Martha Marcy May...

Sean Durkin

Los diferentes nombres de mujer que conforman este título –todos ellos, de algún modo, referidos al personaje central, interpretado por una conmovedora y brutal Elizabeth Olsen-, advierten de cuál es el tema de fondo de la película: la identidad. Si añadimos una quinta M, la de Mal Rollo, ya lo tenemos todo. En Martha Marcy May Marlene, el hasta ahora desconocido Sean Durkin narra con sumo tino e inteligencia la historia de una chica huérfana que huye de una secta en las montañas y es acogida por su hermana y su cuñado, de vida tranquila y acomodada, a la que daban por desaparecida y que nunca conseguirán averiguar qué le ha pasado. Pero, frente a la tentación de lo escabroso y del morbo fácil, lo que hace el director es optar por una forma narrativa behaviorista: muestra y sugiere, sin juzgar, pontificar ni orientar emocionalmente al espectador, de un modo muy similar al de Michael Haneke. El otro gran logro es su estructura en flashbacks, alternando la vida en su nuevo hogar con continuos recuerdos de la protagonista de su paso por la secta. A medida que avanza la cinta, pasamos del estado de perplejidad inicial a ir obteniendo más información –tanto por lo que se ve como por lo que se elude mostrar- y acrecentar una sensación de paranoia similar a la de la frágil y perdida Martha, hasta que al final uno ya no sabe cuáles son recuerdos reales y cuánto de ello proviene de su cabeza, hasta que las dos vidas e identidades penetran la una en la otra, se invaden y se confunden.

¿Está loca Martha? ¿Le han lavado el cerebro? ¿Tiene síndrome de Estocolmo? ¿Cuál es su pasado familiar? ¿Sabe lo que quiere? ¿Es posible que se pueda re-socializar en un nuevo entorno? ¿Es más feliz la vida burguesa materialista, plaga de hipocresía y crueldad velada, que aquella de la que ha escapado? Son muchas de las cuestiones que afloran a medida que la película va transcurriendo. Al tiempo, el retrato que hace de esa secta disfrazada de comuna utópica hippy es realmente espeluznante -en realidad, muy similar a la de Charles Manson, aunque el director admite haberse inspirado en otra que existió en Inglaterra-, y da más miedo a medida que vamos viendo más cosas y, en especial, a medida que vamos conociendo al líder del culto, Patrick, encarnado por un acojonante John Hawkes. Sin querer entrar en spoilers, es a partir de que aparece en la trama el nombre de Marlene cuando la historia pasa de un drama psicológico a adquirir una tensísima atmósfera de relato de terror. Me quedo con la curiosidad de saber, teniendo en cuenta que la peli parece mostrar a los asesinos de Sharon Tate con los mismos elementos fílmicos de Repulsión, qué opinará Roman Polanski de ella en caso de haberla visto.

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