Albéniz (del 21 al 25 de octubre), que recuperando piezas clásicas aúnan la delicadeza y fuerza de la tradición rusa con la posmodernidad travestida de una compañía que no puede enmascarar lo que son. También en el Albéniz podremos asistir al montaje del bailarín y coreógrafo residente británico (nacido y formado en Jerusalén) Hofersh Schechter, que con su espectáculo Uprising/in your rooms nos acompaña por el estrecho filo entra la grandeza y las miserias humanas con un lenguaje corporal que, aunque mejor haríamos en comentarlo a posteriori, ha sorprendido y cautivado al público europeo. Y otra vez para el final dejamos la presentación en España de la obra Vollmond (Luna llena) de Pina Bausch. Continuando con esta relación de amantes ocasionales, por ello mismo más apasionada, más esperada, más deseada, que se estableció hace dos años cuando en este mismo festival presento Nefés –fantasía turca inspirada en la experiencia vital de la coreógrafa en la capital otomana- en esta ocasión nos presenta una creación más marcada por la palabra y la poética del cuerpo en esa perfecta fusión por la que alcanzó la consideración de Demiurgo ya en los 70. Este espectáculo se presentará en San Lorenzo del Escorial, elección no gratuita, pues ¿quién quedará inmune al esfuerzo de salir del mismísimo foro?, ¿quién sería capaz de rechazarla a Ella por a penas unos kilómetros sin CO2…?
Y por si todo esto fuera poco, además de los espectáculos circenses que se programarán en el Teatro circo Price con las compañías Les Colporteurs (Francia), Circo Gran Fele (Valencia) y Acrobat (Australia), que pretenden recuperar para el público madrileño una manifestación que fue, y sigue siendo, aunque se nos olvida, la más permeable a la innovación, la más atrevida y por naturaleza la más vanguardista de las disciplinas escénicas; el apartado musical de este año se llena de colores y de fusiones tanto la que realiza la cantante francesa Nathalie Joly cantando a la rumana, ya leyenda y estandarte de la nueva Europa –o de lo que de la vieja queda- Maria Tanase en Paris Bukarest, o la austriaca Eva Jantschitsch.
Como veis el otoño empieza calentito y es preferible que alarguéis una velada marcando en el programa aquello por lo que vuestra preferencia os inclina, que llorar desconsoladamente en la puerta de un teatro suplicando por unas plazas libres que, además, están siempre reservadas.