Profesor Lazhar

Philippe Falardeau

Profesor Lazhar comienza con un suicidio. Una profesora aparece ahorcada en el aula de Secundaria de una escuela pública de Montreal pero, en lugar de recrearse en lo trágico o lo escabroso –posteriormente se descubrirán las causas de que la chica se quitase la vida, que podrían inducir a explotar el morbo-, la película se decanta por la reflexión humanista, sensible y altamente equilibrada sobre cómo afrontar la existencia de la muerte y cómo sobrevivir a la pérdida. Hay humor, hay drama, pero ninguna de las dos cosas se disparan nunca. En realidad, el tono de este film –dirigido por el semi desconocido Philippe Falardeau y basado en una obra teatral de Évelyne de la Chenelière, quien también hace un pequeño papel en la película- es muy similar a la personalidad de su protagonista: el Profesor Lazhar, sustituto en el aula de la mujer muerta, es un héroe silencioso y mesurado, un exiliado argelino que se marca el objetivo de formar a estos chavales de doce años y, al tiempo, ayudarles a superar el trauma vivido, cuando, paralelamente y en secreto, él debe asumir la tragedia personal que le ha llevado a huir de su país.

De forma inteligente y muy sutil, se apuntan en esta historia muchos temas sin entrar demasiado a fondo en ellos, dejando que sea la mente del espectador quien profundice en las ideas sugeridas. Las políticas de inmigración, la problemática del islamismo radical en los países árabes, las dificultades de la integración entre culturas, el acoso escolar, la fragilidad mental y anímica de la preadolescencia, el absurdo ritualismo de ciertas normas, el papel de los padres en las instituciones educativas o el conflicto entre los viejos y nuevos métodos de enseñanza son algunos de ellos. Pero, ante todo, lo que predomina es la reivindicación y la dignificación de una labor, la de maestro de escuela pública, cuyo inconmensurable valor parece ser cada vez más despreciado. En este sentido, el ya inolvidable Bachir Lazhar (gran Mohamed Fellag) pasa a formar parte de ese gran elenco de profesores de cine de épica realista. Es decir, algo alejado del personaje-espectáculo de El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989) para acercarse a los maestros ocultos entre los muros de producciones francesas más o menos recientes como Hoy empieza todo (Bertrand Tavernier, 1999), Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002 ) o La clase (Laurent Cantet, 2008)


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