Mátalos suavemente

Andrew Dominik

Tanto la novela como el cine negro suelen traer consigo un reflejo, más o menos evidente, del clima social y político de la época en que se desarrolla, pero pocas veces se ha hecho de una forma tan nítida como la que se muestra en Kill Them Softly. “América no es un país, es un negocio” es la frase que no se ha dejado de comentar desde que la película se estrenase en Cannes y por la que, probablemente, pasará a la historia, emergiendo de la boca del asesino a sueldo Jackie Cogan: un personaje tan peligroso por su filosofía de la violencia oscurecida por el nihilismo y el desencanto con el sistema como el Anton Chigurh (Javier Bardem) de No es país para viejos, pero con mayor verborrea, y a quien interpreta un excelente Brad Pitt.

La película es una adaptación de la novela Cogan’s Trade, de George V. Higgins, que originalmente se desarrollaba en Boston en los años 70. Andrew Dominik, sin embargo, ha decidido llevarla a Nueva Orleáns y situarla en 2008, justo durante la campaña electoral previa a la victoria de Obama. Las imágenes preelectorales saliendo de noticiarios aparecen de forma recurrente a lo largo de la película, algo que el director neozelandés parece utilizar para establecer un paralelismo entre las formas de actuar del poder político y económico y las del crimen organizado. Que la acción comience con un golpe en una timba ilegal de póker no es nada gratuito si se piensa que ésta discurre justo cuando se produjo la quiebra de Lehman Brothers (esto es, una crisis provocada por otro tipo de apuestas ilegales). Así, se desarrolla una trama criminal en la que las decisiones son tomadas de forma clandestina por emisarios de los “consejos de administración” de mafias a cuyos cabecillas nunca vemos (inolvidables desde ya los encuentros en un coche, debajo de un puente , entre Cogan y un misterioso personaje encarnado por gran Richard Jenkins), y de lo que se va tratando es de eliminar -literalmente- el rastro de los errores de los demás.

Después de renovar desde las Antípodas un género tan puramente norteamericano como el western y sus mitos en la también excelente El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, Dominik mete aún más a fondo (hay también una cita importante a Thomas Jefferson) el dedo en la llaga de los valores de EEUU y su hipócrita relación con la realidad mediante esta visión del género negro. A ello aporta, además de tensión y violencia descarnada, su ya consabido talento visual y una recreación en los diálogos casi tarantiniana, algo que se engrandece en las breves pero poderosísimas apariciones de James Gandolfini como un ex asesino a sueldo acabado. Por todo ello, podemos considerar desde ya a Mátalos suavemente como un clásico instantáneo del género.

dir.: andrew dominik
thriller
eeuu, 2012
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