The Influencers

CCCB. Barcelona

Detrás de cada observación, existe algo detrás. Se vislumbra un destello de lo-que-sea-que-fuere. Una visión (sin resultar especialmente ácido y onírico). ¿Cuándo se decide que una tendencia, una persona, un género, un ente o una época han sido determinantes para el devenir de lo que sea: llámese artista o jugador de mus? Precisamente cuando el visionario detecta la influencia, con antelación o a la postre. The Influencers, esa suerte de plataforma exploradora de la subversión y la rebeldía donde comulgan en comunión confesional nuevos artistas y colectivos culturales que hacen de la militancia de guerrilla DIY una de las principales características para desarrollar una nueva e (sic) influyente manera de comprender la expresión artística desde nuevos caminos y formas-no-informes, vuelve a la carga. Y lo hará durante tres días de ocupación (sin k) del CCCB y convirtiendo al anti-convencionalidad en una herramienta perfecta para armar y desarmar, construir y deconstruir.

Siete nombres, siete maneras de entender el mundo, siete arranques para la intervención metasocial desde la perspectiva post-punk (no de género musical, sino de actitud) más platónica y radical. Probablemente lo más interesante que se cite entre los días 9, 10 y 11 en el CCCB, al menos para el vulgo popular, sea el proyecto Inside Out, que contará con uno de sus mentores, JR: una especie de collage colectivo en donde tú mismo con una fotografía en blanco y negro de quien más rabia de té podrás convertir a la ciudad condal en un troquel formato collage público que, como mínimo, cambiará la forma de ver el entorno urbano. El Reverendo Billy y la Iglesia de Earth-a-luya, una suerte de parodia evangelista con el post-predicador Billy (una especie de Elvis vs. Jim Jones), se encontrarán en el CCCB ocho años después de su primera aparición en la cita barcelonesa con bastante más rodaje y la confirmación de que su lema (“Basta ya de comprar”) hoy, más que nunca, está destinado a convertirse en un must. El colectivo ruso Voina, una especie de guerrilla sexua(l) que combate contra la homofobia y xenofobia de las autoridades eslavas, se reunirá en combate para, desde el radicalismo más militante, seguir amenazando a la clase político-administrativa rusa (por algo será que uno de sus miembros está preso y otros dos perseguidos y en busca y captura).

La conexión con las culturas digitales y la militancia activa, apolítica y no-convencional desde las redes tendrá dos nombres: el de Evan Roth (y su colectivo/web F.A.T.) y el grupo-colectivo Constant Dullaart. Uno, auténtico terrorista del código HTML, de la intervención a través de vías 2.0, del escondite digital, de la ocupación (no como hacker) de páginas web, pensador de variables para alterar el copyright y creador de plataformas-proyecto como Fuck Google!!! Los otros abogan por una re-conceptualización de la intervención digital por vías tanto técnicas como de militancia urbanita: desde proyectos como No Sunshine (en donde se dedicaron a eliminar el sol de las románticas imágenes alojadas en Flickr) hasta la exploración del paisaje virgen en diferentes aspectos, pero el mismo espíritu. Biotic Baking Brigade, guerrilla armada con tartas y mentores del pranksterismo global, se dedican a lanzar las mismas a personajes sobre todo de la clase política más carca y ombliguista y a personajes, como veis aquí arriba, como Bill Gates, cediendo a la humillación público y dejando históricas instantáneas. Por último, Jill Magid, una especie de topo que, desde diferentes maneras (pero casi siempre suplantando o creando identidades paralelas) cuestiona las labores de vigilancia del mundo moderno.

Toma ración de influencia. Toma visión, visionario.

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