Lori Meyers

Joy Eslava. Madrid

El ascenso de un pequeño y selecto puñado de grupos a una categoría nueva, la del indie mainstream, ha generado debates, odios, amores y curiosas competencias cuasi futboleras debajo del escenario. Arriba de él, bandas como Vetusta Morla, Sidonie, Love of Lesbian o los aquí en cuestión, los granadinos Lori Meyers, se mantienen al margen de todo aquello y continúan pariendo discos mejores o peores, pero siempre regulares y con una particularidad: le gustan a la gente. Aquel ejercicio inevitable que lleva al indie acérrimo más dictador a odiar ese puente entre el pop independiente y la canción de radiofórmula, al indie mediador a amar precisamente esa curiosa solución salina que consigue hacer converger dos territorios aparentemente distanciados y al consumista de productos sencillos, baratos y plásticos de Los 40 Principales a abrir los ojos ante un torrente de ideas que guarda conexión con lo que están acostumbrados a oír pero, a su vez, con una buena cantidad de razones como para irse abriendo paso a nuevos géneros, encuentran en Lori Meyers uno de los estandartes de nuestro indie más pop-ular.

Y precisamente la banda granadina ha logrado superar cuestionamientos varios (¿copia adolescente de Los Planetas? ¿grupo sin identidad propia? ¿lucha de virtudes precoces irregulares? ¿eternas promesas a punto de explotar?) y es de los pocos grupos estatales acostumbrados a colgar, allí donde se dejan ver, el cartel de localidades agotadas. Ejercicio con el que, a buen seguro, volverán a reincidir esta semana en la sala Joy Eslava madrileña. La ocasión lo requiere: Noni y compañía aterrizan en la capital para tematizar su música y dividirla en cuatro bloques tan temporales como especiales. El repaso a cada uno de sus cuatro LPs (Viaje de estudios, Hostal Pimodán, Cronolánea y Cuando el destino nos alcance) en uno de los garitos más importantes de la capital servirá, a la vez, para hacer un ejercicio de repaso a canciones que mantenían olvidadas, actualizarlas al sonido de la versión actual de Lori Meyers y, a su vez, lograr colar en cada una de las noches caras b y versiones que practicaban en cada una de las épocas para que el ejercicio retrovisor no caiga en la planicie de reproducción completamente original. No inventan nada, pero se visitan a sí mismos y logran al personal, ávido por llenarse la boca diciendo “aquel disco era mejor, lo de ahora es una mierda” permitirse el gusto de recordar aquel tiempo pasado de añoranza o ensalzarse con la actualidad más inmediata. Ya lo dicen ellos: “Si te quieres venir que sea porque no te da igual. Si te quieres venir ahora ya no hay vuelta atrás”. No la habrá.

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